Saturnino Torrijos
Novato de mierda
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- 7 Jun 2006
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Buenas tardes, señores de la capital, ya está de nuevo aquí con todos ustedes Saturnino Torrijos.
Hoy les quieru hablar de los oficios que había antaño y que hoy en día han desaparecido o están en serio peligro de hacerlo. Son de esa clase de trabajos que la chavalería de hoy no conoce y no quiere conocer porque están más interesadus en drojas y tontadas que no llevan a ningún sitio, en vez de buscarse una profesión y llevar un jornal al caserío.
El afilador
Inconfundible gracias al sonido que hace con su chiflo (no condundirnus con la armónica). Sus herramientas son sencillas, apenas una rueda de esmeril para afilar y una bicicleta (si vive montado en la perra gorda y tiene buenos dineros) para moverse de pueblu en pueblu.
Aquí en el pueblu recuerdu una vez que el Preveterio se lió a hostias con el afilador porque la hija del Preveterio había afilado al señor afilador una cosa, y no eran las tijeras precisamente.
Ahí tenéis al Venancio. Gracias a él todos los cuchillos del pueblu estaban listos para el día de la matanza.
El castrador de cerdos
Fundamental para mantener a los animalicos tranquilos y para que engorden lo suficiente. Sin ellos los gochos se pondrían demasiado tonticos y tendríamos serios problemas para mantenerlos en condiciones hasta el día de matanza.
Recuerdo que una vez aquí en el pueblu el Teodulfo quiso castrar el mismo a sus marranos pero no tenía práctica en estas labores y uno de los marranos le mordió en la mano izquierda arrancándole tres dedos sin exagerar y cuatro exagerando.
Castrado o no castrado, a todo cerdo le llega su San Martín.
El esquilador
La lana en mis tiempos era muy importante, por lo que no se podía desperdiciar y había que esquilar a las ovejicas. Lo único que se necesitaba para tan noble labor era unas tijeras y un cubo de agua para remojarlas.
Mirad que pose. Ese es el Crecenciano. Es el tío con más cabezas de ganado de toda la comarca. Hace años, cuando no existían las maquinillas ni moderneces de esas, para esquilar a todas su ovejas teniamus que trabajar en ello todo el pueblu.
EL carbonero
Ellos son los encargados de suministrarnos el carbón para poder calentarnus y cocinar. Sin ellos viviríamos prácticamente en las cavernas.
A pesar de todas las moderneces de ahora del gas y demás tontadas, en mi pueblu el señor Tomás aún se mantiene viviendo de este gran oficio. Como él dice siempre: “Si compráis gas os están vendiendo aire”.
El sereno
Aquí en el pueblu nunca hubu de estos. Semos muy pocos y nunca nos hicierun falta, hasta tal punto que ni siquiera cerramus las puertas, hay confianza. De todas forma sé que en las capitales fuerun muy importantes porque abrían las puertas a los zagales que llegaban a las malas horas a su casa.
¡Aprovechad mozas, que estos zagales son casaderos y tienen un jornal fijo!
Esto ha sido todo por hoy, señores y señoras de la capital.
Se despide, servidor de todos ustedes, Saturnino Torrijos.
Hoy les quieru hablar de los oficios que había antaño y que hoy en día han desaparecido o están en serio peligro de hacerlo. Son de esa clase de trabajos que la chavalería de hoy no conoce y no quiere conocer porque están más interesadus en drojas y tontadas que no llevan a ningún sitio, en vez de buscarse una profesión y llevar un jornal al caserío.
El afilador
Inconfundible gracias al sonido que hace con su chiflo (no condundirnus con la armónica). Sus herramientas son sencillas, apenas una rueda de esmeril para afilar y una bicicleta (si vive montado en la perra gorda y tiene buenos dineros) para moverse de pueblu en pueblu.
Aquí en el pueblu recuerdu una vez que el Preveterio se lió a hostias con el afilador porque la hija del Preveterio había afilado al señor afilador una cosa, y no eran las tijeras precisamente.
Ahí tenéis al Venancio. Gracias a él todos los cuchillos del pueblu estaban listos para el día de la matanza.
El castrador de cerdos
Fundamental para mantener a los animalicos tranquilos y para que engorden lo suficiente. Sin ellos los gochos se pondrían demasiado tonticos y tendríamos serios problemas para mantenerlos en condiciones hasta el día de matanza.
Recuerdo que una vez aquí en el pueblu el Teodulfo quiso castrar el mismo a sus marranos pero no tenía práctica en estas labores y uno de los marranos le mordió en la mano izquierda arrancándole tres dedos sin exagerar y cuatro exagerando.
Castrado o no castrado, a todo cerdo le llega su San Martín.
El esquilador
La lana en mis tiempos era muy importante, por lo que no se podía desperdiciar y había que esquilar a las ovejicas. Lo único que se necesitaba para tan noble labor era unas tijeras y un cubo de agua para remojarlas.
Mirad que pose. Ese es el Crecenciano. Es el tío con más cabezas de ganado de toda la comarca. Hace años, cuando no existían las maquinillas ni moderneces de esas, para esquilar a todas su ovejas teniamus que trabajar en ello todo el pueblu.
EL carbonero
Ellos son los encargados de suministrarnos el carbón para poder calentarnus y cocinar. Sin ellos viviríamos prácticamente en las cavernas.
A pesar de todas las moderneces de ahora del gas y demás tontadas, en mi pueblu el señor Tomás aún se mantiene viviendo de este gran oficio. Como él dice siempre: “Si compráis gas os están vendiendo aire”.
El sereno
Aquí en el pueblu nunca hubu de estos. Semos muy pocos y nunca nos hicierun falta, hasta tal punto que ni siquiera cerramus las puertas, hay confianza. De todas forma sé que en las capitales fuerun muy importantes porque abrían las puertas a los zagales que llegaban a las malas horas a su casa.
¡Aprovechad mozas, que estos zagales son casaderos y tienen un jornal fijo!
Esto ha sido todo por hoy, señores y señoras de la capital.
Se despide, servidor de todos ustedes, Saturnino Torrijos.
