Correcto, Azincourt. Miles de franceses acorazados hundidos en el fango hasta la rodilla mientras los arqueros ingleses les masacraban, y luego degollaron a todos los prisioneros.
Enrique V:
Y ahora que hará el gobernador de la ciudad?
Este es el último parlamento que concedemos;
daos a nuestra mejor misericordia,
o bien como los que, destruyendo, se exaltan,
desafiadnos a morir. Porque, como soldado que soy
-nombre que mejor se adecua a mi naturaleza-,
si empiezo otra vez a disparar los cañones,
no dejaré Harfleur, ya medio derruída,
hasta que quede enterrada bajo cenizas.
Todas las puertas de la piedad serán cerradas,
y el soldado de duro corazón, salvaje y aguerrido,
con el brazo libre y sanguinario, avanzará
con un poder tan grande como el infierno, y segará
vuestras tiernas vírgenes y vuestros bellos infantes.
¿Qué me importa que la guerra cruel
adornada de llamas, como el Príncipe del Mal,
con su frente enmascarado cometa actos feroces,
inseparables del pillaje y la devastación?
Qué me importa que seáis el motivo
de que vuestras doncellas intactas caigan en manos
de violaciones forzadas y feroces?
Qué bridas podrán parar la obscenidad
que se ha lanzado montaña abajo con un galope terrible?
En vano nosotros daríamos órdenes
a los soldados enloquecidos con el pillaje:
sería como mandar al Leviatán
que viniese a tierra. Entonces, hombres de Harfleur,
apiadaos de vuestra ciudad y de vuestra gente
mientras tenga los soldados bajo mi mano,
mientras el viento fresco y temperado de la clemencia
disperse las nubes sucias y pestilentes
del crimen imperioso, la cobardía y el pillaje.
Siní, bién: en un momento veréis
al solado ciego y sangriento que con su turbias manos
profanará los cabellos de vuestras doncellas,
sordo a sus gritos y lamentos estridentes,
engarfiará a vuestros padres por su barba de plata
y contra los muros rebentará su venerable cabez;
traspasará vuestros hijos con una pica,
mientras las madres enloquecidas desgajarán las nubes
con confusos lamentos, como las mujeres hebreas
ante los asesinos de Heroes, sedientos de sangre.
Qué respondéis?¿Queréis rendiros y evitar el desastre,
o bien, culpables de la lucha, queréis que os destruyamos?