Varias, he aquí la primera vez, que no la única. Acompáñenme en esta bonita historia:
Quinto de primaria, primavera de 1996, creo. En aquella época a los de mi pandilla, auspiciados por mí, les dio por entrar en casas abandonadas o que nosotros pensábamos que estaban abandonadas para comer risquetos, fumar y romper muebles. Yo nunca fui un niño especialmente risquetero y fumar me daba tos pero romper muebles era mi perdición, y pudo haberlo sido literalmente. Un día inspeccionando una casa se nos unieron dos niñas de otro colegio, niñas bien de colegio privado, y aquello no podía acabar bien, no con nosotros, niños de colegio concertado.
Alguna vez habíamos perseguido a niñas del colegio de monjas, que eran en cierto modo nuestras iguales en la lucha de clases pues era también un colegio religioso y concertado como el nuestro, y habíamos sido seguidos por niñas pordioseras de un colegio público, piojosas que nos daban asco porque nosotros éramos de colegio católico y concertado.
Ya lo dijo Carl Marx en uno de sus panfletos sobre la lucha de clases que leí en la por entonces influyente revista post-underground El Víbora: Si una mujer burguesa se te acerca, reviéntale un váter en la cabeza. O algo así.
Pues las niñas pijas repipis se nos unieron y entraron con nosotros en la casa y empezamos a levantarles las faldas de sus uniformes y a manosearlas y se quejaban pero se reían y ay Dios mío qué mal pudo acabar aquello cuando lancé un váter por las escaleras y casi le parto la cabeza a una de las dos y se fueron asustadas pero al rato llegaron con sus hermanas mayores y un numeroso grupo de chicas ya con tetas y coños peludos (supongo) y yo de verdad que intenté calmar los ánimos pidiendo disculpas y aceptando mi error hasta que una que ni era hermana de la que estuvo a punto de quedar moñeca ni de la otra y hablaba a gritos me empezó a tocar los cojones más de la cuenta y le metí una patada en el coño y empezó a ahogarse y a gritar que me ahogo que me ahogo a *horcajadas y empezaron todas a gritar histéricas y a decir que iban a llamar a la policía y salimos todos por patas.
Seguramente de haber acabado en manos de niños de la pública hubiesen acabado peor, así que seguramente les vino bien la experiencia para aprender la lección.
*Primera vez en mi vida que escribo esa palabra.