Hoy me fui con mi sobrinejo a un parque y me pidió permiso para subirse a un tobogán alto que se trepa por una red y luego va en un tubo que a saber mantenimiento etc, de los que nos hemos montado todos de pequeños, pero esa petición de permiso le digo ¿mamá te deja? Y me dice no y le digo pues si mamá no te deja por algo es y yo acato, ¿entiendes mi amor? Y me dice que sí y que vayamos a otro sitio, y a otro sitio tan feliz. La verdad es que no me extraña que mi hermana se mostrara reacia, tenía pinta de cogerte la tuberculosis con un clavo o que se fragmentara el tobogán y caer al vacio .
Al final su madre ha accedido y no le ha pasado nada malo. Tan feliz.
A los críos hay que dejarles que se hagan daño, sangren y tengan moratones.
Eso es bueno para las defensas del cuerpo, se bregan, y así los retoños aprenden por sí mismos a valorar lo que se puede y no se puede hacer.
El dolor y la vida son los mejores maestros, los más orgánicos y naturales, menos agua y jabón y menos tenerlos en una burbuja y más que vean que la vida es un fenómeno muy cruel y no una caja aséptica.
Yo una vez de pequeño me subí a una puerta de esas con estaca de madera que hay en los praos de Asturias, pues resbalé y me clavé varios centímetros la estaca en la barriga.
La saqué yo solo y me acuerdo que salió un chorro como de agua y sangre, fui pa casa y me curé yo solo, jejeje, tuve la cicatriz durante 14 años o más.
No me subí más a una puerta de esas, no me lo enseñó ningún adulto, sino la experiencia.
Luego me puse a meterme farlopa en vena pero eso es aparte, jejeejejej.