H
HERAKLES
Guest
Los pies se huden en la fina arena. Todo es inmenso. Oigo el cantar de las jovenes a lo lejos, acompañadas por grandes platillos y cascabeles.
Mis blancos pantalones de seda remangados, mi vieja camisa verde abierta hasta la cintura. Gotas de sudor que recorren mi cara, mi cuello, mi cuerpo y mueren antes de llegar a las hardientes arenas.
A mi alrededor, el Todo y la Nada. Debajo, el fuego, arriba la eternidad, y a los lados el universo.
En lo alto de la duna, soy Dios y no soy nadie. El sol es un todo abstracto que domina el cielo cuando lo miro. Un mar -el cielo- cubre lo demás.
Mis pies, sus dedos, serpientes. Voy arrastrandome, con ojos amarillos y la lengua blanca, empujado por el peso de mi cabeza y brazos.
Timbales, tambores. Suenan a los lejos ¿Serán ellos? Todo es tan silencioso.
Un dedo del pie -la serpiente- me acaricia. Miro al sol, sin malicia.
Blanco, luego amarillo y ahora rojo.
-Te esperaba -me dice seseando.
-Y yo a ti, flauta.
-Tienes que seguir el filo de las dunas hasta llegar al ocaso del sol
-Por eso camino sin cesar, verde.
-Debes -grita- correr lo mas rapido, atrás, a lo lejos, tu no lo ves, vienen ellos.
-¿Ellos?
-Si, corre, no hay tiempo que perder.
Ella se marcha entre mis dedos.
-Corred serpientes, corred-
Mi blusa la bandera hondeante, mis piernas ruedas del carro de fuego.
Llego al horizonte.
Un precipicio.
Me tiro.
No me tiro.
Media vuelta, hacia el otro horizonte, mas al sur.
Corred serpientes, corred.
Mis blancos pantalones de seda remangados, mi vieja camisa verde abierta hasta la cintura. Gotas de sudor que recorren mi cara, mi cuello, mi cuerpo y mueren antes de llegar a las hardientes arenas.
A mi alrededor, el Todo y la Nada. Debajo, el fuego, arriba la eternidad, y a los lados el universo.
En lo alto de la duna, soy Dios y no soy nadie. El sol es un todo abstracto que domina el cielo cuando lo miro. Un mar -el cielo- cubre lo demás.
Mis pies, sus dedos, serpientes. Voy arrastrandome, con ojos amarillos y la lengua blanca, empujado por el peso de mi cabeza y brazos.
Timbales, tambores. Suenan a los lejos ¿Serán ellos? Todo es tan silencioso.
Un dedo del pie -la serpiente- me acaricia. Miro al sol, sin malicia.
Blanco, luego amarillo y ahora rojo.
-Te esperaba -me dice seseando.
-Y yo a ti, flauta.
-Tienes que seguir el filo de las dunas hasta llegar al ocaso del sol
-Por eso camino sin cesar, verde.
-Debes -grita- correr lo mas rapido, atrás, a lo lejos, tu no lo ves, vienen ellos.
-¿Ellos?
-Si, corre, no hay tiempo que perder.
Ella se marcha entre mis dedos.
-Corred serpientes, corred-
Mi blusa la bandera hondeante, mis piernas ruedas del carro de fuego.
Llego al horizonte.
Un precipicio.
Me tiro.
No me tiro.
Media vuelta, hacia el otro horizonte, mas al sur.
Corred serpientes, corred.
