Me la juego AQUI NADIE se ha leido El Quijote

Es poco menos que un livro prohibido; se dice/se comenta que ante la pereza de tener que leer tamano tocho, el mismísimo Yulio Iglesias contrató a dos domilicanas para que se lo leyesen a turnos por las noches antes de irse a dormir, arroparlo y darle el besito de buenas noches.

Una especie de maldición borgiana surgió del desprecio a tan magna obra, que se hinchó y se hinchó como los hígados de Googletm, y ahora el pobre de Yulio enfrenta una petisión de hasta 15 [15] anos de cársel.
 
Pero él nació en Alcalá y recorrió medio mundo del que entonces se podía recorrer. Era un golfo y puso muchas picas, de hecho el Quijote lo empezó a escribir por trajinarse a una doncella hija de un acaudalado señor de provincias que le metió preso.

Olvídate de la Sagra.
 
Editado cobardemente:
Pero él nació en Alcalá y recorrió medio mundo del que entonces se podía recorrer. Era un golfo y puso muchas picas, de hecho el Quijote lo empezó a escribir por trajinarse a una doncella hija de un acaudalado señor de provincias que le metió preso.

Olvídate de la Sagra.

Yo no entendí el Quijote hasta que me fui a vivir a La Sagra.
 
Pero él nació en Alcalá y recorrió medio mundo del que entonces se podía recorrer. Era un golfo y puso muchas picas, de hecho el Quijote lo empezó a escribir por trajinarse a una doncella hija de un acaudalado señor de provincias que le metió preso.

Olvídate de la Sagra.
Escritor.
Con mucho mundo.
Perseguido por folletear y practicar liberalmente el hamor.

¿No ves paralelismos en la singladura vital de Cervantes y @TORBE ?

No me digas que no estás dispuesto a hacer una excepción con Torbe en tus lecturas por el hecho baladí de no estar todavía muerto; además que le puedes pedir los libros al @Serdo.
Él los ha leído todos y eso se le nota.
 
Yo, aunque no me atrevo a sentenciar juicio por no haber pasado mis ojos por tal libro, digo empero que, si forzado me viese a tomar partido, inclinaríame del lado del señor Pai-Mei, que así me dicta el poco seso y la mucha gana de contradecir.

Paréceme a mí que Cervantes fue en su tiempo lo que hoy es cierta hechicera de letras llamada J. K. Rowling, y que su Don Quijote vino a ser el Harry Potter de la centuria, obra celebrada y alabada por doquier, no porque carezca de mérito, que alguno tendrá, sino porque así lo acordó la fama y lo repite el vulgo sin mayor examen. Que también dicen muchos que El Padrino es la mejor película jamás vista, y a mí me parece buena, sin más alharacas ni trompetas.

Mas tornando a lo grave del asunto, todo esto nos lleva al mismo lodazal de siempre: la triste y antigua desventura que ha perseguido a los hombres españoles desde que el Imperio Romano dio con sus huesos en tierra. El nuncafollismo, que es peste del alma y ruina del ánimo.

Porque, si bien se mira, Don Quijote y Sancho Panza no son sino dos frikis de su tiempo, caballeros del nunca follar. Las novelas de caballería fueron los videojuegos de aquella edad, y ellos dos, vírgenes empedernidos, se perdían en tales fantasías. Uno, el más avisado, se daba a solas consuelo imaginando a una tal Dulcinea, dama tan etérea como inexistente; el otro, más corto de entendederas, grueso de carnes y flaco de dineros, no había visto mujer en tantos años que ya ni recordaba su hechura.

He ahí a los dos nuncafollistas del siglo XVI, espejo y retrato de una condición que aún hoy nos persigue. Porque al cabo, todo desemboca en lo mismo: los desdichados hombres españoles follan poco y carecen de mujeres, y de ahí nacen sus penas, sus locuras y sus libros.

