MI TEXTO

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ahasver

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10 Jun 2003
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Bueno, aquí os ofrezco en primicia un avance de mi texto (es bastante más largo, pero como lo tengo comprometido, ya entenderéis que no lo quiera poner entero). A ver qué os parece.
Un saludo




DIÁLOGO CON UN PUTERO

Una cafetería de la capital. Un jueves por la tarde. Ruido de copas. Ajetreo. Algunos estudiantes anticipan ya el fin de semana. Varios clientes con aspecto de habituales manosean los periódicos del día que se acaba. Llevan, deduzco, largo tiempo en las mesas, como esperando que la vida vuelva a su cauce, que alguna vez conoció. Mientras aguardo a aquél con quien me he citado, mastico recuerdos, me asomo a la barandilla del tiempo, vislumbro el cementerio de otros que fui que dejo a mis espaldas. Algunas despedidas más tarde, fingidas y reales, veo entrar a quien espero, aunque nunca antes lo haya visto. Su existencia parece, ya desde la primera mirada, otoñal, como la estación. Hay algo de hoja seca en sus ojos, en sus gestos, vivaces, pero sordos, como si fueran el recuerdo ejercitado de un plan que otros pensaron por él.
Sin demasiados preámbulos, empiezo a preguntarle, lleno de curiosidad. A fin de cuentas, no siempre se le ofrece a uno la ocasión de tratar con quien frecuenta ambientes tan alejados de los propios. Acaso también la piedad se reviste de orgullo y me incita a indagar, a saber, hasta donde alcance, sin importar de qué:

