La historia es larga y hay mucha información que no he contado, ni voy a contar, porque no me interesa que sea demasiado reconocible.
Pero yo que sí tengo todos los datos de lo que pasó en la mano (o la mayoría), te resumo el cuento: el tipo no me quería a mí, ni a la otra mujer, quería tener una novia estable de cara a la galería, y por otra parte tener su rollete secreto con el que echar algún polvo y tener plan cuando yo no estaba. Un clásico de mucha gente que no debería sorprender a nadie a estas alturas. Lo de que yo no le daba todo fue una de las mil cosas que soltó para intentar provocarme, sin éxito alguno. También hubo amenazas veladas, súplicas románticas y todo tipo de sandeces irracionales con las que no voy a extenderme por aquí. Toda la mierda salió después de la ruptura y a poco que tengas imaginación, puedes hacerte la idea de lo impactante que resulta creer que estabas con un tipo de persona y descubrir que compartías cama con un completo desconocido.
En cuanto a lo otro, yo no pedí, ni quise ningún regalo, y por supuesto no pensaba reabrir ningún contacto con una persona de esa calaña. ¿Para darle las gracias? ¿Por la traición, por el acoso posterior, por la difamación? Pues mira, no. No me preocupa no tener la aprobación de un señor infiel, manipulador y mentiroso, es más, con alguien así no hay nada que me haga más feliz que quedar mal, pues lo contrario implicaría sumisión, hipocresía y conveniencia, deportes de riesgo que no practico. Y si a ti te parece mal, pues será que eres de la misma cuerda o te identificas. Quizás ahora sí quieras matizar tus propios comentarios.