Olga que te den.

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etaxys

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10 May 2004
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En un puto momento marinero, pense tatuarme su nombre en el brazo, al final solo lo tatue con humo en mis pulmones. Soy incapaz de apostar al mismo color, y me han dejado tirao en el Hotel Miramar de Castro Urdiales.
Olga se largo dos dias antes, me quede dos dias desayunando con la señorita Coronitas y cenando con el señor Bacardi.

No estaba en la cafeteria, ni en la playa, su maleta se habia marchado y su movil apagado. Me lo confirmo la hibrido de mujer-hombre de recepcion, siempre le he caido mal, nunca me sonrie y me trata con frialdad extrema.
Pero esa mañana tenia una sonrisa para mi y al preguntar me dijo ¡Ha pedido un taxi para ir a Santander y volver a Madrid! y sonrisita.
Olga pasa a mi legion de recuerdos.

Ok, no volvere a charlar con las camareras del AutoGrill de carretera, Ok, no volvere a girar la cabeza para mirar las luces de los clubs de carretera, Ok, no le giñare el ojo a la de la habitacion de al lado, Ok, no me sentare en la playa siempre en el mismo sitio, al lado de las dos rubias oxigenadas, Ok, no le mirare las tetas a la camarera rusa del hotel, Ok, no me ire solo a desayunar, Ok, no mirare culos extraños, Ok,
estos Ok son para pedir perdon. Ok Perdon.

Volvere de nuevo el dia veinte, si pasais por el bar me encontrareis, puedo saber con quien llegare, con quien volvere a Madrid no lo sabe ni Dios.

Un saludo.
 
Pasalo bien y si en la carretera te cruzas con una chica con perro... guíñale el ojo.
 
En mi humilde opinion, estos mensajes son de lo mejor del foro...

Tantos OK hacen perderse a uno mismo y empezar a ser otro.
 
Salí de Madrid a eso de las 2:00, con algo de sueño, poco eso sí, debido al insomnio que me aqueja desde hace ya demasiado. Tomé la nacional que me llevaría a Santander tras 5 horas de carretera. Tras dos, decidí parar a tomar un café y algo de helado, me gusta alternar el uno y el otro. Me senté en soledad en aquel bar de carretera, sucio e infecto de humedad. Estábamos sólo yo, el dueño y dos chicas, una sentada en la barra, y la otra en una mesa en penumbras. Tras cierto tiempo, una de esas chicas, se me acercó por detrás y me pidió por favor sentarse a mi lado, yo le dije: “sí claro, siéntate pero no me apetece hablar. Aunque no me importaría escuchar”. Le dije eso ya que yo sabía que lo que ella quería era desahogarse. Y empezó a hablar, y me contó la historia de amor más triste que jamás haya podido escuchar nadie, mientras yo me limitaba a saborear mi café y mi helado. Ella lloraba, y de vez en cuando me pedía que le abrazase, y yo lo hacía sin mediar palabra. Cuando terminó de hablar, seguía llorando, le dije: “Me he de ir ya”. Me levanté y al girarme me dijo: “Gracias por escuchar, mi nombre el Olga”. La miré fijamente y le pedí perdón, sin saber por qué.
Al salir del bar, la otra chica, que estaba acompañada de un perrito me preguntó: “Necesito hablar. ¿Escucharías mi historia de amor?”, y salí del bar en silencio. Hace frío hoy en Santander.
 
snow rebuznó:
Pasalo bien y si en la carretera te cruzas con una chica con perro... guíñale el ojo.

Y a la chica vestida de blanco en la curva, la recoges.
 
Tomate unas cervezitas en el puerto de castro y se te pasara en seguida
 
b. gillespie rebuznó:
Salí de Madrid a eso de las 2:00, con algo de sueño, poco eso sí, debido al insomnio que me aqueja desde hace ya demasiado. Tomé la nacional que me llevaría a Santander tras 5 horas de carretera. Tras dos, decidí parar a tomar un café y algo de helado, me gusta alternar el uno y el otro. Me senté en soledad en aquel bar de carretera, sucio e infecto de humedad. Estábamos sólo yo, el dueño y dos chicas, una sentada en la barra, y la otra en una mesa en penumbras. Tras cierto tiempo, una de esas chicas, se me acercó por detrás y me pidió por favor sentarse a mi lado, yo le dije: “sí claro, siéntate pero no me apetece hablar. Aunque no me importaría escuchar”. Le dije eso ya que yo sabía que lo que ella quería era desahogarse. Y empezó a hablar, y me contó la historia de amor más triste que jamás haya podido escuchar nadie, mientras yo me limitaba a saborear mi café y mi helado. Ella lloraba, y de vez en cuando me pedía que le abrazase, y yo lo hacía sin mediar palabra. Cuando terminó de hablar, seguía llorando, le dije: “Me he de ir ya”. Me levanté y al girarme me dijo: “Gracias por escuchar, mi nombre el Olga”. La miré fijamente y le pedí perdón, sin saber por qué.
Al salir del bar, la otra chica, que estaba acompañada de un perrito me preguntó: “Necesito hablar. ¿Escucharías mi historia de amor?”, y salí del bar en silencio. Hace frío hoy en Santander.

De puta madre....

Un saludo.
 
olga1R.jpg


Si era esta Olga, voy haciendo camino a Santander.

Si me encuentro a la del perrito de paso mejor me aparto, no sea que a mis 3 gatos les de por erizarse.

PD.- La de la foto es la cantante ruso-judía Olga Rosenberg. Su web:

https://home.inreach.com/dpchns/olga.htm
 
B.Gillespie, las historias son mejores cuando nos las cuenta un desconocido :) (Me ha encantado leer tu versión).

Kokillo, yo nunca me he cruzado con la chica de la curva pero no me importaría que me contase como ocurrió todo.
 
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