En mi infancia pasé algunos veranos en Andújar (Jaen), una ciudad bastante bonita, con restos romanos, terrazas en los bares,mujeres de una belleza cordobesa y un clima excelente. Pero yo no estaba en la ciudad. Como sabéis ahí está enclavado el parque natural de Nuestra Señora de la Cabeza, campiña andaluza coronada en un cerro por el monasterio homónimo al cual os recomiendo una visita, especialmente en romería. Fue bombardeado durante la guerra civil y sigué tal como quedó, allí, a los pies de una estatua verticalísima de la Virgen que como Cristo del Corcovado otea toda la sierra. Buena carne de ciervo por cierto
Mi tío era guardia forestal en el parque y me paseaba con el LandRover. Tenían una casa en plena naturaleza, los venados a menudo pastaban en la misma puerta y al caer la tarde si bajabas al río estaban todos allí. Había porquerizas también, y una enorme jaula con águilas. Mi tía era ama de llaves de un mansión enclavada justo a un lado de esa casita, todo un palacio escondido entre árboles y dehesas. Siempre me resultó curioso los controles que había que pasar para poder acceder a la casita de mis tíos. La mansíon tenía un helicoptero enorme en un helipuerto justo al lado de donde estabamos. La mansión, en efecto, era una de las dos -que conozca- residencias de Estado veraniegas. Era curioso como cuando decian en televisión que el presidente estaba en su retiro de Doñana se encontraba sin embargo en esa casa de Andújar, y viceversa.
Algunas tardes recuerdo que paseaba con mi tío y un señor por los alrededores de la finca, siempre con más gente. Un señor muy agradable, muy campechano, se agachaba en algunas ocasiones y me hablaba, me revolvía el pelo, y me besaba -la frente- Ojalá pudiese recordar más, pero era demasiado pequeño. Tengo una imagen grabada, y es la del camino que llevaba a la mansión, delimitado por árboles altos (cipreses probablemente) y una piscina siempre de aguas verdes al lado. Por ese camino venía el por las tardes, y yo con mi tío, hasta que ya frente a frente, se agachaba y me hacía zarandanas. Me cogía incluso. Desde entonces lo amé.
Y ahora el cretino de ZP está haciendo que ese amor inconsciente de infancia que guardaba entre paños en mi memoria, a retazos, pierda su nitidez, su gratísimia imagen. Me está haciendo derechón lenta y diariamente. Pero por muchos años lo amé.
Siempre con su chaqueta en aquel camino, su risa y sus dejes andaluces, su palmada sincera en la espalda a mi tío. Y como corría hacia él...
Mi tío era guardia forestal en el parque y me paseaba con el LandRover. Tenían una casa en plena naturaleza, los venados a menudo pastaban en la misma puerta y al caer la tarde si bajabas al río estaban todos allí. Había porquerizas también, y una enorme jaula con águilas. Mi tía era ama de llaves de un mansión enclavada justo a un lado de esa casita, todo un palacio escondido entre árboles y dehesas. Siempre me resultó curioso los controles que había que pasar para poder acceder a la casita de mis tíos. La mansíon tenía un helicoptero enorme en un helipuerto justo al lado de donde estabamos. La mansión, en efecto, era una de las dos -que conozca- residencias de Estado veraniegas. Era curioso como cuando decian en televisión que el presidente estaba en su retiro de Doñana se encontraba sin embargo en esa casa de Andújar, y viceversa.
Algunas tardes recuerdo que paseaba con mi tío y un señor por los alrededores de la finca, siempre con más gente. Un señor muy agradable, muy campechano, se agachaba en algunas ocasiones y me hablaba, me revolvía el pelo, y me besaba -la frente- Ojalá pudiese recordar más, pero era demasiado pequeño. Tengo una imagen grabada, y es la del camino que llevaba a la mansión, delimitado por árboles altos (cipreses probablemente) y una piscina siempre de aguas verdes al lado. Por ese camino venía el por las tardes, y yo con mi tío, hasta que ya frente a frente, se agachaba y me hacía zarandanas. Me cogía incluso. Desde entonces lo amé.
Y ahora el cretino de ZP está haciendo que ese amor inconsciente de infancia que guardaba entre paños en mi memoria, a retazos, pierda su nitidez, su gratísimia imagen. Me está haciendo derechón lenta y diariamente. Pero por muchos años lo amé.
Siempre con su chaqueta en aquel camino, su risa y sus dejes andaluces, su palmada sincera en la espalda a mi tío. Y como corría hacia él...