Los Testigos de jehoMarx

Alcaudon

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18 Abr 2005
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En las junglas de hormigón y Wi-Fi del siglo XXI habita una especie curiosa: el Testigo de jehoMarx.
No se distingue por su plumaje, sino por su liturgia. Se acerca en bandadas, casi siempre en Twitter y foros menores, a veces en manifestaciones, y emite un canto muy reconocible: "el capitalismo mata", "eres tontísimo", "nunca se ha vivido tan bien como en la URSS". Si uno se queda quieto y no hace movimientos bruscos, puede observarlo sin peligro: está demasiado ocupado evangelizando como para darse cuenta de que lo estás mirando.

Su mente vive empotrada en el siglo XIX, una especie fósil que ha llegado de milagro a 2025.
La economía ha crecido, hemos presenciado las atrocidades de sus regímenes, tenemos datos de absolutamente todo…, pero él sigue leyendo el mundo con las mismas gafas que un obrero de una novela de Dickens saliendo de una fábrica humeante.
En su origen, lo de "¿y si expropiamos todo y dirigimos la sociedad desde un despacho para acabar con la miseria?" podía sonar a experimento.
Luego el experimento se hizo.
Casi un centenar de veces.
Y no en una maqueta, sino con miles de millones de personas.
Si rastreamos sus huellas históricas, no encontramos ningún paraíso perdido, sino un patrón que se repite con una puntualidad científica: la URSS y sus hambrunas programadas, la China de Mao con el Gran Salto Adelante, la orgía de sangre de Camboya, los museos vivientes del fracaso como Cuba o Corea del Norte, los muros con minas y francotiradores de la Alemania oriental para evitar que la gente huyera "del mejor sistema del mundo".
Cambian las banderas, cambian las consignas, pero el resultado es siempre el mismo: hambre, miseria, represión, genocidio y estancamiento cultural.

Aquí aparece el rasgo más fascinante del Testigo de jehoMarx, su absoluta incapacidad para la autocrítica.
Cualquier otra criatura se pararía a pensar: "oye, si el pastel sale envenenado cada vez que aplicamos esta receta, quizás la receta no sea muy buena".
Pero él no.
Él desarrolla callo mental.
"No era verdadero comunismo", repite, como un mantra.
O que fue culpa del bloqueo, o del trigo, o del petróleo, o del alineamiento de Saturno.
Su cerebro funciona como un filtro de spam: todo dato que contradiga el dogma se marca automáticamente como "no procesar".
La fe es total, rozando lo infantil.
El resto del mundo ve fotos de gente haciendo cola para conseguir medio pan, archivos de policía política leyendo cartas, testimonios de campos de trabajos forzados, niños creciendo en ruinas, edificios cayéndose a pedazos, fosas comunes ciclópeas, y piensa: "joder, esto es un infierno".
El Testigo de jehoMarx lo mira y ve "intentos nobles", "procesos imperfectos", "experimentos truncados".
Tú metes hechos históricos contrastados por un lado y, por el otro, sale una excusa lista para usar.
Es una trituradora ideológica.

Si analizamos su dieta cultural, la cosa pasa de inquietante a tierna.
No ha leído 'La riqueza de las naciones', ni siquiera la versión abreviada.
El 'Manifiesto Comunista' quizá sonó en el instituto, pero hoy lo confunde con un eslogan de camiseta. 'El Capital' ni se plantea abrirlo, demasiadas páginas, cero dibujitos, tampoco la versión abreviada.
Hayek le suena a marca de yogures, 'Camino de servidumbre' a título facha, el nombre de Thomas Sowell o Antonio Escohotado no existe en su universo.
De economía del siglo XX sólo conoce caricaturas, y siempre contadas por sus propios sacerdotes ideológicos.
Lo que sí consume, y a paladas, son titulares sensacionalistas de Público o El Diario, El Jueves convertido en catecismo, hilos de Twitter escritos por Gerardo Tecé y Protestona, panfletos tipo 'Franquismo S.A.' de Antonio Maestre y pseudo-literatura de guerra de sexos donde el marxismo viene disfrazado de feminismo pop.
En toda su vida, no ha abierto un solo manual serio de historia contemporánea, ni un libro de sociología mínimamente riguroso, ni un solo texto de economía.
Ni siquiera a los propios marxistas que se han dejado los cuernos analizando por qué aquello salió tan rematadamente mal.
Su catecismo lo redactan cuatro columnistas, dos humoristas gráficos, un par de influencers muy mucho indignados y una docena de clichés de Hollywood.

