Las cosas del mundo son finitas e imperfectas en su propia naturaleza, y es por eso por lo que nunca van a satisfacerte plenamente. Estamos condenados al sufrimiento y a la confusión porque no hay nada eterno e inmutable que pueda causarnos plenitud de un modo ininterrumpido. Está bastante claro que no existe ningún tipo de dios, ningún tipo de bien absoluto ni ninguna otra otra cosa que no tenga su origen o no se produzca en nuestro mundo material.