El invierno de 1937 dejó huella en un pueblecito español, cuyo nombre no viene al caso, y que tiene mucha similitud con lo que pasó en muchos pueblos de España por esos años… La vida era más o menos tranquila, teniendo en cuenta lo que estaba sucediendo… pero ese día funesto de enero aparecieron unos milicianos mandados por “El Negro”, y todo cambió…
En su “periplo” por el pueblo, lo primero que hicieron fue ir a la Iglesia y profanarla. Entre otras cosas, robaron los cálices y se dedicaron a pisotear las Sagradas Formas. A don Paco, el cura, después de una larga tortura para que blasfemara y renegara de Dios, cosa que no consiguieron, le sacaron las tripas y con ellas ahorcaron a don Anselmo, cura del pueblecito vecino, al que también habían torturado salvajemente. Al sacristán, que había presenciado todo, le ataron a un tractor y fue arrastrado durante cuatro horas por todo el contorno hasta que sólo quedaron los huesos del pobre desgraciado.
Emborrachados del olor a sangre y del vino de las bodegas, que previamente habían saqueado, se fueron al convento cercano, en donde dieciocho monjitas de clausura dedicaban su vida a Dios. Como fieras irrumpieron en sus vidas, violando a todas repetidamente, incluso a las más ancianas. Continuaron apagando cigarros en sus pechos y arrancándoles la piel a pedazos con tenazas para, finalmente, estrangularlas a todas.
La consigna que “El Negro” había dado a sus secuaces fue el guardar las balas para cuando llegaran “los fascistas” y que no se debía desperdiciar ninguna. Todos obedecieron a su jefe sin pestañear.
Así, la familia Vivar, compuesta por padre, madre, abuelos, siete hijos y dos tías, es asesinada a base de hachazos, además de con azadones, picos y con todo lo que encontraron punzante… La misma suerte corrieron otras cuatro o cinco familias del pueblo.
Por último a Ángel, un chico católico de dieciocho años, después de intentar que renegara de sus principios, le someten a una espantosa tortura, cortándole las orejas, la nariz, los dedos de las manos y pies, la lengua… Le sacan los ojos, y le parten los brazos y las piernas para dejarle luego en mitad del campo agonizando al sol durante horas…
Todas las noches dan “el parte” a su jefe “El Negro”, al que le gusta sentarse en medio de la plaza del pueblo, donde arde una gran hoguera que avivan con “menudencias” recogidas de la Iglesia, del Convento, del Ayuntamiento y de casas particulares: más de 10.000 libros, muebles, cuadros de gran valor y otras obras de arte, como un archivo precioso del siglo XII, que se guardaba en la parroquia, se queman para regocijo de estos héroes de la libertad.
Al cabo de un mes, los nacionales toman el pueblo. El grupo del “Negro” se rinde sin tampoco en este caso disparar ni una bala. Pero alguien del pueblo, algún chivato sin duda, cuenta las atrocidades de los milicianos…
“El Negro” y sus secuaces son juzgados y fusilados por sus heroicas acciones…
Han pasado 67 años y por el pueblo aparecen unos señores muy elegantes y muy cultos que dicen que van a “recuperar la memoria histórica”, y abren la zanja donde están enterrados “El Negro” y sus compañeros…Se monta un gran revuelo, hacen fotos, vienen todas las televisiones… y estos señores tan cultos y elegantes montan una rueda de prensa para decir que estos 35 “héroes” fueron fusilados por defender la “Libertad y la Democracia” y que sus familias pueden enterrar sus cuerpos dignamente…También anuncian que se les levantará un monumento para recordar su lucha valerosa y su defensa de la cultura. Las imágenes son enseñadas a todo el país por todos los medios de comunicación sin excepción y de la manera mas destacada que se pueda imaginar. También es enviada la noticia al resto del mundo.
De pronto, comienza a caer una fuerte lluvia sobre los cultos y demócratas señores de la “Recuperación de la Memoria Histórica” que, en vista de lo cual, se refugian en un lujoso hotel de cinco estrellas para celebrar por todo lo alto su hazaña…
Las inmensas zanjas de Paracuellos del Jarama, de Aravaca y de otros muchos lugares, por un instante, parece que se remueven… Es la Reconciliación que buscan los defensores de la libertad y de la democracia.