Y digo más, aunque no haya leído la obra, que no dudo que, si la leyese con cuidado, toparía en algún pasaje con putas, porque en eso no suele fallar nuestra nación. Españoles: follar y putas. Y si en aquella sazón se hubiese conocido la farla, también de la farlopa hablaran, sin duda alguna, con la misma naturalidad y desvergüenza.
la proxima vez que te vea, por escribir en idioma de caballerias, antes de darte el bofeton te quitare las gafas, que cuestan una lana.
 
La próxima me toca invitar a mí.
y con regocijo de quien puede convidar a un compañero de armas aceptare tal convidación a viandas y diversos brebajes noble caballero. Y si luego hay que ir a putas se va, pero no lo contamos aqui que es un lio luego.
 
y con regocijo de quien puede convidar a un compañero de armas aceptare tal convidación a viandas y diversos brebajes noble caballero. Y si luego hay que ir a putas se va, pero no lo contamos aqui que es un lio luego.
Un sacerdote con Benito por la calle de la Ballesta después de comer en el museo del jamón, de película de Berlanga.
 
Un sacerdote con Benito por la calle de la Ballesta después de comer en el museo del jamón, de película de Berlanga.
"Mire usted padre, yo he pecao, cuando se me ha permitido, es entrar en una lonja y ponerme pinocho"
 
Editado cobardemente:
Vamos al buffet libre de Leganitos y hasta que nos echen.
ni de coña, nos vamos a un sitio que conozco que te tienes que comer las lentejas haciendo palanca con la cuchara. propondria alubias por "le llamaban trinidad" pero aborrezco las judias, no se porque( la comida, no a las mujeres de la religion judia, en ese aspecto no estoy para hacerle ascos a nada)
 
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Pero pon las imágenes auténticas

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Jejeje, bueno, veo que algunos mindundis se lo han leído de septiembre a enero.
 
La gente rollo de Prada y algunos más dicen que la segunda parte es mejor que la primera. No lo digo por rebatirle sino por dejar constancia.

Es cierto, dicen que la calidad literaria y blao.

En resumen, es que en la primera parte el Quijote va en su locura, encontrándose con entuertos y se dedica a desfacerlos, y entonces la gente flipa porque es como si hubiera una cámara oculta en el ojete de Sancho o de su mula. Sus reacciones son naturales y te puede hacer gracia.

En la segunda, unos aristócratas que se aburren se dedican a montarle escenitas en las que le hacen la rosca para que siga con sus locuras, pero con todo preparado de antemano. Y ahí ya se esfuma el lol. Encima Sancho, que como era retarded también daba risa, de repente se ha vuelto inteligente por obra y gracia del espíritu santo. A la mitad dejé de leerlo.
 
Es cierto, dicen que la calidad literaria y blao.

En resumen, es que en la primera parte el Quijote va en su locura, encontrándose con entuertos y se dedica a desfacerlos, y entonces la gente flipa porque es como si hubiera una cámara oculta en el ojete de Sancho o de su mula. Sus reacciones son naturales y te puede hacer gracia.

En la segunda, unos aristócratas que se aburren se dedican a montarle escenitas en las que le hacen la rosca para que siga con sus locuras, pero con todo preparado de antemano. Y ahí ya se esfuma el lol. Encima Sancho, que como era retarded también daba risa, de repente se ha vuelto inteligente por obra y gracia del espíritu santo. A la mitad dejé de leerlo.
Vuesa merced dice verdad en no poca parte, y yerra en otra no menor, como suele acontecer a los que leen con más gana de risa que de paciencia. Porque es cierto que en la primera salida va el hidalgo suelto de freno y de juicio, topando con el mundo tal cual es, y que el mundo, sorprendido, le responde con la naturalidad de quien no sabe que está dentro de una farsa. Y de ahí nace la gracia, que es hija legítima del desconcierto.
Mas en la segunda parte no quiso el autor repetir el mismo juego, como tahúr que se respeta y no enseña dos veces la misma carta. Hizo que el mundo aprendiese al Quijote, y que el Quijote, sin saberlo, entrase en un mundo que ya le había leído. Y si los duques le tienden trampas, no es por flojedad del ingenio, sino por mostrar cuán cruel puede ser la burla cuando se disfraza de cortesía y ocio noble.
Decís que Sancho muda, y no sin razón lo notáis. Pero no es milagro repentino, sino efecto de camino andado, que aun el más rústico, si gobierna ínsulas y escucha palabras altas, algo se le pega de seso y de malicia. Que no hay escudero que viva tanto tiempo con un loco sin aprender a hablar como cuerdo cuando le conviene.
Si a la mitad dejaste el libro, no fue culpa del libro solo, sino del pacto que entre lector y autor se rompió. Vos buscabais risa franca y él quiso daros espejo, y el espejo, cuando muestra demasiado, suele cansar más que divertir.
 
