cuellopavo
El hombre y la caja
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- 23 Abr 2006
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Gran título para una mediocre película, pero no es de la peli de lo que quería hablar...
Ayer volvía a casa cuando me encuentro mi calle acordonada y llena de coches de policía. Un poli me impide pasar y tengo que dar la vuelta a la manzana para poder acceder a mi patio. Desde allí veo un montón de gente arremolinada en torno a un cuerpo que yace en el suelo tapado con un papel de plata. Pregunto a un conocido y me dice que una mujer se ha tirado desde la terraza. ¡Coño!
Al subir a mi casa mi madre me cuenta quién era esa mujer. Claro, la conozco desde que era niño, vivía en la finca de enfrente, era la vecina de puerta de mi mejor amigo.
La ví antes de ayer comprando en mercadona, era la mujer de siempre, la que tantas veces he visto ir de aquí para allá. No ví nada extraño, la miré con la misma indiferencia de siempre, la cara acostumbrada de los vecinos, esos satélites anodinos de nuestra vida. Yo no ví nada, ni siquiera el dolor, ni la miseria, ni la descomposición, no pude ver nada.
Paseamos por la vida creyendo que todos viven en nuestra fluctuante normalidad, vemos en los otros la medida de nuestra vida, cuando lo cierto es que nadie conoce a nadie. Fíjense bien amigos, nunca se sabe donde brota la semilla de la locura, o de la desesperación. El mundo es una feria de monstruos, anatómicos recipientes de dolor concentrado, nos rozamos con ellos en el metro y en el ascensor y no sabemos qué coño está pasando por su cabeza. El mundo es una puta procesión de secretos ambulantes.
Ayer volvía a casa cuando me encuentro mi calle acordonada y llena de coches de policía. Un poli me impide pasar y tengo que dar la vuelta a la manzana para poder acceder a mi patio. Desde allí veo un montón de gente arremolinada en torno a un cuerpo que yace en el suelo tapado con un papel de plata. Pregunto a un conocido y me dice que una mujer se ha tirado desde la terraza. ¡Coño!
Al subir a mi casa mi madre me cuenta quién era esa mujer. Claro, la conozco desde que era niño, vivía en la finca de enfrente, era la vecina de puerta de mi mejor amigo.
La ví antes de ayer comprando en mercadona, era la mujer de siempre, la que tantas veces he visto ir de aquí para allá. No ví nada extraño, la miré con la misma indiferencia de siempre, la cara acostumbrada de los vecinos, esos satélites anodinos de nuestra vida. Yo no ví nada, ni siquiera el dolor, ni la miseria, ni la descomposición, no pude ver nada.
Paseamos por la vida creyendo que todos viven en nuestra fluctuante normalidad, vemos en los otros la medida de nuestra vida, cuando lo cierto es que nadie conoce a nadie. Fíjense bien amigos, nunca se sabe donde brota la semilla de la locura, o de la desesperación. El mundo es una feria de monstruos, anatómicos recipientes de dolor concentrado, nos rozamos con ellos en el metro y en el ascensor y no sabemos qué coño está pasando por su cabeza. El mundo es una puta procesión de secretos ambulantes.