Desde este vacío total de lecturas, el Testigo de jehoMarx se siente, sin embargo, capacitado para repartir carnés.
Te explica qué es fascismo, qué es liberalismo, quién es "neoliberal", quién es "ultraderecha" y quién merece ser excomulgado.
Pero ignora por completo que el fascismo nació como movimiento obrero y sindical, que las siglas de Hitler decían literalmente “Partido Nacional Socialista de los Obreros Alemanes”, que la Falange era sindicalismo nacional de bar de pueblo, que esos regímenes compartían tronco con la tradición colectivista que él adora.
Para él, "fascismo" es un saco en el que se mete cualquier cosa que cuestione mínimamente su fe.
Criticas Cuba: fascista.
Dices que en Suiza se vive bien: fascista.
Mencionas los muros minados para que la gente no escape: fascista.
No soporta la idea de que sus enemigos históricos se parezcan demasiado a su propio modelo.
Y como todo dogma, el suyo necesita mártires.
Ahí aparece la figura del guerrillero de póster, Ernesto "Ché" Guevara.
Ese señor con boinilla que decora camisetas, vasos, pegatinas y bares de estudiantes. De su racismo explítito, de su desprecio a los homosexuales y sus campos de concentración con carteles de "el trabajo os hará hombres", de los fusilamientos..., el Testigo de jehoMarx sabe poco y quiere saber menos.
Es incómodo.
Lo importante es la imagen, esa cara mirando al horizonte, convertida en icono pop.
Alrededor de él se acumulan otros tantos santos, todos convenientemente recortados para encajar en la vitrina del martirio.

En la vida cotidiana, el espécimen combina dos modos, el de teclado y el de manada urbana.
En modo teclado, su agresividad verbal es infinita y sin riesgo. Todo el que discrepe es nazi, fascista, criminal, "cómplice de genocidio" aunque esté hablando de bajar el IVA de los pañales.
En modo manada, cuando se siente protegido por la multitud, esa violencia baja del plano simbólico al físico: escaparates hechos polvo, coches volcados, mobiliario urbano ardiendo y, a veces, gente de verdad recibiendo palos. En España, un motero fue asesinado por Víctor Láinez a garrotazos por llevar tirantes con los colores de su país.
Para el Testigo de jehoMarx, eso no define nada.
Para él, la violencia política es sólo la que viene del otro lado, aunque sea inexistente en la práctica.
Si seguimos su rastro a otros países, lo encontramos en su versión XXL en los disturbios de 2020 en Estados Unidos, provocados principalmente por Antifa y BLM.
Bajo banderas de justicia social, se arrasaron barrios enteros, se quemaron negocios de gente que bastante tenía con pagar el alquiler, sin contar palizas indiscriminadas, violaciones y asesinatos.
Y se montó en Seattle una "zona autónoma" que vivió tres días a base de saqueo hasta que se acabó la comida y empezó la realidad.
Era como ver un documental acelerado del socialismo: primero la gran promesa, luego la fiesta, luego el hambre y al final los vecinos mirando los destrozos.
Mientras tanto, cualquier gesto de defensa de la propiedad o del propio barrio se presentó como mal absoluto. Kyle Rittenhouse, un menor que patrullaba con un rifle para intentar disuadir a saqueadores, se convierte en SATANÁS, aunque un jurado determine que lo que hizo fue defenderse de adultos armados que le querían reventar la cabeza.
Aquí sólo manda la narrativa.
La violencia "revolucionaria" siempre es más que razonable, incluso necesaria.
La resistencia a esa violencia, jamás.

