RELATO DE LOCURA

jack frost

RangoForero del todo a cien
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29 Abr 2004
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Personas hola:

<< Una noche de tormenta. Allí estaban los cuatro, los cuatro con un cigarrillo en los labios, bajo la lluvia observando el entramado de sombras del portal. Dana con su cabello rojo reluciendo como el fuego del más intenso verano, Torbe con la mirada fija en el cuello de la muchacha que se alejaba, Jack Frost deleitandose con el sabor que habría de llegar y Frank apurando las últimas caladas. Los últimos supervivientes de Van Helsing. Los vampiros de la locura buscando una nueva presa; beberían, se saciarían y matarían.
Torbe se irguió sobre todos y esbozó una gélida sonrisa.
- Es la hora.
La muchacha sintió algo por la espalda pero no le dio tiempo a volverse cuando cuatro sombras cayeron sobre ella, buscando su cuello. Luego todo fue un mar rojo... y la oscuridad.>>
 
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Continuación...

Suena el despertador y no desea hacerle caso. Dormir toda la vida, olvidarse de lo que una vez hubo, morir y reunirse con su mujer. Olvidarse de todo...
No obstante, se levanta. La rutina puede más, la obligación, el deseo de encontrar una explicación razonable, algún sentido a semejante sinsentido.
Se levanta y camina hasta la ducha bostezando. El agua fría lo relajará, se llevará consigo pensamientos turbadores. Encontrarse con Barbara al llegar a la oficina. Sí, concéntrate en eso. Supera la muerte de Steffi. El pasado es así, la vida lo es, una lucha por sobrevivir.
Apenas ha salido de la ducha cuando suena el móvil. Héroes del silencio tocando "entre dos tierras", melodía que hace reir a sus compañeros. A él no, es la melodía de Steffi.
- ¿Sí?
- ¿Has visto la hora que es? Aquí están todos tirandose de los pelos.
- Hola Barbara.
- Ni hola ni pollas, tío. El comisario te busca por todas partes y está echando pestes a to´dios.
- ¿Qué ha ocurrido?
- Será mejor que lo veas. Está relacionado con... con...
- ¡¿Qué?!
- Ven rápido y lo verás.- le corta Barbara.- Date prisa.
No lo ha dicho pero lo sabe. Alguien ha sufrido la misma suerte que Steffi. No puede ser. Ya llevan doce cuerpos, trece si son ciertas sus suposiciones.
Se viste tan rápido como puede y sale de casa cinco minutos después. Allí le espera su Laguna gris, el coche que eligió Steffi, el coche donde hizo el amor por primera vez con Steffi...
Arranca con brusquedad y se lanza ni corto ni perezoso a la comisaría. Suerte tiene que no le pare un compañero regañándole por su velocidad. Llega a la comisaría sin demora y entra en el aparcamiento casi arrollando a dos mujeres. Sale el coche y se acuerda en el último momento de cerrarlo. Ahora sólo resta enfrentarse a lo que sea que haya sucedido. Quién sabe...
 
Re: Continuación...

jack frost rebuznó:
Sale el coche y se acuerda en el último momento de cerrarlo.

El es madero y acaba de aparcar en una comisaria, donde el resto de sus compañeros(tambien maderos) tienen sus coches aparcados. Por que coño cierra el coche y mas en una situacion asi?
 
Re: Continuación...

Benito rebuznó:
#include <stdio.h>
void main()
{ long delomio=0, chistorra=0;
for(;delomio<2000000;delomio++,chistorra++)
{ printf("Benito se ha comido %d torrijas, y Manolo se ha comido %d metros de chistorra",delomio,chistorra);}//for}//main

¿Explicará alguna vez Vd. la naturaleza de la variable delomio?
 
Re: Continuación...

Vercetti rebuznó:
Benito rebuznó:
#include <stdio.h>
void main()
{ long delomio=0, chistorra=0;
for(;delomio<2000000;delomio++,chistorra++)
{ printf("Benito se ha comido %d torrijas, y Manolo se ha comido %d metros de chistorra",delomio,chistorra);}//for}//main

¿Explicará alguna vez Vd. la naturaleza de la variable delomio?

La ingesta masiva de torrijas hace que me ponga "de lo mio"
 
continuo...

