Malmenor
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Mi vida cambió para siempre tras acabar la lectura de "El pirata Garrapata".Bueno, me termine tambien "Fray Perico y su Borrico"
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Mi vida cambió para siempre tras acabar la lectura de "El pirata Garrapata".Bueno, me termine tambien "Fray Perico y su Borrico"
Una escupidera que se ponía al revés en el tormo porque era un majadero Alonso.Me temo que no ha entendido nada. La bacía era en verdad el Yelmo de Mambrino, y los molinos, gigantes.

Por cierto. Este olvidado antepasado directo mío escribió su propia versión de Orlando.Bien, y ya en serio, entremos en la cuestión que tanto desazona al no-clon de @PaiSerdoMei . En primer lugar, el clásico: leí El Quijote a la fuerza, en el instituto, en una edición de mercadillo que tenían mis padres; entonces no me gustó, por supuesto. Tiempo más tarde, me lancé a por otra edición que era un tormento: hojas de papel biblia y notas prolijas al final (algo que odio); lo dejé a medias. Pero hará unos cinco años me dije qué demonios, y compré la edición de Francisco Rico, que me suena fue presidente de la RAE; muy buena, y eso demuestra cómo importan las editoriales y eruditos. Me suena que Martí de Riquer tiene una, que será la próxima que lea, allá en mi decadencia en Ocsidente.
El episodio de los batanes, y el de la cueva de Montesinos, son bastante buenos; el de los molinos, el epítome de la obra. He leído mucho, pero nada tan tierno y de tanto seso como las recomendaciones que Don Quijote hace a Sancho para el buen gobierno de la Ínsula; y lo que discurre éste en su sesera merece pieza separada aparte.
Tengo que leer alguno de los libros que más gustaban a don Alonso: los Orlando (Furioso y Enamorado), el Tirant lo Blanch (nombre de una potente editorial jurídica valenciana, por cierto), y, sobre todo, el Amadís de Gaula.
Y, páter, no me confunda a Cervantes con Galdós, haga el favor
Gracias sinceras. Era el hombre como para rellenar sin salirse un formulario de suscripción a Muy Interesante. Y qué decir de su segunda boda.Por cierto. Este olvidado antepasado directo mío escribió su propia versión de Orlando.
Martín Abarca de Bolea y Castro - Wikipedia, la enciclopedia libre
es.wikipedia.org
Decís verdad, y no poca. Que hombres hubo de grandes hechos y nombres sonoros, pero pocos tan dados a caber enteros en los márgenes del mundo sin desbordarse. Martín Abarca de Bolea y Castro parecía hecho a propósito para que la letra menuda no le quedase estrecha.Gracias sinceras. Era el hombre como para rellenar sin salirse un formulario de suscripción a Muy Interesante. Y qué decir de su segunda boda.
Ahora me recordáis al Fernando Fernán-Gómez de la tristísima El viaje a ninguna parte, con su entonación de teatrillo que ya no servía para el cine moderno.Decís verdad, y no poca. Que hombres hubo de grandes hechos y nombres sonoros, pero pocos tan dados a caber enteros en los márgenes del mundo sin desbordarse. Martín Abarca de Bolea y Castro parecía hecho a propósito para que la letra menuda no le quedase estrecha.
Y lo de la segunda boda, bien lo apuntáis: fue lance tardío y no por eso menor, como esos capítulos que llegan al final y, sin hacer ruido, mudan el sentido de todo lo leído. Que hay vidas que no se entienden del todo hasta que la pluma vuelve atrás y añade una línea más.
Ah… sí, me lo decís, y siento cómo se escapa de mis manos el poder que creí firme. Antes mi voz resonaba como torre sobre valle y mis palabras eran filo de espada en la penumbra; y ahora… ahora, como Fernán-Gómez, parecen ecos de un teatro antiguo, fantasmas que se agitan sin herir ya al mundo moderno.Ahora me recordáis al Fernando Fernán-Gómez de la tristísima El viaje a ninguna parte, con su entonación de teatrillo que ya no servía para el cine moderno.
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