Pan y circo
Así decían los romanos “al pueblo, pan y circo” y parece ser que todavía sigue funcionando la formula; Los “esclavos” no tenemos derecho y los “patricios” continúan disfrutando de un mundo de lujo que resulta insultante para el resto de mortales.
Circo, mucho circo, con toda clase de espectáculos para distraer a las masas, para contenerlas y no que no deseen lo que ellos disfrutan.
La imbecilidad, simpleza, idiotez, majadería y otro montón de palabras podrían definir claramente el espectro televisivo de hoy en día en España. La chabacanería, el insulto gratuito, las afirmaciones indocumentadas y difamatorias están a la orden del día; al pueblo, embrutecido, le gusta todo esto como al cerdo revolcarse en el barro.
¿Quiere poner alguien coto a tales desmanes? Pues me parece que no.
Se nos ofrece un nuevo código de conducta para las televisiones, pero me parece que no deja de ser otra herramienta para la manipulación; para tratar a las personas como si fuesen objetos y así poder dominarlos de una forma más sencilla, pensemos que nos manipula aquel que quiere “ganarnos” sin convencernos, para que aceptemos su oferta sin dar razones; estos no hablan a nuestra inteligencia, no respetan nuestra libertad, nos llevan a tomar las decisiones que ellos desean.
Y todo esto para que, pues como decía al principio, para que no deseemos lo que ellos tienen.
Cuanto más preocupados estemos pensando en las operaciones de mama de la famosa de turno, menos pensaremos en los 30.000€ que Sardá gana por programa (sin incluir los beneficios que le genera ser productor ejecutivo del mismo) y la miseria de sueldo que te paga tu empresa; cuanto mas sepamos de la gente de gran hermano, menos atención prestaremos a los cambios de leyes, presupuestos del estado y cualquier otra cosa que afecte a nuestra vida diaria, lo aceptaremos por “falta” de información y así poco a poco perderemos los pocos derechos que tenemos; mientras seguimos ocupados en saber con quien se acostó tal o cual individuo, ellos se “reparten el bacalao”.
La televisión de hoy en día, me parece sencillamente deprimente, otro arma con la que cuentan los privilegiados para continuar con sus privilegios. Las cadenas públicas haciendo de portavoces del gobierno de turno y las privadas, siguiendo las normas dictadas por el grupo propietario.
Lo que yo hago es sencillamente no usar la televisión para nada mas que ver las películas que yo quiero (compro o alquilo); intento “defenderme” a mi manera de esa basura enlatada que pretenden que consumamos sin ninguna preocupación.
Hasta otra.