- ¿Y cómo es que usted empezó en esto de ir de putas?
- ¿Pues cómo quiere usted? Por desesperación, llana y lisa desesperación. No piense usted que me faltasen, de vez en cuando, mis líos o aventuras. No, en eso, he tenido como todo el mundo, pero ya ve usted, la tristeza, que debe de ser demasiado grande.
- ¿La tristeza?
- Sí, la tristeza, sí. Ese temblor o escalofrío interno, de veras incontrolable, que me venía (y supongo que no soy el único a quien le pasa, ¿no?) al contemplar los ojos vacíos de alguna de las conquistas tras la noche pasada en común. Ese insoportable sentir que, al cabo, nada había pasado.
- ¿Cómo que nada había pasado?
- Sí, que, por más que uno lo intentase, no había manera de que lo que se hacía o decía le llegase de veras a la acompañante, que por más que (si me permite valerme de un símil) uno bracease estentóreamente, como un naúfrago en su soledad, la amante o novia o lo que fuese del caso en el instante no dejaba de recurrir a, digamos, un tratamiento general para conmigo, a un repertorio de muecas ya aprendidas, al bagaje de su sexo. Y fíjese que digo tratamiento y no trato, porque, ¡cómo les gustaba hacerse las comadronas o enfermeras conmigo, las muy condenadas!, como si me acuciase un tumor mortal que sólo ellas podrían sanar, si su voluntad fuera conforme a ello; y, claro, a renglón seguido, o semanas o meses más tarde, que para el caso tanto da, le despachaban a uno arrogantemente con cajas destempladas. Pues eso, como le estoy contando, que nunca tenía yo la impresión de que el estar yo allí en lugar de otro cualquiera les hiciese a ellas cambiar mucho nada. Yo las amaba como Luisa, o Julia, o Marta, o Elena, y ellas yo veía que me respondían como un solo hombre, vamos, en abstracto. Y tanto llegó yo creo a calarme eso que un día hasta sentí que ese proceder de ellas equivalía en verdad a negarme el haber nacido. Así que supongo que por ahí empezó todo. Pero como yo las he amado de un modo muy franco y hondo y que jamás me han entendido, no sé......Al no poder tampoco odiarlas abiertamente o aprovecharme de ellas de la manera que muchos hombres hacen, y que a ellas parece gustarles tanto, determiné (bueno, lo de determinar es un decir, porque es más bien que un dia los pies te conducen ellos solos a otra parte) de no dejarme atravesar ya más la piel y el alma por quien no me tenía presente y así recalé en las putas, o mozas del partido, como decía Cervantes. ¿Y sabe usted? Es mi única manera de conservar con íntegra dignidad a la mujeres, porque, rebajándome yo, evito rebajarlas a ellas de muchos otros modos que me fueran insoportables. De modo que, no habiendo encontrado belleza perdurable en ellas, altura de ánimo o cualquiera de las cualidades que yo reconocía en mí de joven y buscaba descubrir entre ellas en mayor grado si cabe, me encanallo. Y me encanallo con necesaria desesperación, o con desesperada necesidad, porque, ¿qué iba a ser de mí si perseverase en propósitos merecedores de encomio, en anhelos de creación, en un intento de tomar la vida en su más noble sentido? ¿Qué iba a ser de mí en esas circunstancias, quiere usted decirme?
- ¿No me será usted un romántico?. ¡Porque, hombre de Dios, hay que ver lo enrevesadas que ve usted cosas tan sencillas!
- No se trata de eso, no. Mire usted, es sólo que......¿cómo se lo diría? Sí, que, con el esfuerzo que me ha costado, como a usted, como a todos, imagino, eso de nacer (porque, vale que no hayamos tomado parte activa o consciente en eso, pero, con todo, ¡qué triunfo más espléndido el de esa combinación precisa con la que vengo a identificarme, frente a tantos otros millones de deseos simultáneos de nacer!), no es cosa de tomarse a broma el asunto. Y por eso, ya de adolescente me empeñé en que esta presencia mía no fuera vana. Que fuera, como dice el poeta, una sola vez, sí, ¡pero qué vez! Y que esa vez se vea truncada por la falta de adecuada compañía.....eso, eso es lo que de tan sencillo que es me ha acabado llevando a los brazos de las putas, abiertos no por convicción, sino por dinero.
- ¿Pero no se siente usted mal por recurrir a eso del pagar?
¡Vaya usted a saber cómo me siento! ¡El diablo lo sabrá, porque lo que es yo....! Para eso tendría primero que sentirme de algún modo. Y no crea usted que eso me resulta tan fácil, y menos en esos menesteres. Ya sabrá usted, que es hombre de letras y estudios, que de los varones se dice que apenas tenemos, frente a ellas, mundo fisiológico propio o interior, más que el derivado de enfermedades o de éxtasis eróticos (que tanto da). Y no soy en esto una excepción o diferente, sino tal vez un caso muy típico de hombre. A veces, bueno, algún resquemor me viene de mala conciencia, por el dinero tirado más que nada. Pero una vez que se ha aprendido que los besos, pagados o llevados del peso de lo que las mujeres denominan amor, no expían pena o culpa alguna de veras, ya entenderá usted que importe poco sentirse, del modo que sea. ¿Que me encuentro ahora en la situación x, que da lugar a un efecto y? ¿Y que mañana ha cambiado la cosa y los valores son otros, o que se llaman u y v las fuerzas que presionan en mi entorno? ¡Pues bienvenida sea el álgebra de la vida! ¡Abran paso al cálculo vectorial de la conciencia! Pero, vamos, de eso yo derivo un placer teórico. Que nadie me diga que hablamos de lo que a mí me pasa. Y por eso acepto contarle a usted de mi vida, porque, en la medida que no me toca ya directamente, es motivo de relato, más o menos. ¡Ah, pero si de veras viviese, no se vaya usted a creer! ¡Podrían irse todas las álgebras del mundo a hacer puñetas! Pero, vamos, ahora, como si quiere que hablemos de termodinámica del alma....
 
achaver, reabro el hilo pero no quiero ver un hilo tuyo hasta el año que viene

todo hilo que abras (o que resubas tuyo) lo borrare sin leerlo

tio chapas!
 
Casi mejor no haber reabierto el hilo porque van a llover hostias.

Sobre el texto, puesdecir que a la sexta línea me aburió soporiferamente, pero de todas maneras alabo su capacidad literaria.
Por lo menos hay que intentarlo a ver.
 
