clod20
Forero del todo a cien
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- 25 Jul 2003
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El Perú es uno de los países que más presos españoles tiene en sus prisiones. El motivo: el tráfico ílicito de drogas, una actividad que les ofrece cuantiosas recompensas por llevar droga al país peninsular, aunque ese intento les cueste la cárcel. Son 106 españoles los que constituyen esta singular colonia sin virreyes.
Si en siglos pasados los españoles venían al Perú para llevarse oro y plata, en esta época la historia ha sufrido un cambio: el objetivo es transportar un oro blanco, en polvo o en líquido. No lo cargan en baúles ni los trasladan en galeones. Lo esconden en maletas y llevan en aviones. Pero el destino final de muchos no ha sido el otro lado del Atlántico, sino cerca de la orilla del Pacífico, en los penales Sarita Colonia y Santa Mónica.
Puerto de palos
Va a ser muy fácil y no vas a tener problemas. Eso le dicen a todos en España cuando les proponen hacer el viaje a nuestro país para llevar una carga de cocaína en el equipaje o adherida a cualquier parte del cuerpo. Por eso el joven español David Raya (27) y su esposa María Cristina Francisco (29) llegaron confiados desde Mallorca a Lima para regresar con seis kilos de droga en sus maletas a cambio de nueve mil euros.
En su ciudad, David era comerciante de camisetas y ahora se dedica a tejer alfombras en un taller del penal Sarita Colonia, lugar en el que está el grupo más numeroso de presos extranjeros en el Perú, cuarenta y dos españoles recluidos, casi todos con una misma historia: haber sido apresados por la policía en el aeropuerto Jorge Chávez cuando intentaban transportar droga a España, país que se ha convertido en una especie de puerto de ingreso a Europa de esa cotizada sustancia blanca.
Hay una respuesta que también es clásica: dicen que lo hicieron por necesidad de dinero. David vino seguro de que todo sería muy fácil. Hizo el contacto en Lima y recibió una maleta, la otra fue para su esposa. Ambos fueron detenidos por la policía en el control de equipaje. Ahora, David está preso en Sarita Colonia y su esposa en Santa Mónica, los dos condenados a siete años de cárcel. Lo más cruel fue que al momento de ser detenida, su pareja estaba embarazada sin saberlo. Nueve meses después de ingresar a Santa Mónica dio a luz una niña, a quien David solo ha podido ver en el Día del Padre y en Navidad.
La colonia española es tan numerosa en el penal chalaco que suelen reunirse para prepararse tortillas o paellas. Los fines de semana son los primeros en sentarse frente al televisor de sus pabellones para ver los partidos del campeonato español que transmite ATV.
Luis Fernando Hernán es seguidor del Real Madrid y tendrá que pasar varios años más para que pueda regresar a un estadio español. Aunque aún no lo han condenado, su pena podría ser de siete años por intentar pasar dos kilos novecientos gramos de droga a cambio de cinco mil euros.
LA COLONIA DE SARITA. (izq.) El penal chalaco Sarita Colonia es el lugar donde hay el mayor número de presos españoles: pasan los cuarenta. Al lado, veteranas madres de familia o jóvenes conforman la población penal española en las cárceles peruanas
No todos los burriers ibéricos son jóvenes. A sus 54 años de edad, Luis Fernando se ha dejado crecer la barba desde que fue apresado y, al verlo trabajar en un taller de carpintería del penal, parece un inofensivo sacerdote llegado a nuestro país para ayudar a los más pobres. No es el único español maduro ganado por la tentación del dinero fácil. José Luis Pérez y José Jiménez Verdu son mayores de cincuenta años y con varias décadas de experiencia de vida. Por vergüenza, el señor Pérez no les ha contado la verdad a sus hijos: ellos piensan que su padre está trabajando en Perú.
En un ambiente contiguo, Juan Uncada teje alfombras junto a David Raya. No es lo único que tiene en común con su compatriota: él también cayó con su pareja, Francisca Gutiérrez, en el Jorge Chávez. Entre los dos querían pasar siete kilos de droga. La pareja lleva quince meses en prisión. Ninguno había escuchado que varios españoles fueron detenidos en el aeropuerto por el mismo delito.
Pensaban que sería fácil conseguir los nueve mil euros por el pase, pero todo salió mal. Cuando Francisca era investigada por la policía antidrogas un astuto abogado quiso cobrarle quinientos dólares para internarla en Santa Mónica. “Si acá me trajeron gratis”, dice la española, que tiene seis hijos en su país, producto de su primer compromiso.
Pena penal
Escuchar a alguien decir que había logrado pasar droga varias veces sin problemas por el control del Jorge Chávez era el puntillazo que convenció a muchos que hoy están en prisión. A la señora María Dolores Castro, un muchacho que conoció en un café y que le ofreció el trabajo, le contó que él había hecho cinco viajes. “Por eso pensé que no me pasaría nada”, dice la señora condenada a siete años de cárcel pero que, con veintiséis meses de reclusión, está a punto de salir con semilibertad.
