Juvenal
Clásico
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- 23 Ago 2004
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Tal y como relatan varios autores, entre ellos Stephen Ambrose, durante los combates que siguieron al desembarco en Normandía, las tropas estadounidenses comenzaban a capturar soldados que, a pesar de llevar uniforme alemán, tenían toda la pinta de ser orientales
En los interrogatorios nada se sacaba en claro, con esos amarillos los oficiales del servicio de Información se estrellaban. Hasta que un día, alguien que entendía el coreano pudo hablar con ellos.
Poco a poco se pudo reconstruir la peculiar anábasis de estos hombres...
La historia comienza unos años antes
Durante los meses de agosto y septiembre de 1939, en la frontera entre Mongolia y Manchuria, las tropas soviéticas y las japonesas mantuvieron constantes combates (cientos de prisioneros fueron capturados por los rusos durante la batalla de Nomonhan) hasta que se acordó un armisticio el 15 de septiembre. Los prisioneros japoneses fueron devueltos pero los coreanos que engrosaban las filas del ejército imperial fueron considerados por el gobierno soviético como tropas coloniales alistadas a la fuerza y fueron "liberados" del yugo nipón y se les permitió inscribirse como "voluntarios" en las filas del Glorioso Ejército Rojo de Campesinos y Trabajadores.
El tiempo pasa, y las unidades instaladas en Siberia deben retornar al oeste, rápidamente. Estamos en diciembre de 1941 y las hordas fascistas han invadido la sagrada madre rusa. Todo refuerzo es indispensable para detener el Tifón que se acerca cada vez más a la capital.
Moscú, la tercera Roma, finalmente es salvada a costa de cuantiosas bajas. Los coreanos, que por supuesto no tienen ni idea de ruso, son capturados.
Como sucede con muchos prisioneros soviéticos de etnia no rusa, se les inscribe como hiwis o tropas auxiliares de la Wehrmacht. Dicho en otras palabras, se les cambia el uniforme y ahora lucen águila en lugar de estrella y siguen llevando el agua y dando tiros.
En 1943, la escasez de tropas del Eje es cada vez más evidente, y son destinados a tareas secundarias, como guarnición de defensas costeras en Normandía.
En los interrogatorios nada se sacaba en claro, con esos amarillos los oficiales del servicio de Información se estrellaban. Hasta que un día, alguien que entendía el coreano pudo hablar con ellos.
Poco a poco se pudo reconstruir la peculiar anábasis de estos hombres...
La historia comienza unos años antes
Durante los meses de agosto y septiembre de 1939, en la frontera entre Mongolia y Manchuria, las tropas soviéticas y las japonesas mantuvieron constantes combates (cientos de prisioneros fueron capturados por los rusos durante la batalla de Nomonhan) hasta que se acordó un armisticio el 15 de septiembre. Los prisioneros japoneses fueron devueltos pero los coreanos que engrosaban las filas del ejército imperial fueron considerados por el gobierno soviético como tropas coloniales alistadas a la fuerza y fueron "liberados" del yugo nipón y se les permitió inscribirse como "voluntarios" en las filas del Glorioso Ejército Rojo de Campesinos y Trabajadores.
El tiempo pasa, y las unidades instaladas en Siberia deben retornar al oeste, rápidamente. Estamos en diciembre de 1941 y las hordas fascistas han invadido la sagrada madre rusa. Todo refuerzo es indispensable para detener el Tifón que se acerca cada vez más a la capital.
Moscú, la tercera Roma, finalmente es salvada a costa de cuantiosas bajas. Los coreanos, que por supuesto no tienen ni idea de ruso, son capturados.
Como sucede con muchos prisioneros soviéticos de etnia no rusa, se les inscribe como hiwis o tropas auxiliares de la Wehrmacht. Dicho en otras palabras, se les cambia el uniforme y ahora lucen águila en lugar de estrella y siguen llevando el agua y dando tiros.
En 1943, la escasez de tropas del Eje es cada vez más evidente, y son destinados a tareas secundarias, como guarnición de defensas costeras en Normandía.