NaKo rebuznó:
achaver, reabro el hilo pero no quiero ver un hilo tuyo hasta que postee tu abuela

clapping.gif
 
barrilete_cosmico rebuznó:
esas bromas son de mal gusto...pero habia pasado por alto que teneis un pesimo gusto para casi todo :lol:

esa coña iba más por otra estupidez que por lo obvio. de verdad.
 
ahasver rebuznó:
Bueno, aquí os ofrezco en primicia un avance de mi texto (es bastante más largo, pero como lo tengo comprometido, ya entenderéis que no lo quiera poner entero). A ver qué os parece.
Un saludo




DIÁLOGO CON UN PUTERO

Una cafetería de la capital. Un jueves por la tarde. Ruido de copas. Ajetreo. Algunos estudiantes anticipan ya el fin de semana. Varios clientes con aspecto de habituales manosean los periódicos del día que se acaba. Llevan, deduzco, largo tiempo en las mesas, como esperando que la vida vuelva a su cauce, que alguna vez conoció. Mientras aguardo a aquél con quien me he citado, mastico recuerdos, me asomo a la barandilla del tiempo, vislumbro el cementerio de otros que fui que dejo a mis espaldas. Algunas despedidas más tarde, fingidas y reales, veo entrar a quien espero, aunque nunca antes lo haya visto. Su existencia parece, ya desde la primera mirada, otoñal, como la estación. Hay algo de hoja seca en sus ojos, en sus gestos, vivaces, pero sordos, como si fueran el recuerdo ejercitado de un plan que otros pensaron por él.
Sin demasiados preámbulos, empiezo a preguntarle, lleno de curiosidad. A fin de cuentas, no siempre se le ofrece a uno la ocasión de tratar con quien frecuenta ambientes tan alejados de los propios. Acaso también la piedad se reviste de orgullo y me incita a indagar, a saber, hasta donde alcance, sin importar de qué:

