Él, como Dios
J. V. Aleixandre
Lleva camino de convertirse en el José Maria Aznar del Real Madrid. Manda sin necesidad de ser el presidente; provoca polémicas al margen del argumentario oficial; marca el ritmo del debate y es la estrella de la organización sin necesidad de ocupar la primera linea de combate. Ése es también Jose Mourinho. Sin moverse de la trinchera, ha encendido la guerra y encima se ha erigido en el héroe. A estas alturas de la película, nadie se atreve a afirmar que uno y otro, Aznar y Mou, son una remora o, por el contrario, les resultan rentables a sus respectivas empresas.
Hace quince días, a raiz del clásico del Bernabéu, los críticos de militancia madridista -la Central Lechera Blanca, en feliz expresión de Pep Guardiola, que habrá que acuñar en sus siglas CLB- cargaron contra el portugués, avergonzados por la imagen rácana del equipo de sus amores, en comparación con la propuesta del Barça. La acritud se tornó dulzura tras el triunfo en la Copa. Por fin, el Madrid había descubierto el antídoto contra el fútbol- que fue tildado de reiterativo, pasado de moda, de final de un ciclo- de Guardiola. La primera semifinal de la Champions ha vuelto a poner las cosas en su sitio. La ley del fútbol ha vuelto a imperar.
Mourinho sabe perfectamente que, quienes primero le atacaron y luego le ensalzaron, no pueden cambiar otra vez de criterio y arremeter de nuevo contra él. Así que les ha proporcionado abundante material para que se entretengan y nos distraigan: los árbitros -en su contra, no en la del Madrid, que en ese tema más le vale callar- la conspiración de la UEFA -con él como objetivo-, el destino fatal que se interpone en su camino, los dioses que ya no le aman... ¿Provocar, dice usted? Estando Mou por enmedio, ese verbo sólo tiene un sujeto: Él. Y en esas andamos. Todo menos hablar del soberbio partido de Xavi, de los golazos de Messi que sacaron a Iker de sus casillas, del alevoso pisotón de Marcelo a Pedro...
Para jugar como lo hizo el Madrid, no necesitaba Florentino gastarse un dineral en fichajes. Por actuar al límite del reglamento, Pepe fue expulsado, con mayor o menor rigor, tras haber sido indultado en los dos choques anteriores en los que se hartó de repartir estopa. Pero estos temas no interesan. Sólo existe Mou. Él, de nuevo, lo acapara todo. Como Dios.