Yo he leído El Quijote. Hice varios intento sin pasar del primer tomo de la edición de Cátedra que, por cierto, es obra de un hispanista de USA, igual que muchas otras ediciones de obras españolas del siglo de oro, que a ellos les interesan más que a nosotros los españoles, que preferimos ir al museo de cera antes que al museo del prado.

Luego me lo pude leer entero pero no me acuerdo de mucho, me gustaría volver a leerlo. También leer Los Sueños de Quevedo, El criticón de Baltasar Gracián.
 
Me repetiré aunque choque con la idea pangética del autor del hilo: no pasa nada si no te has leído la novela.
 
Exacto.

Y añadiré más: muy pocas pollas veo en este hilo.
 
Que existan hispanistas es interesante en sí. Por una parte, lo Español (y los chudacas) tiene interés, que no es poco. Por otra parte es una señal de cierto colonialismo, habiendo obras antropológicas como Al sur de Granada, de Gerald Brenan, que se fue a vivir al pueblo de @curro jimenez y ya que estaba observó sus costumbres como muchos de sus compatriotas observaban las costumbres de los indios wacamole.
 
Editado cobardemente:
Yo he leído El Quijote. Hice varios intento sin pasar del primer tomo de la edición de Cátedra que, por cierto, es obra de un hispanista de USA, igual que muchas otras ediciones de obras españolas del siglo de oro, que a ellos les interesan más que a nosotros los españoles, que preferimos ir al museo de cera antes que al museo del prado.

Luego me lo pude leer entero pero no me acuerdo de mucho, me gustaría volver a leerlo. También leer Los Sueños de Quevedo, El criticón de Baltasar Gracián.
Señor lector —o quizá ya andante de libros—, pluguiera a Dios que así como confiesa vuesa merced haber entrado y salido de mi Quijote, no lo haga con la memoria, que suele ser rocín flaco cuando no se le da cebada. No es afrenta leer mucho y retener poco, que peor sería no leer nada y aun así opinar largo.
Bien sé yo que mis páginas, cargadas de ventas que parecen castillos y de locuras más cuerdas que la cordura misma, no se dejan domar al primer envite. La edición de Cátedra, con tanto sabio comentario, ayuda al entendimiento, pero a veces estorba al encantamiento: que hay libros que piden más corazón que notas al pie. Y no os culpo si los extranjeros los estudian con lupa mientras los naturales los dejamos criar polvo, que no es nueva la costumbre de menospreciar el pan propio y codiciar el ajeno.
Decís que queréis volver a leerme: hacedlo, pero no como quien cumple penitencia, sino como quien sale a conversar con un viejo amigo que siempre dice algo distinto según el humor del día. Leed despacio, saltad si os place, reíd cuando Sancho acierte sin saberlo y pensad cuando don Quijote yerre sabiéndolo todo.
Y si después os aventuráis por los Sueños de Quevedo, guardaos de no despertar demasiado pronto, que pican como sátira bien afilada; y con El criticón de Gracián, llevad paciencia y seso, que es libro de subir cuestas más que de pasear llanos.
En suma: tornad a los clásicos sin prisa y sin miedo, que ellos, aunque viejos, saben más de nuestro presente que muchos libros recién nacidos. Y si algo no recordáis tras la lectura, no os pese: que también olvidar es parte del arte de leer.
 