En la puerta le espera Bárbara con gesto malhumorado. Le indica la hora y sin decir palabra le franquea el acceso. Caminan en silencio hasta el ascensor saludando a los viejos que cuidan del acceso a las instalaciones y esperando que nadie más coja el ascensor. Cuando por fin pulsan el botón que les llevará a los laboratorios se sienten a salvo para hablar.
- Sin ambages. ¿Qué ocurre?
- Ocurre que debieras estar desde las ocho de la mañana. Yo también siento lo que la ocurrió, de verdad, pero si decidiste…
- No sigas, ¿de acuerdo? Es cosa mía… Dime sólo que ocurre.
- Ayer por la noche, sobre las tres de la mañana encontraron un cuerpo en Huerta del Rey. Se trata de una turista llamada Ahasver. Ya estamos intentando localizar a su familia.
- ¿Y?
- La encontraron como al resto. Tenía desgarros por todo su cuerpo y en especial por la garganta. Gonzo piensa que fue atacada por unas cinco personas.
- ¿Y la sangre?
- Sí, sí… había un charco de sangre suya; por desgracia ninguno de esos hijos de puta la había pisado. Cuando te llamé la estaba examinando pero te garantizo que los resultados dirán que el cadáver muestra una pérdida ingente de sangre. Ni yo misma creo ya que se trate de una aguja hipodérmica. Se tratará de algún grupo de gilipollas que se han trabado mucho leyendo a Bram Stoker.
- ¿Cómo pueden haber quitado tanta sangre?
- No sé… Preguntémosle a Gonzo.

Llegaron a los laboratorios. Allí la luz era sempiterna, de baja intensidad, cómplice de quien yacía en esos lugares. Giraron a la derecha, todo el pasillo hasta la última puerta donde un rótulo indicaba que ese era el despacho del doctor Gonzo. Pero no hizo falta llamar pues éste les sorprendió por la espalda. Llevaba consigo una carpeta rosa. Dios sabía por qué tenía que escoger esas carpetas para los informes forenses.
- Ya que estáis aquí, podríais llevarle al comisario el informe. Así me ahorro tener que salir. Disculpad…
Se apartaron para dejarle abrir su despacho. Ese despacho era el fiel reflejo de su personalidad. Bárbara disfrutaba con él pero la verdad es que él lo encuentra repulsivo. Imágenes de operaciones forenses, mordeduras de tiburón, judíos en campos de exterminio, conciertos de Marilyn Manson. La mesa de metal bruñido y pintada de amarillo huevo…
Gonzo se sentó con toda naturalidad abriendo su carpeta rosa. Fingió leer hasta que con una sonrisa les invitó a sentarse.
- ¿En qué sillas?- bufó Bárbara.- Vamos, que no tenemos todo el día.
Ella comprendía el mal trago de su compañero y pese a que Gonzo anduviese entre cadáveres como en su propia casa, no deseaba alargar la situación más de lo necesario.
- ¿Qué has sacado?
 
continuo...

