Estan los que a falta de anchuras de espalda, intentan suplirla poniendo los brazos como si se hubiesen quemado el sobaco al sol. Penita da verlos.
Estan los que en un intento de intentar ser más duros que las piedras, se desplazan moviendo el tronco a modo péndulo de alante hacía atras a la vez que la cabeza parece a punto de separarse del cuello. Si el movimiento se acompaña de pelo largo y sucio, es para nota.
Estan los pequeños hijos de rottwailer, que basan su meneo de cintura para abajo mientras el tronco permanece rigido (casi siempre acompañado del movimiento 1), y sólo mueven las manos en señal de placa-placa. Las piernas exageran el paso subiendo las rodillas en un paso híbrido entre el calentamiento antes de un partidillo y los saltos de la noche de farra.
Estan los que se avergüenzan de ir por la calle, y caminan con los hombros casi tocandose, la cabeza gacha, ojos esquivos y pies rozando el suelo. No hay mayor personificación de la vagancia y la dejadez.