Ese beneficio es el que más anhelan las españolas condenadas de Santa Mónica. Cumplir un tercio de la pena luego de haber trabajado en diversos talleres les ofrece la posibilidad de salir libres, mas no para regresar a España, pues eso solo lo podrán hacer cuando cumplan la sentencia. Y pese a que también pueden solicitar el cumplimiento de su condena en su país, casi nadie lo hace porque dicen que tendrían menos beneficios y su certificado de antecedentes penales sería positivo.
Por eso prefieren recordar a su país, amistades e hijos desde la distancia. Cuando las españolas del Santa Mónica intentan barrer sus tristezas levantan las manos, ajustan los calzados y ensayan un baile de sevillana o flamenco. Hacen algo de eso para la foto y se les sale una risa de libertad. “Acá podemos estar siete años, nuestros familiares viajan para visitarnos, y cuando volvamos a España no tendremos antecedentes”, expresa María José Gonzales.
La mayoría de las mujeres que entrevistamos en Santa Mónica dice que las descubrieron a la primera. Menos María José Tarrago –una señora de inocentes ojos verdes–, quien reconoce que cayó en su segundo viaje. En el primero logró pasar diez kilos. La recompensa fue ocho mil dólares. Para el segundo viaje pensó que sería igual de fácil, pero cayó y hace 21 meses que no vuelve a España. Desde esa fecha, su hija solo la ha visto en la televisión, cuando salió en el noticiero en los instantes que era detenida en el Jorge Chávez. Luego de que la policía la descubriera, el viaje no fue aéreo sino terrestre, hasta Chorrillos. Aún no tiene boleto de regreso.
Habla el cónsul
Sin necesidad de revisar muchos documentos, el cónsul general español en nuestro país, Javier Herrera, señala que casi el cien por ciento de sus compatriotas presos en nuestras cárceles es por tráfico ilícito de drogas. “A pesar de que muchos han tratado de viajar por vías alternas, como Amsterdam, para no llamar la atención, la policía los ha detenido en el aeropuerto”, señala el diplomático.
Asimismo, informó que la cifra tope de españoles presos en el Perú ha sido de 119. Sin embargo, en el 2004 este preocupante incremento de detenidos se frenó: mientras 40 hijos de España fueron internados en cárceles peruanas, se liberaron 27.
El cónsul también confirma que aun cuando hay un convenio de traslado para que sus compatriotas condenados puedan cumplir la pena en España, éstos no lo solicitan pues así permanecerán “limpios” ante las autoridades penitenciarias de su país.
“Lo que sí hacemos por ellos, como gobierno, es darles una pensión mensual de cien euros para que puedan cubrir algunas necesidades básicas”, precisó.[/b]
Fuente : "Diario la republica"
Si en siglos pasados los españoles venían al Perú para llevarse oro y plata, en esta época la historia ha sufrido un cambio: el objetivo es transportar un oro blanco, en polvo o en líquido. No lo cargan en baúles ni los trasladan en galeones. Lo esconden en maletas y llevan en aviones. Pero el destino final de muchos no ha sido el otro lado del Atlántico, sino cerca de la orilla del Pacífico, en los penales Sarita Colonia y Santa Mónica.
Puerto de palos
Va a ser muy fácil y no vas a tener problemas. Eso le dicen a todos en España cuando les proponen hacer el viaje a nuestro país para llevar una carga de cocaína en el equipaje o adherida a cualquier parte del cuerpo. Por eso el joven español David Raya (27) y su esposa María Cristina Francisco (29) llegaron confiados desde Mallorca a Lima para regresar con seis kilos de droga en sus maletas a cambio de nueve mil euros.
En su ciudad, David era comerciante de camisetas y ahora se dedica a tejer alfombras en un taller del penal Sarita Colonia, lugar en el que está el grupo más numeroso de presos extranjeros en el Perú, cuarenta y dos españoles recluidos, casi todos con una misma historia: haber sido apresados por la policía en el aeropuerto Jorge Chávez cuando intentaban transportar droga a España, país que se ha convertido en una especie de puerto de ingreso a Europa de esa cotizada sustancia blanca.
Hay una respuesta que también es clásica: dicen que lo hicieron por necesidad de dinero. David vino seguro de que todo sería muy fácil. Hizo el contacto en Lima y recibió una maleta, la otra fue para su esposa. Ambos fueron detenidos por la policía en el control de equipaje. Ahora, David está preso en Sarita Colonia y su esposa en Santa Mónica, los dos condenados a siete años de cárcel. Lo más cruel fue que al momento de ser detenida, su pareja estaba embarazada sin saberlo. Nueve meses después de ingresar a Santa Mónica dio a luz una niña, a quien David solo ha podido ver en el Día del Padre y en Navidad.
La colonia española es tan numerosa en el penal chalaco que suelen reunirse para prepararse tortillas o paellas. Los fines de semana son los primeros en sentarse frente al televisor de sus pabellones para ver los partidos del campeonato español que transmite ATV.