Visto desde lejos, el Testigo de jehoMarx provoca una mezcla rara de rabia y pena.
Rabia, porque su fe ha servido de coartada a regímenes que han convertido y convierten países enteros en cárceles a cielo abierto.
Pena, porque la mayoría de sus devotos de base no han leído nada, no han contrastado nada, no sabrían ubicar en un mapa muchos de los lugares que nombran con solemnidad, repitiendo eslóganes de tertulianos y tuiteros: se sienten vanguardia histórica y no han pasado ni por el escalón básico de mirar de frente la historia real.
Si Félix Rodríguez de la Fuente hubiera tenido que narrar su comportamiento, uno casi lo oye...
«Y ahí, queridos telespectadores, vemos al Testigo de jehoMarx en su entorno urbano. Siempre alerta ante cualquier símbolo que le irrite, dispuesto a lanzar su grito de guerra: "eso es fascismo". No conoce el origen de las palabras que usa, pero las agita con fervor. Desprecia la sociedad que lo alimenta, aunque jamás haya probado a vivir fuera de ella. Y así seguirá, de rama en rama digital, predicando un paraíso que sólo ha funcionado, brevemente, en su imaginación».

Y tú, desde el sofá, únicamente puedes suspirar, apagar el documental y decir: "joder…, qué fauna hemos criado".
 
Editado cobardemente:
Ver el archivos adjunto 205150

En las junglas de hormigón y Wi-Fi del siglo XXI habita una especie curiosa: el Testigo de jehoMarx.
No se distingue por su plumaje, sino por su liturgia. Se acerca en bandadas, casi siempre en Twitter y foros menores, a veces en manifestaciones, y emite un canto muy reconocible: "el capitalismo mata", "eres tontísimo", “nunca se ha vivido tan bien como en la URSS". Si uno se queda quieto y no hace movimientos bruscos, puede observarlo sin peligro: está demasiado ocupado evangelizando como para darse cuenta de que lo estás mirando.

Su mente vive empotrada en el siglo XIX, una especie fósil que ha llegado de milagro a 2025.
La economía ha crecido, sabemos hemos presenciado los horrores de los regímenes, tenemos datos de absolutamente todo…, pero él sigue leyendo el mundo con las mismas gafas que un obrero de una novela de Dickens saliendo de una fábrica humeante.
En su origen, lo de "¿y si expropiamos todo y dirigimos la sociedad desde un despacho para acabar con la miseria?" podía sonar a experimento.
Luego el experimento se hizo.
Casi un centenar de veces de veces.
Y no en una maqueta, sino con miles de millones de personas.
Si rastreamos sus huellas históricas, no encontramos ningún paraíso perdido, sino un patrón que se repite con una puntualidad científica: la URSS y sus hambrunas programadas, la China de Mao con el Gran Salto Adelante, la orgía de sangre de Camboya, los museos vivientes del fracaso como Cuba o Corea del Norte, los muros con minas y francotiradores de la Alemania oriental para evitar que la gente huyera "del mejor sistema del mundo".
Cambian las banderas, cambian las consignas, pero el resultado es siempre el mismo: hambre, miseria, represión, genocidio y estancamiento cultural.