Coño, quiero leerme esta versión en caso de existir. Yo me lo he leído tres veces, y no vacilo, además tengo una edición cojonudérrima con unos grabados de la hostia y tal. El Quijote es el máster and commander de la literatura; a su lado, todo es un cagao rociado con meao. Episodios como el de la cueva de Montesinos, el de la venta de Juan Palomeque, el de la batalla con los rebaños de ovejas, el del retablo de Maese Pedro (cuando destroza la representación de títeres a espadazos to loco de tripi), el del yelmo de Mambrino o el gobierno de la Ínsula Barataria de Sancho Panza no han podido ser igualados en la puta vida literaria. Por no hablar de los curros que recibe constantemente don Quijote o los nombres lolescos con los que salpica Cervantes toda la obra.

Lo he leído tres veces y este año lo haré por cuarta vez. De hecho, pienso hacerlo periódicamente a lo largo (o corto) de lo que me quede de vida. El hermano que no se lo haya leído, que lo haga inmediatamente. Se lo va a pasar de puta madre entre tanta situación absurda, rocambolesca y lolesca, aparte de disfrutar de la crítica a la sociedac de su tiempo que, a su vez, resulta totalmente atemporal porque se puede aplicar a nuestra sociedac actual.

Es increíble como, pretendiendo escribir un book que criticara duramente y le diera pal pelo a los libros de caballerías (exceptuando el Amadís de Gaula y el Tirant lo Blanc, que le molaban a don Miguel), el Quijote se convirtiera en el libro de caballerías de referencia para toda la literatura universal.

Léalo el que no lo haya hecho, porque, de verdac, no sabe lo que se pierde.
 
Coño, quiero leerme esta versión en caso de existir. Yo me lo he leído tres veces, y no vacilo, además tengo una edición cojonudérrima con unos grabados de la hostia y tal. El Quijote es el máster and commander de la literatura; a su lado, todo es un cagao rociado con meao. Episodios como el de la cueva de Montesinos, el de la venta de Juan Palomeque, el de la batalla con los rebaños de ovejas, el del retablo de Maese Pedro (cuando destroza la representación de títeres a espadazos to loco de tripi), el del yelmo de Mambrino o el gobierno de la Ínsula Barataria de Sancho Panza no han podido ser igualados en la puta vida literaria. Por no hablar de los curros que recibe constantemente don Quijote o los nombres lolescos con los que salpica Cervantes toda la obra.

Lo he leído tres veces y este año lo haré por cuarta vez. De hecho, pienso hacerlo periódicamente a lo largo (o corto) de lo que me quede de vida. El hermano que no se lo haya leído, que lo haga inmediatamente. Se lo va a pasar de puta madre entre tanta situación absurda, rocambolesca y lolesca, aparte de disfrutar de la crítica a la sociedac de su tiempo que, a su vez, resulta totalmente atemporal porque se puede aplicar a nuestra sociedac actual.

Es increíble como, pretendiendo escribir un book que criticara duramente y le diera pal pelo a los libros de caballerías (exceptuando el Amadís de Gaula y el Tirant lo Blanc, que le molaban a don Miguel), el Quijote se convirtiera en el libro de caballerías de referencia para toda la literatura universal.

