Va en serio, creo.
Y lo mejor en estos casos es decir desde el principio la verdad si sucede así, sin que la hayas tirado al suelo ni nada.
Mirad, un anecdotón de hace muchos años en casa de unos tíos míos. Y les adoro a día de hoy, pero tela. Yo era pequeña, unos 6 o asi y me metí en su baño a enredar, abrir armarios, oler los frascos, toquetearlo todo. Pues algo llamó mi atención, una especie de cuchilla de afeitar con un hilo en medio muy raro, seda dental era, que yo entonces no sabía que existía. Estuve manipulándolo y me lo cargué. Lo partí. Lo dejé allí y no dije ni mú.
A los pocos días era mi cumpleaños, vinieron a casa y me entregaron un paquetito primorosamente envuelto con lazo y todo.
El chisme ese roto. Nunca se me olvidará el apuro que pasé.