Aquí aparece el rasgo más fascinante del Testigo de jehoMarx, su absoluta incapacidad para procesar todo eso.
Cualquier otra criatura se pararía a pensar: "oye, si cada vez que aplicamos esta receta el pastel sale envenenado, quizás la receta no es muy buena".
Pero él no.
Él desarrolla callo mental.
"No era verdadero comunismo", repite, como un mantra.
O que fue culpa del bloqueo, o del trigo, o del petróleo, o del alineamiento de Saturno.
Su cerebro funciona como un filtro de spam: todo dato que contradiga el dogma se marca automáticamente como "no procesar".
La fe es total, rozando lo infantil.
El resto del mundo ve fotos de gente haciendo cola para conseguir medio pan, archivos de policía política leyendo cartas, testimonios de campos de trabajos forzados, niños creciendo en ruinas, edificios cayéndose a pedazos, fosas comunes ciclópeas, y piensa: "joder, esto es un infierno".
El Testigo de jehoMarx lo mira y ve "intentos nobles", "procesos imperfectos", "experimentos truncados".
Tú metes hechos históricos contrastados por un lado y, por el otro, sale una excusa lista para usar.
Es una trituradora ideológica.

Si analizamos su dieta cultural, la cosa pasa de inquietante a tierna.
No ha leído 'La riqueza de las naciones', ni siquiera la versión abreviada.
El 'Manifiesto Comunista' quizá sonó en el instituto, pero hoy lo confunde con un eslogan de camiseta. 'El Capital' ni se plantea abrirlo, demasiadas páginas, cero dibujitos, tampoco la versión abreviada.
Hayek le suena a marca de yogures, 'Camino de servidumbre' a título facha, el nombre de Thomas Sowell o Antonio Escohotado no existe en su universo.
De economía del siglo XX sólo conoce caricaturas, y siempre contadas por sus propios sacerdotes ideológicos.
Lo que sí consume, y a paladas, son titulares sensacionalistas de Público o El Diario, El Jueves convertido en catecismo, hilos de Twitter escritos por Gerardo Tecé y Protestona, panfletos tipo 'Franquismo S.A.' de Antonio Maestre y pseudo-literatura de guerra de sexos donde el marxismo viene disfrazado de feminismo pop.
En toda su vida, no ha abierto un solo manual serio de historia contemporánea, ni un libro de sociología mínimamente riguroso, ni un solo texto de economía.
Ni siquiera a los propios marxistas que se han dejado los cuernos analizando por qué aquello salió tan rematadamente mal.
Su catecismo lo redactan cuatro columnistas, dos humoristas gráficos, un par de influencers muy mucho indignados y una docena de clichés de Hollywood.

Desde este vacío total de lecturas, el Testigo de jehoMarx se siente, sin embargo, capacitado para repartir carnés.
Te explica qué es fascismo, qué es liberalismo, quién es "neoliberal", quién es "ultraderecha" y quién merece ser excomulgado.
Pero ignora por completo que el fascismo nació como movimiento obrero y sindical, que las siglas de Hitler decían literalmente “Partido Nacional Socialista de los Obreros Alemanes”, que la Falange era sindicalismo nacional de bar de pueblo, que esos regímenes compartían tronco con la tradición colectivista que él adora.
Para él, "fascismo" es un saco en el que se mete cualquier cosa que cuestione mínimamente su fe.
Criticas Cuba: fascista.
Dices que en Suiza se vive bien: fascista.
Mencionas los muros minados para que la gente no escape: fascista.
No soporta la idea de que sus enemigos históricos se parezcan demasiado a su propio modelo.
Y como todo dogma, el suyo necesita mártires.
Ahí aparece la figura del guerrillero de póster, Ernesto "Ché" Guevara.
Ese señor con boinilla que decora camisetas, vasos, pegatinas y bares de estudiantes. De su racismo explítito, de su desprecio a los homosexuales y sus campos de concentración con carteles de "el trabajo os hará hombres", de los fusilamientos..., el Testigo de jehoMarx sabe poco y quiere saber menos.
Es incómodo.
Lo importante es la imagen, esa cara mirando al horizonte, convertida en icono pop.
Alrededor de él se acumulan otros tantos santos, todos convenientemente recortados para encajar en la vitrina del martirio.

