Asam
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Mas que un hilo, va a ser un "almacen" de pensamientos y fragmentos filosóficos a tener en cuenta para entender ese concepto llamado "realidad"
Si alguien va a participar, estaría bien que no derive el hilo hacia frases, sino a textos un poco mas extensos.
Aforismos sobre el arte de vivir (Schopenhauer)
En efecto, cada cual se relaciona de forma directa sólo con sus propias representaciones, sentimientos y voliciones; las cosas externas sólo tienen influencia sobre él cuando dan pie a estos últimos. El mundo en el que habita cada individuo depende, en primera instancia, de la concepción que este tenga de él, y se ajusta, en consecuencia, a las peculiaridades de cada cabeza: según sea esta, ese mundo podrá ser pobre, superficial y monótono, o rico, interesante y preñado de sentido. Así por ejemplo, más de una persona suele envidiar a otra por los hechos interesantes que le pasaron en su vida, cuando en realidad debería envidiarla por su forma de concebir la realidad, que fue la que dio a aquellos hechos la relevancia que tienen en su descripción: pues un mismo suceso que en una cabeza ingeniosa es representado de forma interesante queda reducido a un insulso episodio de la vida cotidiana cuando es captado por una cabeza vulgar. Esto es obvio sobre todo en algunas poesías de Goethe y Byron basadas probablemente en hechos reales: si un necio las lee, estará predispuesto a envidiar al poeta respectivo por una anécdota cualquiera, y no por la vigorosa fantasía que fuera capaz de transformar un hecho relativamente banal en algo tan grande y hermoso. De manera similar, el melancólico ve una escena trágica allí donde el sanguíneo percibe sólo un conflicto interesante o el flemático, algo intrascendente. Ello se debe a que toda realidad, es decir, todo presente consumado, consta de dos mitades, sujeto y objeto, pero en una unión tan necesaria y estrecha como la del oxígeno y el hidrógeno en el agua. Aunque la mitad objetiva sea la misma, si la subjetiva difiere, la realidad presente será totalmente distinta, y lo mismo ocurrirá en el caso inverso: la más bella y excelente mitad objetiva produce una realidad y un presente execrables cuando la mitad subjetiva es obtusa y malvada; igual que sucede con un paisaje hermoso cuando hace mal tiempo, o con un retrato tomado con una camera obscura defectuosa. O para decirlo de manera más sencilla: cada uno está atrapado en su consciencia como en su propia piel, y vive en principio sólo en ella: de ahí que no se le pueda ayudar mucho desde fuera. Sobre las tablas, uno representa el papel de conde, otro el de concejal, un tercero el de sirviente, soldado o general, etc. Pero estas variaciones sólo se dan hacia fuera: dentro, el núcleo central de todas esas apariencias es el mismo: un pobre comediante, con sus afanes y necesidades. En la vida ocurre igual. Las diferencias de rango y de riqueza le asignan a cada cual el papel que habrá de representar; pero eso no significa que su felicidad y satisfacción interior estén de acuerdo con ese papel; al contrario, también en este caso todos llevarán por dentro el mismo pobre diablo con sus afanes y necesidades, los cuales podrán acaso divergir en lo material, pero que en lo formal, es decir, en su verdadera esencia, serán iguales para casi todos; aunque con diferencias de grado, las cuales, sin embargo, no se rigen por el rango y la riqueza, es decir, por el papel respectivamente asignado. Pues así como todo lo que está presente y sucede en el ser humano está presente sólo en y para su consciencia, es claro que lo determinante serán ante todo las cualidades que esta tenga, hasta el punto de que la mayoría de las veces importará más la consciencia misma que las figuras que se representen en ella.
Si alguien va a participar, estaría bien que no derive el hilo hacia frases, sino a textos un poco mas extensos.
Aforismos sobre el arte de vivir (Schopenhauer)
En efecto, cada cual se relaciona de forma directa sólo con sus propias representaciones, sentimientos y voliciones; las cosas externas sólo tienen influencia sobre él cuando dan pie a estos últimos. El mundo en el que habita cada individuo depende, en primera instancia, de la concepción que este tenga de él, y se ajusta, en consecuencia, a las peculiaridades de cada cabeza: según sea esta, ese mundo podrá ser pobre, superficial y monótono, o rico, interesante y preñado de sentido. Así por ejemplo, más de una persona suele envidiar a otra por los hechos interesantes que le pasaron en su vida, cuando en realidad debería envidiarla por su forma de concebir la realidad, que fue la que dio a aquellos hechos la relevancia que tienen en su descripción: pues un mismo suceso que en una cabeza ingeniosa es representado de forma interesante queda reducido a un insulso episodio de la vida cotidiana cuando es captado por una cabeza vulgar. Esto es obvio sobre todo en algunas poesías de Goethe y Byron basadas probablemente en hechos reales: si un necio las lee, estará predispuesto a envidiar al poeta respectivo por una anécdota cualquiera, y no por la vigorosa fantasía que fuera capaz de transformar un hecho relativamente banal en algo tan grande y hermoso. De manera similar, el melancólico ve una escena trágica allí donde el sanguíneo percibe sólo un conflicto interesante o el flemático, algo intrascendente. Ello se debe a que toda realidad, es decir, todo presente consumado, consta de dos mitades, sujeto y objeto, pero en una unión tan necesaria y estrecha como la del oxígeno y el hidrógeno en el agua. Aunque la mitad objetiva sea la misma, si la subjetiva difiere, la realidad presente será totalmente distinta, y lo mismo ocurrirá en el caso inverso: la más bella y excelente mitad objetiva produce una realidad y un presente execrables cuando la mitad subjetiva es obtusa y malvada; igual que sucede con un paisaje hermoso cuando hace mal tiempo, o con un retrato tomado con una camera obscura defectuosa. O para decirlo de manera más sencilla: cada uno está atrapado en su consciencia como en su propia piel, y vive en principio sólo en ella: de ahí que no se le pueda ayudar mucho desde fuera. Sobre las tablas, uno representa el papel de conde, otro el de concejal, un tercero el de sirviente, soldado o general, etc. Pero estas variaciones sólo se dan hacia fuera: dentro, el núcleo central de todas esas apariencias es el mismo: un pobre comediante, con sus afanes y necesidades. En la vida ocurre igual. Las diferencias de rango y de riqueza le asignan a cada cual el papel que habrá de representar; pero eso no significa que su felicidad y satisfacción interior estén de acuerdo con ese papel; al contrario, también en este caso todos llevarán por dentro el mismo pobre diablo con sus afanes y necesidades, los cuales podrán acaso divergir en lo material, pero que en lo formal, es decir, en su verdadera esencia, serán iguales para casi todos; aunque con diferencias de grado, las cuales, sin embargo, no se rigen por el rango y la riqueza, es decir, por el papel respectivamente asignado. Pues así como todo lo que está presente y sucede en el ser humano está presente sólo en y para su consciencia, es claro que lo determinante serán ante todo las cualidades que esta tenga, hasta el punto de que la mayoría de las veces importará más la consciencia misma que las figuras que se representen en ella.