Ahora que el posh-élite está, según he leído, de vacaciones voluntarias, he recordado aquellos tiempos de los que tanto habla con nostalgia, cuando hizo su primera aparición en el foro de una forma muy distinta a como conocemos al Arcky de hoy en día. Los tiempos concretos en que este entrañable forero, por entonces con un avatar de Monseñor Balaguer que se aleja bastante de la imagen frívola de las pulseritas y los bucles engominados, disfrutó como un enano con el debate Creacionistas-Evolucionistas, que dentro de los peculiares márgenes que gastamos en esta comunidad, terminó por convencerle de que esta su lugar en el mundo, su destino universal, y por ende su final.
Todo esto ¿a santo de qué? Pues a santo de que filosofemos, de que forjemos, resucitemos un espíritu crítico, un debate por tanto tiempo ocultado entre chinos y bukkakes -rima no casual-. Siempre he pensado que el problema actual de la filosofía como materia didáctica es que no es más que la exposición, más o menos entretenida, de los pensamientos de otros. De otros además que llevan demasiado tiempo bajo tierra. En ningún caso se instiga al alumno a hacer preguntas y a buscar respuestas. Más bien se le presenta un catálogo, donde Platón, Nietzsche, Freud y Rosseau posan con ropa de cabareteras, con lencería en algún caso, para que elijamos el que más nos chana, o nos entiende o nos impulsa a cosas a las que antes nunca habíamos puesto nombre. Poco menos que elegir equipo de fútbol, colonia, o nick de messenger.
Bien, aquí hasta el más tonto sabe trillar, y habrá leído a alguna de las señoronas anteriormente citadas. Fenomenal, ahora olvidadlos. Yo quiero que pensemos, nos peleemos, nos destruyamos en definitiva, sin alusiones cultas o citas de otros, sino con las que hay escritas en nuestros nudillos, evitando en lo máximo posible los tostones tabiqueros, como el que me ocupa, y favoreciendo los aforismos, el párrafo con aguijón y ganas de gresca tabernera. Hilando unos asuntos con otros y entre citas, recitas, textos y contextos, podremos llegar al menos hasta las dos páginas y a desentrañar el sentido mismo de la existencia.
Tomen ustedes buena nota, que empiezo tema.
De la necesidad del miedo, por Yahvé
Remontándonos a época histórica ya desde los tiempos de Uruk, Hammurabi y los cuñados de éste, se vio la necesidad de crear un código legal para la vida en comunidad. Un código que contemplabla cástigos proporcionales a la ofensa. Miedo para controlar, para evitar el instinto. Ni qué decir tiene que la necesidad de un miedo aún más aterrador e implacable que éste tan terreno, amén de otras causas, trajeron consigo a Baal, Marduk y al más camorrista de todos, Yahvé, el Dios del Antiguo Testamento. A los Dioses en definitiva y al concepto de infierno que encarnaban, es decir cástigo en vida y , a joderse, más allá de la vida también, si acaso habías sido especialmente maloso y/o Élite. Ésto suponía un control total del individuo. Luego alguien debió pensar que quizás había que rebajar un poco la dureza o se quedarían sin el cepillo de los domingos y se introdujo el concepto de recompensa-paraíso que trae consigo Jesús. El Dios de este Nuevo Testamento ya es un blando pero sigue utilizando el concepto de miedo a través del pecado/demonio, sigue controlando.
Saltando unos pocos de siglos y aligerando; cuando el concepto de Dios y Eternidad comenzaba a flojear porque el vino, las mujeres, y la diversidad de dogmas confundieron a las gentes de bien, llegó el Estado Totalitario y el terror como instrumento de control de masas en forma de purgas verbeneras, despliegue festivo militar y estómagos siempre a medio gas. Libertados todos los occidentales libres gracias a los puritanos que mandaron a tomar por culo al otro lado del charco tiempo atrás, parece que éstos últimos cogieron el testigo del miedo y hoy en día le han puesto nueva careta. Una careta que lleva escrito en letraas fofis Terrorismo. Quien controle el miedo de los personas en su bien dominará el mundo.