- Más que con el resto.- exclamó triunfante.- La víctima murió entre las dos y las cuatro de la mañana. He dictaminado como causa de la muerte una severa pérdida de sangre, estado de shock, oclusión coronaria aunque podría tratarse también de una trombosis. Tenía un total de dieciséis mordiscos localizados principalmente en el cuello aunque también en una axila, ambos muslos, un pecho (grandioso, por cierto) y el abdomen, éste muy profundo. Las mordeduras me dejan perplejo. Me explico: la dentadura que las hizo es similar a la humana pero tiene algunas marcas correspondientes a colmillos semejantes a los de un perro, diría que un pointer o un braco, o las de un zorro, lobo… Elegid vosotros mismos. Eso me lleva a pensar que los atacantes llevaban a un animal con ellos. Como en las otras ocasiones mordieron pero no comieron. Eso provocó pérdida de sangre pero excuso decir que no son heridas para tal pérdida de sangre. Yo diría que buscaseis a algún grupo que se crea un vampiro. Yo soy un fanático del rol así que buscaré por internet a alguien a quien se le pueda haber ido la peonza.
- Sí, vale, ¿pero cómo se extrajo la sangre?- replicó Bárbara.- Lo de las agujas hipodérmicas…
- De acuerdo, de acuerdo… Era una posibilidad, ¿vale? Pero he aquí lo que me hace sonreír. Esos cabrones de mierda han cometido un error. ¿Sabéis lo que es un tubo de aspiración?
- No.- respondieron al unísono.
- Veréis: imaginad a un paciente que tenga un trombo por ejemplo en el riñón. Yo le practicaría una arteriografía o una cavografía. Le pincharía la arteria femoral e introduciría un contraste de yodo para examinar el punto exacto donde se encuentre el trombo. Imaginad entonces que es necesario hacer una operación. Pues en dicha operación se puede utilizar el tubo de aspiración que no es más que un tubo que recoge la sangre y la deshecha o según sea necesario la reintroduce en los vasos sanguíneos, algo que yo no haría por temor a un rechazo, la verdad. Es algo nuevo, aún está en prácticas, que diríamos. Sea como fuere aplicando ese tubo de aspiración puedes dejar al paciente sin sangre en un par de horas. En este caso, el paciente conserva la mayor parte de su sangre pese a la ingente pérdida así que supongo que utilizarían el susodicho tubo durante… quince o veinte minutos.
- ¿Cómo sabes que se trata de un tubo?- gruñó Nako.
- Un tubo de aspiración tiene esta forma… - se levantó de la silla y cogió una revista. No le sorprendió descubrir cuál era. Lo abrió y les enseñó un tubo de aspecto nada congraciador.- La víctima… eh… Ahasver se resistió como pudo y consiguió romper esta parte de aquí. La hemos encontrado en una de las mordeduras. Por eso creo que se haya utilizado dicho instrumento.
- ¿Y es seguro que se trata de ese tubo de… como se llame?
- Joder, no. Se trata de un desgajo hueco de tres centímetros lo que hemos encontrado. Podría ser cualquier cosa pero el material es idéntico al del tubo de aspiración. Y al haberlo encontrado en unas de las mordeduras… Sí, creo que se trate de eso pero… hasta que no encontréis el resto no podremos decir nada.
Gonzo aún estuvo quince minutos hablando sobre el cadáver pero sin aportar nada más importante. No había huellas, ni hilos ni nada que aportase algo claro a la investigación.
Salieron del despacho sin buen humor. Sólo suponían que no sabían con certeza las verdaderas causas de la muerte. No tenían sospechosos ni tenían móvil pues las víctimas eran elegidas al azar, ni tenían una idea de cómo podían ser los asesinos.
Steffi les habría visto. Steffi cayó bajos sus manos. Ellos habían matado a Steffi y no tenían nada salvo a los periodistas hablando de un asesino en serie e inventándose noticias y alarmando a la gente. Nada más.
- Esto es una mierda.- gruñó.- Esos cabrones…
- Todos cometen errores y ellos también los cometerán.
- ¿Y cuántos morirán hasta que cometan un error? Y mientras Steffi sigue muerta y yo no… yo no puedo…
No podían hacer otra cosa que llorar.
:twisted: +5
 
No vale usted para la literatura. STOP. Dedíquese a la petanca o al vídeo. STOP.
 
Re: Continuación...

Benito rebuznó:
Vercetti rebuznó:
Benito rebuznó:
#include <stdio.h>
void main()
{ long delomio=0, chistorra=0;
for(;delomio<2000000;delomio++,chistorra++)
{ printf("Benito se ha comido %d torrijas, y Manolo se ha comido %d metros de chistorra",delomio,chistorra);}//for}//main

¿Explicará alguna vez Vd. la naturaleza de la variable delomio?

La ingesta masiva de torrijas hace que me ponga "de lo mio"

Ah Ok.
 
continuo...

