Siendo monaguillo el cura un día me dice, me dice: oye ven a la sacristía que tienes que ver algo, y allí que fui, y una vez dentro con todo oscuro me dice, me dice, oye quítate la ropa de monaguillo que seguramente acabes ensuciándote. Y me hizo seguirle por unas escaleras y a mitad de camino en un cuartito va y me dice, me dice: mira, súbete ahí a la ventana y sal al tejado, que hay una pelota, la cojes y me la das. Y yo le dije “yo ahí no me meto” y me dice “no seas así hombre, te doy veinte duros” y al final me convenció pero siempre me pareció poco ético, inmoral diría incluso, por los veinte duros que cogió de la cesta de las recaudaciones de los fieles.
Y otra vez en el pueblo. Me estaba meando y me dispongo a mear en una maceta que había por ahí y cuando voy a mear sale la dueña por la ventana y dice “eeeeeeh, ande vas, ahí no se mea niñooo” y me subí los pantalones muy rápido y me dice “sube, sube y mea tranquilo en el cuarto baño”. Y subí y me llevó al baño y cuando llego al váter veo que me sigue y se pone a ayudarme a mear tocándome el pito como si fuese un niño pequeño pero no seáis malpensados que yo era un niño escuálido que aparentaba mucha menos edad, hasta el punto de parecer efectivamente un niño chiquitillo chiquitillo, así que hasta ahí todo bien pero cuando acabo me empieza a masturbar y se mete el pito en la boca y luego los huevos y cuando ya tengo el rabo duro me llevó a su cama y me desnudó y luego ella también se desnudó y me abrazó y me forzó metiéndome la cabeza entre sus tetas y luego entre su coño, que lo tenía peludo y húmedo y me dice “métemela” y yo no sabía lo que era eso pero qué pronto me agarró el pito y se lo metió y yo encantao, ya os he dicho que era un niño más mayor de lo que aparentaba. Se habla mucho de los curas que si esto que si lo otro pero las mujeres maduras de pueblo qué, nadie habla de eso.