En su “periplo” por el pueblo, lo primero que hicieron fue ir a la Iglesia y profanarla. Entre otras cosas, robaron los cálices y se dedicaron a pisotear las Sagradas Formas. A don Paco, el cura, después de una larga tortura para que blasfemara y renegara de Dios, cosa que no consiguieron, le sacaron las tripas y con ellas ahorcaron a don Anselmo, cura del pueblecito vecino, al que también habían torturado salvajemente. Al sacristán, que había presenciado todo, le ataron a un tractor y fue arrastrado durante cuatro horas por todo el contorno hasta que sólo quedaron los huesos del pobre desgraciado.
Emborrachados del olor a sangre y del vino de las bodegas, que previamente habían saqueado, se fueron al convento cercano, en donde dieciocho monjitas de clausura dedicaban su vida a Dios. Como fieras irrumpieron en sus vidas, violando a todas repetidamente, incluso a las más ancianas. Continuaron apagando cigarros en sus pechos y arrancándoles la piel a pedazos con tenazas para, finalmente, estrangularlas a todas.
La consigna que “El Negro” había dado a sus secuaces fue el guardar las balas para cuando llegaran “los fascistas” y que no se debía desperdiciar ninguna. Todos obedecieron a su jefe sin pestañear.
Así, la familia Vivar, compuesta por padre, madre, abuelos, siete hijos y dos tías, es asesinada a base de hachazos, además de con azadones, picos y con todo lo que encontraron punzante… La misma suerte corrieron otras cuatro o cinco familias del pueblo.
Por último a Ángel, un chico católico de dieciocho años, después de intentar que renegara de sus principios, le someten a una espantosa tortura, cortándole las orejas, la nariz, los dedos de las manos y pies, la lengua… Le sacan los ojos, y le parten los brazos y las piernas para dejarle luego en mitad del campo agonizando al sol durante horas…
Todas las noches dan “el parte” a su jefe “El Negro”, al que le gusta sentarse en medio de la plaza del pueblo, donde arde una gran hoguera que avivan con “menudencias” recogidas de la Iglesia, del Convento, del Ayuntamiento y de casas particulares: más de 10.000 libros, muebles, cuadros de gran valor y otras obras de arte, como un archivo precioso del siglo XII, que se guardaba en la parroquia, se queman para regocijo de estos héroes de la libertad.
Al cabo de un mes, los nacionales toman el pueblo. El grupo del “Negro” se rinde sin tampoco en este caso disparar ni una bala. Pero alguien del pueblo, algún chivato sin duda, cuenta las atrocidades de los milicianos…
“El Negro” y sus secuaces son juzgados y fusilados por sus heroicas acciones…
Han pasado 67 años y por el pueblo aparecen unos señores muy elegantes y muy cultos que dicen que van a “recuperar la memoria histórica”, y abren la zanja donde están enterrados “El Negro” y sus compañeros…Se monta un gran revuelo, hacen fotos, vienen todas las televisiones… y estos señores tan cultos y elegantes montan una rueda de prensa para decir que estos 35 “héroes” fueron fusilados por defender la “Libertad y la Democracia” y que sus familias pueden enterrar sus cuerpos dignamente…También anuncian que se les levantará un monumento para recordar su lucha valerosa y su defensa de la cultura. Las imágenes son enseñadas a todo el país por todos los medios de comunicación sin excepción y de la manera mas destacada que se pueda imaginar. También es enviada la noticia al resto del mundo.
De pronto, comienza a caer una fuerte lluvia sobre los cultos y demócratas señores de la “Recuperación de la Memoria Histórica” que, en vista de lo cual, se refugian en un lujoso hotel de cinco estrellas para celebrar por todo lo alto su hazaña…
Las inmensas zanjas de Paracuellos del Jarama, de Aravaca y de otros muchos lugares, por un instante, parece que se remueven… Es la Reconciliación que buscan los defensores de la libertad y de la democracia.