Léalo el que no lo haya hecho, porque, de verdac, no sabe lo que se pierde.
Voto a tal —que así se decía en mi tiempo cuando el ánimo rebosaba—, que si esta vuestra arenga no mueve a leerme, más duro tiene el pecho que una adarga vieja y más seco el entendimiento que espuerta de esparto al sol.
Decís, con lengua desenvuelta y sin freno —que no todo ha de ser comedido cuando la verdad aprieta—, que deseáis leer tal versión si existiese; y hacéis bien, que quien tres veces me ha leído sin desfallecer merece ya no lector, sino cofrade. Y si aún añadís una cuarta, quinta o cuantas la vida os consienta, no será exceso, sino buena costumbre, como la de rezar o la de beber buen vino.
Llamáis a mi Quijote capitán y almirante de la literatura, y no os falta razón, aunque yo, por modestia fingida, diré que nació flaco y pobre, y se hizo gigante a fuerza de golpes. Que frente a él, decís, todo lo demás parece obra menor y mal regada; juicio es este atrevido, pero no desacertado, pues muchos libros hay que presumen de altos y apenas levantan un palmo del suelo.
Traéis a colación la cueva de Montesinos, la venta de Juan Palomeque, los carneros tomados por ejércitos, el retablo de Maese Pedro hecho astillas por brazo enardecido, el yelmo que fue bacía, y la ínsula donde Sancho gobernó mejor que muchos reyes con corona y cetro. Y bien decís que tales episodios no han hallado igual, porque nacieron de una locura tan bien pensada que parece cordura, y de una cordura tan simple que roza lo divino.
No olvidáis los palos que recibe el caballero —que no fueron pocos ni flojos— ni los nombres risibles con que el autor, que soy yo aunque no lo diga, salpicó la historia para alivio del lector y tormento de los graves. Y concluís, con razón que no admite réplica, que quien no haya leído este libro, léalo sin tardanza, porque se perderá un festín de disparates sabios, burlas serias y verdades envueltas en risa.
Y así fue, como bien advertís, que queriendo yo dar palos a los libros de caballerías, acabé por escribir el último y mayor de todos ellos, no por la fuerza del brazo, sino por la del ingenio.
Leedlo, pues, los vivos; releedlo, los ya convencidos; y dejadlo en herencia a los que vengan, que mientras haya hombres que confundan molinos con gigantes, este libro no envejecerá.
 
Voto a tal —que así se decía en mi tiempo cuando el ánimo rebosaba—, que si esta vuestra arenga no mueve a leerme, más duro tiene el pecho que una adarga vieja y más seco el entendimiento que espuerta de esparto al sol.
Decís, con lengua desenvuelta y sin freno —que no todo ha de ser comedido cuando la verdad aprieta—, que deseáis leer tal versión si existiese; y hacéis bien, que quien tres veces me ha leído sin desfallecer merece ya no lector, sino cofrade. Y si aún añadís una cuarta, quinta o cuantas la vida os consienta, no será exceso, sino buena costumbre, como la de rezar o la de beber buen vino.
Llamáis a mi Quijote capitán y almirante de la literatura, y no os falta razón, aunque yo, por modestia fingida, diré que nació flaco y pobre, y se hizo gigante a fuerza de golpes. Que frente a él, decís, todo lo demás parece obra menor y mal regada; juicio es este atrevido, pero no desacertado, pues muchos libros hay que presumen de altos y apenas levantan un palmo del suelo.
Traéis a colación la cueva de Montesinos, la venta de Juan Palomeque, los carneros tomados por ejércitos, el retablo de Maese Pedro hecho astillas por brazo enardecido, el yelmo que fue bacía, y la ínsula donde Sancho gobernó mejor que muchos reyes con corona y cetro. Y bien decís que tales episodios no han hallado igual, porque nacieron de una locura tan bien pensada que parece cordura, y de una cordura tan simple que roza lo divino.
No olvidáis los palos que recibe el caballero —que no fueron pocos ni flojos— ni los nombres risibles con que el autor, que soy yo aunque no lo diga, salpicó la historia para alivio del lector y tormento de los graves. Y concluís, con razón que no admite réplica, que quien no haya leído este libro, léalo sin tardanza, porque se perderá un festín de disparates sabios, burlas serias y verdades envueltas en risa.
Y así fue, como bien advertís, que queriendo yo dar palos a los libros de caballerías, acabé por escribir el último y mayor de todos ellos, no por la fuerza del brazo, sino por la del ingenio.
Leedlo, pues, los vivos; releedlo, los ya convencidos; y dejadlo en herencia a los que vengan, que mientras haya hombres que confundan molinos con gigantes, este libro no envejecerá.
Mis dieses.
 
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