- ¿Y cómo es que usted empezó en esto de ir de putas?
- ¿Pues cómo quiere usted? Por desesperación, llana y lisa desesperación. No piense usted que me faltasen, de vez en cuando, mis líos o aventuras. No, en eso, he tenido como todo el mundo, pero ya ve usted, la tristeza, que debe de ser demasiado grande.
- ¿La tristeza?
- Sí, la tristeza, sí. Ese temblor o escalofrío interno, de veras incontrolable, que me venía (y supongo que no soy el único a quien le pasa, ¿no?) al contemplar los ojos vacíos de alguna de las conquistas tras la noche pasada en común. Ese insoportable sentir que, al cabo, nada había pasado.
- ¿Cómo que nada había pasado?
- Sí, que, por más que uno lo intentase, no había manera de que lo que se hacía o decía le llegase de veras a la acompañante, que por más que (si me permite valerme de un símil) uno bracease estentóreamente, como un naúfrago en su soledad, la amante o novia o lo que fuese del caso en el instante no dejaba de recurrir a, digamos, un tratamiento general para conmigo, a un repertorio de muecas ya aprendidas, al bagaje de su sexo. Y fíjese que digo tratamiento y no trato, porque, ¡cómo les gustaba hacerse las comadronas o enfermeras conmigo, las muy condenadas!, como si me acuciase un tumor mortal que sólo ellas podrían sanar, si su voluntad fuera conforme a ello; y, claro, a renglón seguido, o semanas o meses más tarde, que para el caso tanto da, le despachaban a uno arrogantemente con cajas destempladas. Pues eso, como le estoy contando, que nunca tenía yo la impresión de que el estar yo allí en lugar de otro cualquiera les hiciese a ellas cambiar mucho nada. Yo las amaba como Luisa, o Julia, o Marta, o Elena, y ellas yo veía que me respondían como un solo hombre, vamos, en abstracto. Y tanto llegó yo creo a calarme eso que un día hasta sentí que ese proceder de ellas equivalía en verdad a negarme el haber nacido. Así que supongo que por ahí empezó todo. Pero como yo las he amado de un modo muy franco y hondo y que jamás me han entendido, no sé......Al no poder tampoco odiarlas abiertamente o aprovecharme de ellas de la manera que muchos hombres hacen, y que a ellas parece gustarles tanto, determiné (bueno, lo de determinar es un decir, porque es más bien que un dia los pies te conducen ellos solos a otra parte) de no dejarme atravesar ya más la piel y el alma por quien no me tenía presente y así recalé en las putas, o mozas del partido, como decía Cervantes. ¿Y sabe usted? Es mi única manera de conservar con íntegra dignidad a la mujeres, porque, rebajándome yo, evito rebajarlas a ellas de muchos otros modos que me fueran insoportables. De modo que, no habiendo encontrado belleza perdurable en ellas, altura de ánimo o cualquiera de las cualidades que yo reconocía en mí de joven y buscaba descubrir entre ellas en mayor grado si cabe, me encanallo. Y me encanallo con necesaria desesperación, o con desesperada necesidad, porque, ¿qué iba a ser de mí si perseverase en propósitos merecedores de encomio, en anhelos de creación, en un intento de tomar la vida en su más noble sentido? ¿Qué iba a ser de mí en esas circunstancias, quiere usted decirme?
- ¿No me será usted un romántico?. ¡Porque, hombre de Dios, hay que ver lo enrevesadas que ve usted cosas tan sencillas!
- No se trata de eso, no. Mire usted, es sólo que......¿cómo se lo diría? Sí, que, con el esfuerzo que me ha costado, como a usted, como a todos, imagino, eso de nacer (porque, vale que no hayamos tomado parte activa o consciente en eso, pero, con todo, ¡qué triunfo más espléndido el de esa combinación precisa con la que vengo a identificarme, frente a tantos otros millones de deseos simultáneos de nacer!), no es cosa de tomarse a broma el asunto. Y por eso, ya de adolescente me empeñé en que esta presencia mía no fuera vana. Que fuera, como dice el poeta, una sola vez, sí, ¡pero qué vez! Y que esa vez se vea truncada por la falta de adecuada compañía.....eso, eso es lo que de tan sencillo que es me ha acabado llevando a los brazos de las putas, abiertos no por convicción, sino por dinero.
- ¿Pero no se siente usted mal por recurrir a eso del pagar?
¡Vaya usted a saber cómo me siento! ¡El diablo lo sabrá, porque lo que es yo....! Para eso tendría primero que sentirme de algún modo. Y no crea usted que eso me resulta tan fácil, y menos en esos menesteres. Ya sabrá usted, que es hombre de letras y estudios, que de los varones se dice que apenas tenemos, frente a ellas, mundo fisiológico propio o interior, más que el derivado de enfermedades o de éxtasis eróticos (que tanto da). Y no soy en esto una excepción o diferente, sino tal vez un caso muy típico de hombre. A veces, bueno, algún resquemor me viene de mala conciencia, por el dinero tirado más que nada. Pero una vez que se ha aprendido que los besos, pagados o llevados del peso de lo que las mujeres denominan amor, no expían pena o culpa alguna de veras, ya entenderá usted que importe poco sentirse, del modo que sea. ¿Que me encuentro ahora en la situación x, que da lugar a un efecto y? ¿Y que mañana ha cambiado la cosa y los valores son otros, o que se llaman u y v las fuerzas que presionan en mi entorno? ¡Pues bienvenida sea el álgebra de la vida! ¡Abran paso al cálculo vectorial de la conciencia! Pero, vamos, de eso yo derivo un placer teórico. Que nadie me diga que hablamos de lo que a mí me pasa. Y por eso acepto contarle a usted de mi vida, porque, en la medida que no me toca ya directamente, es motivo de relato, más o menos. ¡Ah, pero si de veras viviese, no se vaya usted a creer! ¡Podrían irse todas las álgebras del mundo a hacer puñetas! Pero, vamos, ahora, como si quiere que hablemos de termodinámica del alma....


¿Te sientes identificado con el putero? A mí me ha gustado el relato :)
 
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