Luis Fernando Hernán es seguidor del Real Madrid y tendrá que pasar varios años más para que pueda regresar a un estadio español. Aunque aún no lo han condenado, su pena podría ser de siete años por intentar pasar dos kilos novecientos gramos de droga a cambio de cinco mil euros.
No todos los burriers ibéricos son jóvenes. A sus 54 años de edad, Luis Fernando se ha dejado crecer la barba desde que fue apresado y, al verlo trabajar en un taller de carpintería del penal, parece un inofensivo sacerdote llegado a nuestro país para ayudar a los más pobres. No es el único español maduro ganado por la tentación del dinero fácil. José Luis Pérez y José Jiménez Verdu son mayores de cincuenta años y con varias décadas de experiencia de vida. Por vergüenza, el señor Pérez no les ha contado la verdad a sus hijos: ellos piensan que su padre está trabajando en Perú.
En un ambiente contiguo, Juan Uncada teje alfombras junto a David Raya. No es lo único que tiene en común con su compatriota: él también cayó con su pareja, Francisca Gutiérrez, en el Jorge Chávez. Entre los dos querían pasar siete kilos de droga. La pareja lleva quince meses en prisión. Ninguno había escuchado que varios españoles fueron detenidos en el aeropuerto por el mismo delito.
Pensaban que sería fácil conseguir los nueve mil euros por el pase, pero todo salió mal. Cuando Francisca era investigada por la policía antidrogas un astuto abogado quiso cobrarle quinientos dólares para internarla en Santa Mónica. “Si acá me trajeron gratis”, dice la española, que tiene seis hijos en su país, producto de su primer compromiso.
Pena penal
Escuchar a alguien decir que había logrado pasar droga varias veces sin problemas por el control del Jorge Chávez era el puntillazo que convenció a muchos que hoy están en prisión. A la señora María Dolores Castro, un muchacho que conoció en un café y que le ofreció el trabajo, le contó que él había hecho cinco viajes. “Por eso pensé que no me pasaría nada”, dice la señora condenada a siete años de cárcel pero que, con veintiséis meses de reclusión, está a punto de salir con semilibertad.
Ese beneficio es el que más anhelan las españolas condenadas de Santa Mónica. Cumplir un tercio de la pena luego de haber trabajado en diversos talleres les ofrece la posibilidad de salir libres, mas no para regresar a España, pues eso solo lo podrán hacer cuando cumplan la sentencia. Y pese a que también pueden solicitar el cumplimiento de su condena en su país, casi nadie lo hace porque dicen que tendrían menos beneficios y su certificado de antecedentes penales sería positivo.
Por eso prefieren recordar a su país, amistades e hijos desde la distancia. Cuando las españolas del Santa Mónica intentan barrer sus tristezas levantan las manos, ajustan los calzados y ensayan un baile de sevillana o flamenco. Hacen algo de eso para la foto y se les sale una risa de libertad. “Acá podemos estar siete años, nuestros familiares viajan para visitarnos, y cuando volvamos a España no tendremos antecedentes”, expresa María José Gonzales.
La mayoría de las mujeres que entrevistamos en Santa Mónica dice que las descubrieron a la primera. Menos María José Tarrago –una señora de inocentes ojos verdes–, quien reconoce que cayó en su segundo viaje. En el primero logró pasar diez kilos. La recompensa fue ocho mil dólares. Para el segundo viaje pensó que sería igual de fácil, pero cayó y hace 21 meses que no vuelve a España. Desde esa fecha, su hija solo la ha visto en la televisión, cuando salió en el noticiero en los instantes que era detenida en el Jorge Chávez. Luego de que la policía la descubriera, el viaje no fue aéreo sino terrestre, hasta Chorrillos. Aún no tiene boleto de regreso.
Habla el cónsul
Sin necesidad de revisar muchos documentos, el cónsul general español en nuestro país, Javier Herrera, señala que casi el cien por ciento de sus compatriotas presos en nuestras cárceles es por tráfico ilícito de drogas. “A pesar de que muchos han tratado de viajar por vías alternas, como Amsterdam, para no llamar la atención, la policía los ha detenido en el aeropuerto”, señala el diplomático.
Asimismo, informó que la cifra tope de españoles presos en el Perú ha sido de 119. Sin embargo, en el 2004 este preocupante incremento de detenidos se frenó: mientras 40 hijos de España fueron internados en cárceles peruanas, se liberaron 27.
El cónsul también confirma que aun cuando hay un convenio de traslado para que sus compatriotas condenados puedan cumplir la pena en España, éstos no lo solicitan pues así permanecerán “limpios” ante las autoridades penitenciarias de su país.
“Lo que sí hacemos por ellos, como gobierno, es darles una pensión mensual de cien euros para que puedan cubrir algunas necesidades básicas”, precisó.[/b]
Fuente : "Diario la republica"