2

Algunos sabrían su verdadero nombre pero eran pocos en la comisaría. Sus superiores si acaso pero para el resto no dejaba de ser Drmoriarty o “el comisario”. Si le preguntabas por el nombre de Drmoriarty se limitaría a enarcar las cejas con desdén y a hablar de otra cosa. No obstante, Nako sabía su origen. Cinco años atrás, en Navidades, se encontró en Bachata al comisario, borracho como una cuba y con una jovencita de apenas diecinueve años. Allí le contó la historia de dicho nombre. A la mañana siguiente, ya sereno le llamó y le hizo jurar que nunca jamás se lo revelaría a nadie. Y había cumplido dicha promesa y de paso le había granjeado un temeroso respeto por parte del comisario.
No es que fuese un hombre iracundo, comprendía la situación de Nako, pero era normal que con trece muertos de manera tan horripilante y ninguna pista bramase a todas horas.
Cuando Bárbara y Nako llegaron al despacho los recibió con un gruñido indicándoles las sillas. Cerró la puerta sin cuidado alguno y se acomodó en su sillón.
- A partir de ahora te quiero ver aquí a las ocho.- vociferó.- Aquí no se cobra por horas y hay un horario. Tengo a la familia de la chica esa hecha una furia y a los putos periodistas metiéndose hasta en mis calzoncillos. Me preguntan qué tal va la investigación y qué debo responder yo… ¡QUE NO TENGO NI PUTA IDEA DE CÓMO VA, JODER! ¿Ha encontrado Gonzo algo que merezca la pena? ¿Algún sospechoso? ¿Algo?
- No exactamente.
- ¿Cómo que no exactamente, Bárbara? No me jodas.
- Debemos tener en cuenta.- intervino Nako.- que se trata de alguien que conoce los métodos policiales. Por eso la ausencia de fibras y huellas dactilares. Podría tratarse de aficionados al vampirismo que se han tomado su afición demasiado en serio.
- O sea que ni puta idea. Joder…
El comisario estiró las piernas antes de levantarse e ir de un lado a otro del despacho.
- De acuerdo.- dijo al fin.- Me tranquilizo, ¿lo veis?, me tranquilizo… Buscad algún psicólogo, algún experto que sepa de estas cosas… Que os diga algo que pueda ayudarnos. ¿Qué es esa carpeta rosa?
- El informe forense.
Bárbara le contó las sospechas de Gonzo sobre un aparato llamado tubo de aspiración. Eso pareció irritar más aún al comisario.
- ¿Tubo de aspiración?- gritó.- Mi mujer es médico y es la primera vez que oigo esa chorrada del tubo de aspiración. Vosotros no tenéis que dar la cara, joder, así que buscad a ese psicólogo o un experto en juegos de rol o lo que sea pero encontrad una pista ipso facto, ¿entendido?
Asintieron con resignación y se marcharon del despacho. Fueron hasta una salita de descanso. Como esperaban, allí no había nadie.
- ¿Conoces a alguien?
Nako bajó los ojos y asintió.
- Desde… desde la muerte de Steffi visito a un psicólogo.
- Bueno, no te avergüences. Yo misma te lo aconsejé. ¿Es bueno?
- Ha estudiado no se cuántas carreras y ha tenido alguna experiencia con algún paciente… oscuro, por así decirlo. No se me ocurre nada más. Podríamos mirar las fichas pero yo propongo ir allí y sino mirar el ordenador.
- De acuerdo, vamos allá.- entreabrió la puerta observando por la rendija.- Vamos.
- ¿Por qué ese misterio?
- Mejor así. Esos gilipollas conocen los métodos policiales…
- ¿Y crees que pueda ser uno de esta comisaría?
- Lo dudo pero más vale asegurar. Vamos.
Por alguna extraña razón no le gustaba mezclar a Camano con la investigación, como si eso fuese una traición a Steffi. ¡Cuánto necesitaba una copa de chivas!
Salieron a la calle observando cómo el cielo se oscurecía. Malos presagios. Desde luego ese día iba a ser muy largo y asqueroso. Ya habían hablado con dos psiquiatras que a parte de gilipolleces no les habían dicho nada de valor. Y ahora le tocaba a la mano que le separaba de Steffi. Y escondidos como ratas quienes se la habían llevado.
 
Me está gustando mucho. Continua por favor.
 
continuo...