En la vida cotidiana, el espécimen combina dos modos, el de teclado y el de manada urbana.
En modo teclado, su agresividad verbal es infinita y sin riesgo. Todo el que discrepe es nazi, fascista, criminal, "cómplice de genocidio" aunque esté hablando de bajar el IVA de los pañales.
En modo manada, cuando se siente protegido por la multitud, esa violencia baja del plano simbólico al físico: escaparates hechos polvo, coches volcados, mobiliario urbano ardiendo y, a veces, gente de verdad recibiendo palos. En España, un motero fue asesinado por Víctor Láinez a garrotazos por llevar tirantes con los colores de su país.
Para el Testigo de jehoMarx, eso no define nada.
Para él, la violencia política es sólo la que viene del otro lado, aunque sea inexistente en la práctica.
Si seguimos su rastro a otros países, lo encontramos en su versión XXL en los disturbios de 2020 en Estados Unidos, provocados principalmente por Antifa y BLM.
Bajo banderas de justicia social, se arrasaron barrios enteros, se quemaron negocios de gente que bastante tenía con pagar el alquiler, sin contar palizas indiscriminadas, violaciones y asesinatos.
Y se montó en Seattle una "zona autónoma" que vivió tres días a base de saqueo hasta que se acabó la comida y empezó la realidad.
Era como ver un documental acelerado del socialismo: primero la gran promesa, luego la fiesta, luego el hambre y al final los vecinos mirando los destrozos.
Mientras tanto, cualquier gesto de defensa de la propiedad o del propio barrio se presentó como mal absoluto. Kyle Rittenhouse, un menor que patrullaba con un rifle para intentar disuadir a saqueadores, se convierte en SATANÁS, aunque un jurado determine que lo que hizo fue defenderse de adultos armados que le querían reventar la cabeza.
Aquí sólo manda la narrativa.
La violencia "revolucionaria" siempre es más que razonable, incluso necesaria.
La resistencia a esa violencia, jamás.

Visto desde lejos, el Testigo de jehoMarx provoca una mezcla rara de rabia y pena.
Rabia, porque su fe ha servido de coartada a regímenes que han convertido y convierten países enteros en cárceles a cielo abierto.
Pena, porque la mayoría de sus devotos de base no han leído nada, no han contrastado nada, no sabrían ubicar en un mapa muchos de los lugares que nombran con solemnidad, repitiendo eslóganes de tertulianos y tuiteros: se sienten vanguardia histórica y no han pasado ni por el escalón básico de mirar de frente la historia real.
Si Félix Rodríguez de la Fuente hubiera tenido que narrar su comportamiento, uno casi lo oye...
«Y ahí, queridos telespectadores, vemos al Testigo de jehoMarx en su entorno urbano. Siempre alerta ante cualquier símbolo que le irrite, dispuesto a lanzar su grito de guerra: "eso es fascismo". No conoce el origen de las palabras que usa, pero las agita con fervor. Desprecia la sociedad que lo alimenta, aunque jamás haya probado a vivir fuera de ella. Y así seguirá, de rama en rama digital, predicando un paraíso que sólo ha funcionado, brevemente, en su imaginación».

Y tú, desde el sofá, únicamente puedes suspirar, apagar el documental y decir: "joder…, qué fauna hemos criado".
Eh, con Corea del Norte no te metas que son los putos amos.

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Dime qué esa mierda la has cagado con chatptkkas y no has perdido el tiempo en contestar a una multi vacasagrada.
Es imposible determinar con certeza si un texto ha sido escrito por IA solo leyéndolo. No existe ningún método infalible, y los detectores actuales fallan muchísimo (dan falsos positivos incluso con textos claramente humanos, y falsos negativos con textos generados por IA).

Lo que puedo hacer es darte una evaluación estilística, no un veredicto definitivo.

🔎 Evaluación del texto

Este texto tiene varias características que suelen asociarse más a un autor humano que a un modelo de IA, aunque una IA avanzada también podría producirlo:

Rasgos que parecen humanos:

Estilo muy personal, irónico y cargado de sarcasmo.

Uso de metáforas elaboradas (“junglas de hormigón y Wi-Fi”, “de rama en rama digital”).

