FlorianSotoPeña
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- 16 Ago 2009
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Yo no tengo un recuerdo muy nítido de la primera vez que metí el troncho en el agujero viscoso y húmedo de una jamelga, quiero decir que no recuerdo todos los detalles del encuentro y prolegómenos al dedillo.
A diferencia del autor del hilo, yo no recurrí a un putiferio, sino que previo a dar la estocada con grumo tuve una serie de escarceos, con morreos furtivos, comidas de tetas adolescentes y magreos de panocha. He contado algunos realmente grotescos a lo largo de los años, como en el que tuve un encuentro con una tipa estrábica, fea para pegarle, que no entendió el motivo por el que nos metimos en el lavabo y le bajé las bragas. Comenzó a gritar/gimotear como si fueras el Yeti y tuve que abortar el plan y huir tras el escándalo generado.
Durante un buen número de años hice el voyeur en el instituto y universidad, saliendo a hacer deporte y en locales públicos de todo tipo. También intentaba ligar por todos los medios, pero los resultados eran pobres, míseros y ridículos.
No fue hasta que comencé a trabajar de manera errante, generando un círculo de relaciones sociales, cuando mi pene fue succionado con destreza por una compañera de trabajo. No muy agraciada, cierto es, pero bien bregada en el noble arte de la mamada. Una tipa que sabiendo de mi bisoñez en la follaina supo llevar el asunto a buen puerto, al desobe sobre sus tetas y panza básicamente. La jamba era manchega si mal no recuerdo, morena, no muy alta y con cuerpo de charo, de esas en las que se adivina una futura mesa-camilla. Me masajeó las pelotas mientras me felaba como una profesional, y aunque la cosa duró menos de lo deseado, me abrió camino a un disfrute sin fin para la que cuelga. Tuvimos encuentros posteriores, cada vez más esporádicos hasta que le perdí la pista.
Continué stalkeando mozas, en modo voyeur, pero cuando tenía que tirarles la caña ya lo hacía con mucha mayor seguridad, y toda la follaina rica desde entonces a nuestros días fue fundamentalmente en el entorno laboral. Durante largo tiempo estuve yendo a pensiones cochambrosas con todo tipo de hembras, siempre en franjas de edad similares, y con resultados variopintos. Tipas bastante idas, progres y feministas, más golfas que su putísima madre, rumanas de higiene descuidada, autóctonas perdidísimas y siempre caucásicas, claro está.
A diferencia del autor del hilo, yo no recurrí a un putiferio, sino que previo a dar la estocada con grumo tuve una serie de escarceos, con morreos furtivos, comidas de tetas adolescentes y magreos de panocha. He contado algunos realmente grotescos a lo largo de los años, como en el que tuve un encuentro con una tipa estrábica, fea para pegarle, que no entendió el motivo por el que nos metimos en el lavabo y le bajé las bragas. Comenzó a gritar/gimotear como si fueras el Yeti y tuve que abortar el plan y huir tras el escándalo generado.
Durante un buen número de años hice el voyeur en el instituto y universidad, saliendo a hacer deporte y en locales públicos de todo tipo. También intentaba ligar por todos los medios, pero los resultados eran pobres, míseros y ridículos.
No fue hasta que comencé a trabajar de manera errante, generando un círculo de relaciones sociales, cuando mi pene fue succionado con destreza por una compañera de trabajo. No muy agraciada, cierto es, pero bien bregada en el noble arte de la mamada. Una tipa que sabiendo de mi bisoñez en la follaina supo llevar el asunto a buen puerto, al desobe sobre sus tetas y panza básicamente. La jamba era manchega si mal no recuerdo, morena, no muy alta y con cuerpo de charo, de esas en las que se adivina una futura mesa-camilla. Me masajeó las pelotas mientras me felaba como una profesional, y aunque la cosa duró menos de lo deseado, me abrió camino a un disfrute sin fin para la que cuelga. Tuvimos encuentros posteriores, cada vez más esporádicos hasta que le perdí la pista.
Continué stalkeando mozas, en modo voyeur, pero cuando tenía que tirarles la caña ya lo hacía con mucha mayor seguridad, y toda la follaina rica desde entonces a nuestros días fue fundamentalmente en el entorno laboral. Durante largo tiempo estuve yendo a pensiones cochambrosas con todo tipo de hembras, siempre en franjas de edad similares, y con resultados variopintos. Tipas bastante idas, progres y feministas, más golfas que su putísima madre, rumanas de higiene descuidada, autóctonas perdidísimas y siempre caucásicas, claro está.