Les abrió la puerta Gloria, la secretaria( y esposa) de Camano. Como solía hacer les regaló con su sonrisa más falsa y como solía hacer les saludó con una cortesía que no disimulaba su hipocresía.
- No recuerdo que tuviese usted cita, señor Nako. Más bien diría que era el jueves.
- Venimos hoy por otros asuntos.- aclaró él.
- Pues hay pacientes esperando. No se le puede molestar.-respondió con una sonrisa de triunfo, sonrisa que se le borró al mostrar Bárbara su placa.
- Yo diría que si nos podrá conceder unos minutos. Y por cierto, esa sonrisa no engaña a nadie.
La voz zalamera de su compañera la irritó aún más. Con un bufido se repetó sobre su mesa y fingió trabajar. Nako se acercó al oído de su compañera.
- Me temo que la has cabreado.
- Ya buscarás otro psicólogo. Los hay a patadas, tío. ¿Le falta mucho?
- Son menos diez. Hasta en punto o hasta y media.
Se sentaron leyendo revistas antiguas para pasar el rato: FHM, el jueves, tres de informática... Nada que les atrajera especialmente.
A las diez y veinte de la mañana salió Camano con una joven de unos quince años.
- Y recuerde.- decía en ese momento.- No dude en salir con sus amigos. Ellos serán un gran apoyo para tí. Señor Nako... Gloria, ¿había hoy cita con él?
Nako se adelantó a responder.
- No, lo siento doctor. Siento molestarlo.
- Usted nunca molesta, ya lo sabe.
- Veníamos... por una consulta... ajena a mi caso. Cosas de... mi trabajo.
- Pasen entonces. Señora Boades, le ruego las molestias. Su sesión será gratuita para compensarla.
Bárbara enarcó las cejas sorprendida. No solía asistir a gestos de tanta generosidad y menos de un psiquiatra.
El despacho de Camano se alejaba de cualquier otro de psicólogo. No había titulos enmarcados en las paredes ni el famoso diván que podía verse en las películas(en su caso sí un sillón de aspecto comodísimo). La pared era de un relajante azul claro y el único signo de decoración era un cuadro con un falso Van Eyck.
- El matrimonio Almorfindi.- informó el doctor viendo el interés de Bárbara.- Arte flamenco. Lo adoro. Sientense, se lo ruego. Ustedes dirán.
Sin preámbulos, Bárbara le contó el motivo de su visita omitiendo los detalles que sólo la policía debía conocer. Camano escuchó con atención y con interés real.
- ¿Y qué es lo que desean de mí acerca de este asunto? Yo leí en los periódicos que se trataba de un único asesino.
- Lo primero.- respondió ella.- como puede figurarse es que no revele a nadie esta conversación, ni siquiera con su esposa.
- Eso por descontado.
- Bien. La razón de nuestra presencia aquí era para preguntarle si conocía usted a alguien con un afán desmedido por los vampiros o si conocería algún grupo, secta o lo que fuese que estuviese por la ciudad. Al parecer los asesinos fingen ser vampiros.
- Algo se sobre vampiros.- contestó el doctor con modestia.- Según Bram Stoker cuando un vampiro mordía a un humano el humano se convertía a su vez en un vampiro.
- Pues puedo asegurarle que eso no ha ocurrido.
Nako se agitó inquieto. ¿Steffi una vampira? Su amor, su esposa... ¿convertida en una vil criatura vagando por la noche, arrancando el último hálito de vida a un agonizante humano? Su Steffi no. No podía ser... no...
- Hará cosa de quince años leí un libro muy interesante acerca de mitos medievales.- continuaba Camano.- Una de sus secciones correspondía a vampirismo. Según ese libro, los vampiros se alimentaban de sus víctimas, bebiendo su sangre pero para convertirlas a su vez en vampiros, quien lo deseara debía beber la sangre del vampiro en su último hálito... con el consentimiento del vampiro. Como en la película de Brad Pitt.- se echó a reir.- La verdad es que un colega sí me comentó que hay una... sociedad.- con las manos fingió ponerle comillas.- de vampirismo en la ciudad. No deben llevar más de cinco meses y por lo que me contó no son más que unos chavales con exceso de hormonas. Yo no le otorgaría mayor importancia.
- ¿Sabe cuándo se reúnen?
Camano negó con la cabeza aunque se ofreció a llamar a su colega. Los policías así se lo pidieron.
Con rapidez habló con otra persona y apuntó una dirección en un trozo de papel.
- Gracias por tu ayuda, Sach. Nos vemos mañana... sí... adiós.
Colgó y volvió la vista con esa sonrisa sesgada que daba tanta cercanía.
- Por desgracia no conozco mucho de historias de vampiros. El libro que les dije no fue más que un pasatiempo para evitar un día aburrido. Tomen. Uno de esos chicos es el hijo de mi colega. Pueden ir a visitarlo cuando lo deseen. Les atenderán con la mayor deferencia.
- ¿Y no sabe quién podría conocer algo... algún erudito sobre la materia... alguien que pudiese aclararnos cómo actuarían personas que se creyesen vampiros?
- En la universidad de Historia hay un buen profesor de mitología. No lo conozco pero he oído hablar de él.
 
continuo...

