Pasito a pasito hacia el precipicio.
Reconozco que me hubiera gustado (y a veces sueño con ello), vivir un cuento como el de los anuncios veraniegos de Estrella Damm: Donde todos los días hace sol, tienes 0 problemas, tu cuerpo responde al segundo a lo que te dicta el cerebro, la gente es simpática, el cielo es de un azul que quema y los mas importante de todo, chicas pizpiretas con poca ropa y con cuerpos angelicales, comparten contigo botellines de cerveza, guitarreos en la orilla de la playa y te llevan de la mano hasta lo alto de unas rocas para que te tires con ella en algún lago apartado.
Luego me despierto, y veo a un jefe tocapelotas, un cuerpo que parece sacado de la parada de los monstruos, la única envra que me dirige la palabra es para decir si tengo la tarjeta del súper, y a algún pallaso del foro tocándome los gajos.