A mí es que me gustan las caseras y nunca he tomado una fuera de casa mejor que en casa, no sé si es que usan carne mala, aceite de colza o qué, pero me dejan hecha polvo. Sin embargo una casera con su aguja picada y un poco de panceta, su tomatito finito, su cebollita, lechuga, un poquito de pepiniñños, queso y alguna salsa guarrindonga, poca, me deja en perfecto estado llena de energía y gratitud máxima, gratitud a lo que es el placer de comer. Que piensas ¡qué alegría de vivir!