Hombre.... Hay servicios y servicios para hacer eso. No es el primer vigilante que se ha despertado con un cuchillo en el pescuezo o con la guardia civil tocándole la ventanilla.
Hace bastantes años, en el polígono de los Ogijares uno de los vigilantes se quedó frito con el portátil encima de las piernas. Paso la GC de Armilla a saludar y a ver cómo iban, como todas las noches, y no había quien lo despertara. Le quitaron el revolver y se fueron a buscar al otro vigilante. Había dos vigilantes armados, cada uno en un coche cubriendo las dos entradas del polígono. Le entregaron el arma al compañero y el cabo le dijo que cuando se despertase que lo llamara y no le entregará el arma. Tres horas después de despertó el tío y se puso otra peli. A las siete el cabo llamo al compañero y le preguntó que si es que no se había despertado aún. Le dijo que si, pero que no se había enterado aún que no tenía el arma. A los diez minutos estaban allí y el Vigilante al verlos venir cerro corriendo el portátil y lo metió bajo el asiento. Le preguntaron que si había dormido bien. Manolo se puso en plan digno y les dijo que el no se había dormido nunca estando de servicio. Claro, al cabo aquello le tocó la polla y le dijo que le entregará la documentación del arma y el revolver, que le iban a hacer una inspección. Y allí vino la tragedia. Manolo entro en pánico y los civiles lo asustaron un poco, que como había estado para perder el arma, menudo paquete te va a caer... Entoces llamaron a Robocop, el otro vs, y este apareció con el arma.
El cabo le leyó la cartilla bien leída. Manolo empezó con sus lloros y que lo había dejado con el novio madrileño y no dormía. Era mentira, había estado en su primera fiesta del orgullo en Madrid, lo había dado todo y venía muerto. Cuantas veces habrá contado en el reciclaje que ese finde descubrió la de cosas que entran por el culo.
Al final el cabo tuvo compasión. Pero le advirtió que la próxima se lo follaban. Y que por su seguridad tuviese más cuidado, que en vez de la GC podía hacer sido un moro o un rumano y el desenlace hubiese sido otro