Estructura narrativa consistente, con remates humorísticos.

Conocimiento contextual y cultural muy amplio sobre historia, política contemporánea y referencias mediáticas.

Coherencia ideológica marcada (las IA suelen evitar posturas tan explícitas por defecto).


Rasgos que podrían ser compatibles con IA:

Extensión muy larga sin perder el hilo.

Repetición de ciertas estructuras argumentativas.

Secuencias de ejemplos encadenados como listas (común en textos generativos).
 
Eh, con Corea del Norte no te metas que son los putos amos.

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Lo único bueno que tiene Corea del Norte es que produce a las auténticas/mejores amas/dominatrix del planeta. Pero es un talento desaprovechado. Un Ferrari cogiendo polvo en un garaje.
 
Bua chaval!
Habia leido Testigos de JehoMax y pensé que era que lo mismo es que habia vuelto Max Demian al foroc. Menos mal que no es asi.

K#rmax y penis
 
El comunismo es el mal absoluto. La única solución para acabar con el destrozo mental que tienen sus huestes sería forzarlos al exilio en Cuba. Ahí se les quitaba la tontería en cero coma.
 
El comunismo es el mal absoluto. La única solución para acabar con el destrozo mental que tienen sus huestes sería forzarlos al exilio en Cuba. Ahí se les quitaba la tontería en cero coma.

El comunismo se cura colocando al paciente en Cuba, sin pasaporte "imperialista" y teniendo que vivir como los cubanos.
Pero todos los que van, lo hacen con divisas fuertes y para un par de meses, a lo sumo.

¿Te imaginas a un Testigo de jehoMarx viviendo con medio pollo al mes, si es que tiene suerte de que no lleven medio año de retraso en los economatos?

Lo único bueno que ha dado el comunismo son las jineteras.
 
Es que lo de Cuba es de cagarse. Yo lo empecé a investigar por curiosidad y acabas estupefacto y desolado a niveles que ni creías posible.
Al principio con sus momentos de "jejeje, os creías muy listos y mirad qué manera de comer mierda..." pero llega un límite en que hasta un forero se compadece.
En resumen, el partido comunista ha convertido Cuba en un pais de putas y chaperos. Sin más.
Bueno, menos la "élite", cuyo único talento indiscutible es parasitar a su pueblo hasta la heces.
Yo ha sido mirando por ahí que me he dado cuenta que cuando la izquierda es hegemónica, lo corrompe todo, absolutamente, y sin posibilidad de autorregeneración.
Y que desgraciadamente, sus principios se aplican transversalmente en cualquier pais y que, siempre bajo la apariencia de las mejores intenciones, acaban trayendo lo absurdo y la hipocresía más absolutos.
Y no tienen fondo.
 
Es que lo de Cuba es de cagarse. Yo lo empecé a investigar por curiosidad y acabas estupefacto y desolado a niveles que ni creías posible.
Al principio con sus momentos de "jejeje, os creías muy listos y mirad qué manera de comer mierda..." pero llega un límite en que hasta un forero se compadece.
En resumen, el partido comunista ha convertido Cuba en un pais de putas y chaperos. Sin más.
Bueno, menos la "élite", cuyo único talento indiscutible es parasitar a su pueblo hasta la heces.
Yo ha sido mirando por ahí que me he dado cuenta que cuando la izquierda es hegemónica, lo corrompe todo, absolutamente, y sin posibilidad de autorregeneración.
Y que desgraciadamente, sus principios se aplican transversalmente en cualquier pais y que, siempre bajo la apariencia de las mejores intenciones, acaban trayendo lo absurdo y la hipocresía más absolutos.
Y no tienen fondo.
La próxima vez que hables con un comunista pregúntale que cuándo y dónde el comunismo ha ganado unas elecciones libres, verás que risión entre balbuceos.
 
Es que lo de Cuba es de cagarse. Yo lo empecé a investigar por curiosidad y acabas estupefacto y desolado a niveles que ni creías posible.