- ¿Podría decirnos su nombre?
- La verdad es que no.- se echó a reír.- Supe de él por una conversación casual pero no presté mucha atención. Vayan a la facultad y pregunten.
Los agentes asintieron y se levantaron.
- Lamento serles de tan poca utilidad.
- Si ese profesor.- intercedió Bárbara.- puede decirnos algo, habrá sido de mucha utilidad. Buenos días.
Se marcharon defraudados porque en verdad no habían conseguido nada de información. De nuevo habían perdido el tiempo.
Fueron de inmediato a la dirección que les había dado el doctor para saber que el chaval en cuestión tenía catorce años y se encontraba en esos momentos en el colegio. En vez de irse se vieron obligados a responder a los agasajos del doctor y su esposa. Sobre la una y media llegó el chaval en cuestión. Se quedó muy sorprendido al descubrir a la policía en su casa pero respondió con sinceridad a todas las preguntas. No les resultó de utilidad. Su sociedad de vampirismo no era más que un juego de chicos con excesiva pasión por las películas de Bela Lugosi y el Drácula de Márvel.
- Ya sólo nos queda el profesor ese.- terció Nako con fastidio.
- Pues vayamos a hablar con él.
 
me alegra que a algunos de vosotros os esté gustando. mañana, si puedo, continuo.
 
continuo...

Personas hola:

Llegaron a mediodía cuando los alumnos salían por la puerta a grandes voces o se tumbaban en el jardín leyendo, fumando un cigarrillo o regalándose besos. Nako y Bárbara pasaron entre los chicos sintiéndose como dos ancianos en una guardería. En conserjería preguntaron al bedel, un hombre de joven de aspecto simpático, dónde podían encontrar al profesor de historia.
- Hay muchos profesores de historia.- se echó a reír.- ¿A quién buscan en particular?
- En concreto a uno que sea especialista en mitología medieval: zombis, vampiros, cosas así…
- Pues supongo que desean encontrar al profesor García Quintanilla o a la profesora Santos. ¿Saben qué?- bajó la voz.- A la profesora Santos los alumnos la llaman Satania.
- Pues mucho me temo que esa debe ser la que buscamos.- rezongó el policía con fastidio.- ¿Dónde podemos encontrarla?
- En su despacho, por supuesto.
Les indicó cómo llegar hasta ella. Cogieron el ascensor junto a dos chicas. Nako se quedó mirando a una de ellas hasta que resultó molesto. Aquel pelo… esa bajada, ese brillo… le recordó tanto a Steffi… ella siempre presumía de lo que cuidaba su pelo y él se reía diciendo que amaba más su pelo que a él. Luego se tiraban a la cama haciéndose cosquillas hasta tener agujetas en los mofletes y en los costados. Aquellos pequeños detalles que le enamoraron y que se perdieron por unos gilipollas que creían ser vampiros. ¡Hijos de puta! Steffi que nunca había hecho mal a nadie, que siempre había vivido para hacer feliz a los demás a cambio tan sólo de una sonrisa… muerta, torturada por unos locos. ¿Qué iba a saber una profesora universitaria? ¿Acaso conocería ella a los culpables? ¿O sería uno de ellos? ¿Podría entender la alegría de ver sonreír a Steffi, de abrazarse, masajearse o hacer el amor con lentitud, saboreándose mutuamente hasta quedar saciados y vacíos? Mucho temía que aquello iba a ser una pérdida de tiempo.
Llegaron a la planta cuarta.
- El conserje dijo que a la izquierda, la sexta puerta.
A medida que avanzaban, un picor les recorría por la espalda. Ambos lo notaban y se miraron con incertidumbre.
- Algo me dice que podremos sacar provecho de esta entrevista.
Nako no dijo nada. Ya se vería. Pero aquel estremecimiento… Cuando supo la suerte de Steffi se había adentrado en él. Creía recordar que unas horas antes también, tal vez presintiendo su suerte. Siendo policía te recorrían estremecimientos cada dos por tres pero aquél era diferente. Era gélido como el suspiro de una Steffi muerta sobre su nuca; casi parecía sentir sus dedos podridos acariciando su nuca y llamándole en voz baja. Aquel estremecimiento era oscuro, era la podredumbre de criptas donde la luz del sol no llega y donde el olor a cuerpos descompuestos se acumula por los siglos.
La sexta puerta se diferenciaba del resto en que no tenía el nombre del titular del despacho. No lo notaron pero ambos suspiraron al mismo tiempo y de haber sido oído habría provocado que los pelos de los brazos se hubiesen erizado.
 
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