Juvenal
Clásico
- Registro
- 23 Ago 2004
- Mensajes
- 3.253
- Reacciones
- 5
La pregunta del millón
• Estremecedor relato de ocho víctimas de un presunto violador múltiple que actuó en BCN
Acusado Carlos Gilberto Serna, en la sala de vistas, ayer. Foto: SERGIO LAINZ
MONTSE MARTÍNEZ
BARCELONA
Elisabeth era virgen. Se lo explicó ayer a los jueces cuando la fiscal le pedía hasta el último detalle para poner un nombre jurídico a todo lo que le ocurrió la madrugada de septiembre del 2002. Con 18 años, la joven salió una noche con sus amigos. La dejaron a escasos metros de casa de su hermana a las cuatro de la madrugada y no pudo volver hasta las siete. Presuntamente, la abordó a punta de navaja, junto a la portería, Carlos Gilberto Serna, un hombre colombiano de 30.
"No sé si la primera vez consiguió penetrarme porque yo...", relató la joven que no pudo acabar la frase en la que pretendía decir que su inexperiencia todavía le hizo más difícil entender hasta qué punto fue violentada. Es lo primero que vivió aquella noche después de que el acusado le robara lo que tenía y la condujera a un pequeño parque en la plaza de Wagner de Barcelona, cerca de la calle de Mestre Nicolau.
Aún le quedaba mucho por sufrir. Presuntamente, la paseó por todos los cajeros de la zona hasta que, en un escondido paraje de la calle Numància, Elisabeth fue violada vaginal y analmente. También explicó a los jueces que tuvo que tragarse el semen de su agresor. Y cuando, horas más tarde, vomitó en el Hospital Clínic, guardaron su vómito por si todavía era posible extraer ADN. Con éxito. Elisabeth es una de los ocho mujeres que ayer pasaron por la sala de vistas de la sección décima de la Audiencia de Barcelona. Fueron agredidas entre agosto y septiembre del 2002.
La fiscal pide 142 años
El presunto agresor, un hombre colombiano que se encuentra en España en situación irregular, estaba sentado en el banquillo, tras una mampara que no le permitía ver ni ser visto. La fiscal solicita para él 142 años de prisión.
Anatolia tiene 35 años. "Tuve que fingir un orgasmo para que me dejara", explicó, entre lágrimas y con un hilo de voz, esta mujer que ha puesto tierra de por medio para olvidar. "Me decía que no pararía hasta que no tuviera un orgasmo y por eso lo fingí", dijo. La abordó, presuntamente, de madrugada en un cajero de la calle de Aribau, también sobre las cuatro. Tampoco la soltó hasta las siete. El modus operandi coincide en todos los casos. Eran abordadas a punta de navaja, el agresor primero les quitaba sus pertenencias --móvil, tarjetas, dinero-- y luego las agredía sexualmente.
Carlos Gilberto Serna negó cualquier agresión. En los tres casos en que las pruebas de ADN le incriminan como agresor, el acusado explicó que las relaciones fueron consentidas. "Tengo facilidad de conquista y expresión", contestó cuando intentaba convencer a la fiscal de que que los objetos personales de las mujeres hallados en su casa le fueron facilitados por las propias víctimas para ayudarle.
En los casos en que no hay más pruebas contra él que la identificación de las víctimas, Serna simplemente lo negó. Con argumentos así de peregrinos: "¿Cómo voy a hacer eso si podría ser mi propia madre?" Hacía referencia a la mujer más mayor a la que, presuntamente, agredió. Se llama Alberta, tiene 53 años y fue abordada también en septiembre del 2002 en la avenida de Carles III.
Cuando le preguntaron por qué las mujeres denunciantes habían reconocido la navaja, contestó: "Habían venido a casa y la tenía a los pies de la cama, junto a la Biblia". "¿Por qué las mujeres, si tenían relaciones con usted, le denunciaron?" "Precisamente esa es la pregunta del millón", contestó Carlos Gilberto Serna.
![]()
Otro hijo de puta que se hará preso de confianza para eludir la ley de la cárcel
Espera, que te voy a dar el permiso de fin de semana