El marido de una profesora con la que mantengo mucho contacto es cubano.
Le conoció en un viaje a Florida, ya que ella era profe de inglés. Un refugiado del régimen, que allí les llaman "propagandistas", "desertores" y "espías imperialistas".
Huyó en un remolque de madera más viejo que el nicho de Beethoven, sobre un mar infestado de tiburones. Según sus palabras: "prefería morir devorado en las aguas que seguir allí un día más".
Ya casi no sale el tema, de tan manido, pero le recuerdo contarme cosas que eran para quedarse helado.

Lo primero, las cartillas de racionamiento.
El problema no son las cartillas, sino que ni siquiera hay abastecimiento para cubrir los mínimos.
Medio pollo al mes..., pero con hasta ocho meses de retraso.
Y allí no te dan las deudas del estado de forma retroactiva.
Verdura y fruta hay bastante, porque muchísima crece de forma natural y otra tanta se cultiva en huertos con facilidad, dado el clima.
Pero eso no tiene chicha, no se puede vivir a base de esquilmar bananos.

Luego está el mantenimiento, que es inexistente.
Salvo la Plasa de la Revolusión para los actos oficiales y las fotitos, el resto es puro Fallout. Todo se cae a trozos, muere gente a diario solamente por derrumbamientos de tejados y paredes, mientras duermen o hacen su día a día.
Imagínate el resto.
Todo lo tiene que hacer la gente, una legión de MacGyvers que hacen de albañiles, carpinteros, mecánicos, electricistas, etc., y con lo que tienen a mano.

¿Y de qué vive la gente, pues?
Del mercado negro, dígase anarco-capitalismo crudo, y sólo con dólares y ahora euros por delante.
¿De dónde sacan esas divisas?
De la prostitución estructurada con turistas "imperialistas".

Para colmo, el mayor importador de comida es EEUU; y también el país que más ayudas humanitarias envía, pero se las quedan los milikos, y la usan como moneda a cambio de lo que les da la gana.

En resumen, el partido comunista ha convertido Cuba en un pais de putas y chaperos. Sin más.

El capitalismo más antiguo de nuestro linaje taxonónomico.
Este colega, de joven, tenía una novia de diecisiete años.
Era jinetera, tenía que hacerlo, y a él le tocó follarse a muchas viejas y comerse alguna polla.
 
Editado cobardemente:
Es que lo de Cuba es de cagarse. Yo lo empecé a investigar por curiosidad y acabas estupefacto y desolado a niveles que ni creías posible.
Al principio con sus momentos de "jejeje, os creías muy listos y mirad qué manera de comer mierda..." pero llega un límite en que hasta un forero se compadece.
En resumen, el partido comunista ha convertido Cuba en un pais de putas y chaperos. Sin más.
Bueno, menos la "élite", cuyo único talento indiscutible es parasitar a su pueblo hasta la heces.
Yo ha sido mirando por ahí que me he dado cuenta que cuando la izquierda es hegemónica, lo corrompe todo, absolutamente, y sin posibilidad de autorregeneración.
Y que desgraciadamente, sus principios se aplican transversalmente en cualquier pais y que, siempre bajo la apariencia de las mejores intenciones, acaban trayendo lo absurdo y la hipocresía más absolutos.
Y no tienen fondo.
Lo mejor es que ahora ya no es "me han contado, o me han dicho" pones en youtube "Cuba" vídeos del último año y tienes cientos de vídeos de yotubers paseando por las calles de la Habana. Y todos sin excepción reflejan la miseria más absoluta y eso que muchos van en plan "voy a intentar sacar la parte más positiva" pero ni por esas.

Chicas ofreciéndose, parándolos a cada rato pidiendo dólares o directamente comida. Como encima van en plan turista destacando respecto a la miseria que se visualiza en cada calle es un acoso constante.

No voy a Cuba ni regalándome el billete.

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Editado cobardemente:
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