Juvenal
Clásico
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- 23 Ago 2004
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Baltasar Gracián rebuznó:La muerte para los mozos es naufragio, y para los viejos tomar puerto
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William Beckford en 1786 rebuznó:I drew chasms, and subterranean hollows, the domain of fear and torture, with chains, racks, wheels and dreadful engines in the style of Piranesi
El brillo de Transfer... apenas un instante duró, un observador atento hubiera podido aprehender un mefistofélico resplandor en mis ojos, acompañado de un característico sonido.
"¿Qué es Transfer?", dijeron las voces, "¿de qué hablas?". Supe entonces que la grácil Juventud había marchado y no regresaría, y ya solo hallaría a la Vejez sentada en el portal, con gemidos lastimeros, siempre achacosa...
Ubi sunt qui ante nos fuerunt? Andandarán? Ya nadie imita a Joaquín Arozamena, ya nadie recuerda el estribillo de "Que viva el IVA", que cantara Concha Velasco en Viva86 aquel 1 de enero...
Como un navío escorado sin timón, varado entre sargazos... Presente incierto, futuro inexistente. Sólo nos queda el refugio de los recuerdos...
Mucho antes del MAME, cuando las partidas costaban cinco duros y las monedas conservaban la efigie del déspota, el Wallace monopolizaba el Street Fighter 2. Siempre estaba allí, dale que te pego, no se iba ni con agua caliente el cabrón... Los minutos pasaban, y no cedía el puesto, nuestra esperanza de poder echar una partidilla disminuía con cada segundo que pasaba.
El Wallace siempre escogía a Ryu o Ken:
-¡Uaaaaaaaala, uaaaaaaaaala! (de ahí lo de Wallace). ¡Cómocomekame, cómocomekame!
Sí, era muy fácil que Honda o Zangief comieran kames, uno tras otro. El Wallace se crecía, y ya se veía triunfante. Pero la Vida es Competición, es "agonía", es Street Fighter.
-¡Uaaaaaala, Uaaaaaaaala! ¡Hijoeeeeeputa, me cago en tu puta nación!
No podíamos reprimir una cruel sonrisa, ahora era Balrog el que metía un mascao tras otro, o bien era Vega el que lo pillaba al vuelo o pillaba un zapatazo en la testa. Ahora aquella nación (España, USA o Tailandia) le cobraba el precio de no dejarnos jugar, porque los minutos corrían y teníamos que regresar.
Siempre quise destacar por encima de los demás. Nunca lo conseguí. Así que ahora me dedicó a serrar las piernas de la gente por encima de las rodillas, para rebajarles un poco la altura.
Soy un puñetazo en el ojo de la Razón.
