Nuestros fracasos vitales

Mi mayor fracaso vital es no haber sido capaz de tener una vida sexual normal. No hablo de follar mucho sino de follar. Hay fracasos que son subjetivos, "no haber aprendido a...", pero el sexo, creo, es algo que está a un nivel básico.

Otro gran fracaso es no haber podido vencer mi miedo a la violencia. Si me hubiera peleado al principio de la adolescencia, indiferentemente de haber ganado o perdido, puede que hubiera vivido con menos miedo las interacciones sociales y no hubiera desarrollado fobias y hábitos que me perjudicaron mucho.

¿Alguna vez te levantó la mano algún chavalín?
 
Ostia puta que malo era yo al fútbol y mi hermano jugando en tercera división por aquel entonces.

Que miedo las putas pelotas Mikasa
 
Ostia puta que malo era yo al fútbol y mi hermano jugando en tercera división por aquel entonces.

Que miedo las putas pelotas Mikasa
Las mikasa eran de waterpolo, con las que Rollán y García Aguado hicieron historia.
 
Editado cobardemente:
He lamentado alguna vez no ser veterinaria, y a lo mejor es una tontería y hubiera sido infeliz.
Y no ser bombero, eso era lo mío sin duda. Me dejé meter miedo, lo vi una locura y no fui, pero era una ilusión que tenía, y tan feliz que estaría yo de bombera.
 
He lamentado alguna vez no ser veterinaria, y a lo mejor es una tontería y hubiera sido infeliz.
Y no ser bombero, eso era lo mío sin duda. Me dejé meter miedo, lo vi una locura y no fui, pero era una ilusión que tenía, y tan feliz que estaría yo de bombera.
Tan feliz sacando muertos de accidentes etc etc.
 
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Yo siempre estaba pegando, un día le pegué a un niño un poco más espabilado de lo normal y me lo recriminó, nadie hasta ese momento me había recriminado lo de pegar, para mí era lo normal, mi forma de jugar, de hecho para mí no era pegar, era jugar a Son Goku o a los Power Rangers. Además otro niño le dijo “deixal, disfruta pegant” y se fueron dejándome solo y eso me hizo gracia pero al mismo tiempo me dio qué pensar porque no era consciente de que tenía fama de pegón. Seguí pegando pero cada vez menos hasta que llegó la secundaria y ahí lo deje completamente.

Seguramente muchos compañeros me recuerdan como a un hijo de puta y si alguno de ellos me lo recriminara hoy en día no le pediría perdón, los adultos no podemos hacernos responsables del niño que fuimos. Todos los niños a los que hice llorar o salir corriendo: jodeos, pringaos.
 
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