En mi colegio recuerdo que los métodos de tortura eran mucho más cómicos. Por ejemplo, practicábamos el "Gutten Morguen". Consistía en dar palmotazos en la espalda de la víctima cantando la siguiente canción, recién aprendida en clase de música:
Gutten Morguen, gutten morguen
bon giorno, bon giorno
buenos días, buenos días
good morning, good morning
Hasta que no se acabase la canción no se paraba. A veces incluso, si la víctima resultaba particularmente odiada, se ponía el modo bucle en ON, repitiendo una y otra vez la canción, hasta que las manos de los caneadores estaban tan rojas que hasta dolía seguir palmoteando.
También estaba el "yuyu". Esta tortura consistía en coger a la víctima entre 3 personas: 1 de los brazos y los otros 2 agarrando cada pierna, y con las piernas abiertas, estampar su escroto contra una farola, o poste, o arbol en su defecto.
Pero la atracción principal era la "piña". Consitía en tirar a la víctima al suelo y al grito de ¡PIÑA! tirarse encima suya. En seguida medio patio se unía a la pirámide humana. Me cuesta creer que no hubo ningún caso de ahogamiento.
Pero la víctima no tenía porque ser el típico gafotas o gordinflas, anda que no nos puteábamos también entre colegas.
No me arrepiento de ninguno de esos momentos de sádica diversión. De hecho me traen entrañables recuerdos.
¿La culpa de esas macabras diversiones era de los profesores? NO. ¿De los padres? NO. La culpa era de nosotros, los niños. Seríamos niños, pero no seres sin voluntad. Sabíamos perfectamente lo que hacíamos y porque lo hacíamos: DIVERSIÓN. De hecho nos fastidiaba cada vez que aparecía un profesor a disolver la piña.