En un proceso paralelo pero ya de tipo interno, de niños fue el Coco, temible. Incluso un armario en la oscuridad era el Miedo. Ya de púberes nuestros progenitores, nuestros profes, de nuevo durmieron nuestro instinto, a través de cástigos, reglazos o chantajes ecónomicos. Nuestro miedo ahora, con los huevos como un tizón, es nuestro futuro y la incertidumbre que lo niebla. ¿Pero qué pasaría de no temer a nada?
¿Es necesario el Miedo para protegernos unos de otros?
Todo esto ¿a santo de qué? Pues a santo de que filosofemos, de que forjemos, resucitemos un espíritu crítico, un debate por tanto tiempo ocultado entre chinos y bukkakes -rima no casual-. Siempre he pensado que el problema actual de la filosofía como materia didáctica es que no es más que la exposición, más o menos entretenida, de los pensamientos de otros. De otros además que llevan demasiado tiempo bajo tierra. En ningún caso se instiga al alumno a hacer preguntas y a buscar respuestas. Más bien se le presenta un catálogo, donde Platón, Nietzsche, Freud y Rosseau posan con ropa de cabareteras, con lencería en algún caso, para que elijamos el que más nos chana, o nos entiende o nos impulsa a cosas a las que antes nunca habíamos puesto nombre. Poco menos que elegir equipo de fútbol, colonia, o nick de messenger.
Bien, aquí hasta el más tonto sabe trillar, y habrá leído a alguna de las señoronas anteriormente citadas. Fenomenal, ahora olvidadlos. Yo quiero que pensemos, nos peleemos, nos destruyamos en definitiva, sin alusiones cultas o citas de otros, sino con las que hay escritas en nuestros nudillos, evitando en lo máximo posible los tostones tabiqueros, como el que me ocupa, y favoreciendo los aforismos, el párrafo con aguijón y ganas de gresca tabernera. Hilando unos asuntos con otros y entre citas, recitas, textos y contextos, podremos llegar al menos hasta las dos páginas y a desentrañar el sentido mismo de la existencia.
Tomen ustedes buena nota, que empiezo tema.
De la necesidad del miedo, por Yahvé
Remontándonos a época histórica ya desde los tiempos de Uruk, Hammurabi y los cuñados de éste, se vio la necesidad de crear un código legal para la vida en comunidad. Un código que contemplabla cástigos proporcionales a la ofensa. Miedo para controlar, para evitar el instinto. Ni qué decir tiene que la necesidad de un miedo aún más aterrador e implacable que éste tan terreno, amén de otras causas, trajeron consigo a Baal, Marduk y al más camorrista de todos, Yahvé, el Dios del Antiguo Testamento. A los Dioses en definitiva y al concepto de infierno que encarnaban, es decir cástigo en vida y , a joderse, más allá de la vida también, si acaso habías sido especialmente maloso y/o Élite. Ésto suponía un control total del individuo. Luego alguien debió pensar que quizás había que rebajar un poco la dureza o se quedarían sin el cepillo de los domingos y se introdujo el concepto de recompensa-paraíso que trae consigo Jesús. El Dios de este Nuevo Testamento ya es un blando pero sigue utilizando el concepto de miedo a través del pecado/demonio, sigue controlando.
Saltando unos pocos de siglos y aligerando; cuando el concepto de Dios y Eternidad comenzaba a flojear porque el vino, las mujeres, y la diversidad de dogmas confundieron a las gentes de bien, llegó el Estado Totalitario y el terror como instrumento de control de masas en forma de purgas verbeneras, despliegue festivo militar y estómagos siempre a medio gas. Libertados todos los occidentales libres gracias a los puritanos que mandaron a tomar por culo al otro lado del charco tiempo atrás, parece que éstos últimos cogieron el testigo del miedo y hoy en día le han puesto nueva careta. Una careta que lleva escrito en letraas fofis Terrorismo. Quien controle el miedo de los personas en su bien dominará el mundo.
En un proceso paralelo pero ya de tipo interno, de niños fue el Coco, temible. Incluso un armario en la oscuridad era el Miedo. Ya de púberes nuestros progenitores, nuestros profes, de nuevo durmieron nuestro instinto, a través de cástigos, reglazos o chantajes ecónomicos. Nuestro miedo ahora, con los huevos como un tizón, es nuestro futuro y la incertidumbre que lo niebla. ¿Pero qué pasaría de no temer a nada?
¿Es necesario el Miedo para protegernos unos de otros?