ichi is back
Veterano
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Parte 1:
Jamás dormía.
En los cinco años de carcel sólo conoció el infierno de la pesadilla recurrente, el eterno chirrear de los neumáticos, los faros del camión de frente, el grito de terror de ella.
Le condenaron por homicidio. Los padres de la mujer destrozada pagaron a los mejores abogados para demostrar el crimen. La autopsia desveló que ella estaba embarazada y el jurado se volvió en su contra como un grupo de ángeles vengadores furiosos.
No entendian nada.
Ellos no escucharon aquellas palabras, no vieron sus ojos de largas pestañas mirar con un desprecio infinito, su rostro de niña maquillada crispado por una sonrisa despectiva y tensa.
"¿Tener el niño?. ¿Casarme contigo?. ¿Estás bromeando?. Esto ha sido un error desde el principio. No puedo echar a perder mi vida con un desgraciado como tú. Mi familia me echaría a la calle. ¿Y tú que me darías?. ¿Viviriamos en tu cuartucho alquilado?. Ese niño nunca nacerá. Ha sido un simple descuido... como lo nuestro".
Sólo recuerda que mantuvo la cabeza fría. Se levantó de la mesa con la excusa de ir al servicio... y allí, al mirarse al espejo, se derrumbó y su cara se contorsionó en una mueca de desesperación y tristeza que era la máscara terrible de la locura. Las lágrimas y un gemido mitad de rabia, mitad de angustia, arrasaron su garganta.
Pero sólo fue un segundo. Cuando volvió a la mesa estaba otra vez frío, distante. Simuló aceptar lo que ella decía.
Y en la carretera lanzó el coche contra el camión que venía de frente.
Le condenaron por ello. Por matar a la mujer que amaba más que nada en el mundo y al hijo que tanto deseaba tener con ella.
No le importó.
No comprendían que él ya estaba muerto, que no había sobrevivido tampoco a aquel día horrible en que perdió todo lo que le importaba. Sólo una última burla del destino le había impedido suicidarse como planeaba y sobrevivir al accidente.
Pero ya le daba igual.
Estaba muerto y su existencia era una eterna vigilia esperando las llamadas de los que buscaban lo que él había perdido para siempre.
El móvil sonó como un eco extraño en la habitación vacía.
Jamás dormía.
En los cinco años de carcel sólo conoció el infierno de la pesadilla recurrente, el eterno chirrear de los neumáticos, los faros del camión de frente, el grito de terror de ella.
Le condenaron por homicidio. Los padres de la mujer destrozada pagaron a los mejores abogados para demostrar el crimen. La autopsia desveló que ella estaba embarazada y el jurado se volvió en su contra como un grupo de ángeles vengadores furiosos.
No entendian nada.
Ellos no escucharon aquellas palabras, no vieron sus ojos de largas pestañas mirar con un desprecio infinito, su rostro de niña maquillada crispado por una sonrisa despectiva y tensa.
"¿Tener el niño?. ¿Casarme contigo?. ¿Estás bromeando?. Esto ha sido un error desde el principio. No puedo echar a perder mi vida con un desgraciado como tú. Mi familia me echaría a la calle. ¿Y tú que me darías?. ¿Viviriamos en tu cuartucho alquilado?. Ese niño nunca nacerá. Ha sido un simple descuido... como lo nuestro".
Sólo recuerda que mantuvo la cabeza fría. Se levantó de la mesa con la excusa de ir al servicio... y allí, al mirarse al espejo, se derrumbó y su cara se contorsionó en una mueca de desesperación y tristeza que era la máscara terrible de la locura. Las lágrimas y un gemido mitad de rabia, mitad de angustia, arrasaron su garganta.
Pero sólo fue un segundo. Cuando volvió a la mesa estaba otra vez frío, distante. Simuló aceptar lo que ella decía.
Y en la carretera lanzó el coche contra el camión que venía de frente.
Le condenaron por ello. Por matar a la mujer que amaba más que nada en el mundo y al hijo que tanto deseaba tener con ella.
No le importó.
No comprendían que él ya estaba muerto, que no había sobrevivido tampoco a aquel día horrible en que perdió todo lo que le importaba. Sólo una última burla del destino le había impedido suicidarse como planeaba y sobrevivir al accidente.
Pero ya le daba igual.
Estaba muerto y su existencia era una eterna vigilia esperando las llamadas de los que buscaban lo que él había perdido para siempre.
El móvil sonó como un eco extraño en la habitación vacía.