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Rocío hace la primera comunión
Cientos de niños cumplen en mayo y junio con un rito religioso, transformado en acto social que supone un importante gasto para las familias
Recién cumplidos los nueve años, Rocío tomó ayer su primera comunión. Fue un día de tiempo gris que nada tenía que ver con el que seguramente había soñado toda su familia en los últimos tres años. Los mismos que la niña se había preparado, domingo tras domingo, en una catequesis en la que se la instruyó en el 'abc' de la fé cristiana. Pero la celebración se ha ido convirtiendo en un acto tan social como una boda, aunque de protagonista único. Por eso ayer, antes de iniciarse el rito, José Antonio, el párroco de la iglesia del Alto de Maliaño recordó a las decenas de personas que abarrotaban el templo: «estamos en un acto religioso».
Como todos los años en la fecha señalada, los niños que van a comulgar se colocan en el altar. Nerviosos, porque van a leer en público y aquello está hasta la bandera. Nada que ver con el día que se confesaron hace una semana, en un acto sencillo, al que sólo asistieron los más allegados y que concluyó con una merienda. Los bancos, ocupados por tíos, primos, abuelos y demás familia, con las mejores galas, o casi. Un fotógrafo y un cámara contratados especialmente para la ocasión registrarán todos los movimientos. Un coro recuerda que es una misa especial. Los vecinos se han acercado a ver el ambiente y, también, a tomar nota de cómo van unos y otros.
Pese a que todos están de acuerdo en que se ha convertido en un desatino, celebrar este día conlleva un gasto para la familia en absoluto despreciable. Algo que saben de sobra en las entidades de crédito, acostumbradas a que suban, por estas fechas, las peticiones de créditos personales. Con ellos se hace frente al esfuerzo económico que supone el festejo.
Un evento que tiene mucho de convencional. Al párroco del Alto de Maliaño la experiencia le dice que, el año próximo, serán pocos los niños que sigan al pie del cañón. La catequesis se prolonga un curso más, aunque una vez cumplido el gran objetivo de la primera comunión, sólo la mitad de los 14 niños que ayer comulgaron continuarán asistiendo semanalmente a la iglesia. Está asumido y descontado que muchos se desinflarán.
En los tres años que ha durado la catequesis, el sacerdote ha tratado de ir concienciando a los padres de que no debe acabarse la formación religiosa en este día. Con mucha mano izquierda, les ha ido haciendo ver las incoherencias que se cometen. Les ha pedido sencillez en los detalles e, incluso, recomendado que los niños fueran vestido de calle «y no disfrazados». Y, para evitar que la iglesia se convirtiera en una romería de fotógrafos, puso de acuerdo a las familias para que se contratara un único profesional, una práctica habitual en muchos templos.
Tipos de familias
Los catequistas comentan que ellos suelen ver tres tipos de familias. Las primeras viven el cristianismo sinceramente y la primera comunión es un hito natural en el proceso de educación en la fé del hijo, que no empieza con este día y tampoco termina en él.
Un segundo gran grupo sería el formado por las familias que «han dimitido» de lo religioso, «pero que te ponen al niño en la parroquia para que se le eduques, porque están preocupados por los valores en que debe crecer el pequeño».
Finalmente estarían «los que han renunciado a cualquier tipo de creencia religiosa e, incluso, están en contra de la Iglesia, a la que critican abiertamente. Estos te mandan a los hijos por la presión social, porque la comunión es algo que hay que hacer». Y para poder organizar un sarao.
«Seguir la tradición»
Pedro Manuel Zurera y Michelle Marín se inscribirían en el segundo grupo: son cristianos, «no somos muy practicantes. Pero la niña quiere hacer la primera comunión y a nosotros nos parece bien seguir la tradición». Zurera cree que su hija iba ayer a la iglesia muy ilusionada, «sabiendo el significado del paso» que daba, aunque «un poco saturada de tanta catequesis. Yo creo que el proceso, al final, se hace un poco largo. No me extraña que los críos se nieguen a ir al año siguiente, porque acaban algo cansados».
Con infinitas variaciones, la historia de Rocío es la de cientos de niños y niñas que estas semanas de mayo y junio están comulgando por vez primera. En su caso, el desembolso ha pasado, de largo, de los 3.000 euros. En primera fila, los suyos no ocultaban la emoción. Su madre, Michelle, llevaba hecha un flan al menos 15 días. «Le voy a dar una tortilla de valiums», bromeaba unas fechas antes su marido. PEDAZO DE IMBECIL EL MARIDO
A ambos, el acontecimiento les hacía mucha ilusión por que les suponía retroceder tres décadas en el calendario, hasta su propia fiesta. Lo que ya no le hace tanta gracia al padre de Rocío es «la locura» en que se ha convertido esta celebración. Zurera reservó el restaurante con un año de antelación, «o sea, como si fuera una boda». Tras la Navidad, por un problema de entendimiento con el primer sitio elegido, se trasladó el banquete a la Hostería de Boo, donde ayer hubo otras dos comuniones más. La de Rocío era la que más abultaba, con 40 invitados adultos y ocho niños.
Hace ya días que empezó el goteo de regalos, otro capítulo a tener en cuenta. Sus padres le regalaron el ordenador y, de antemano, la niña había recibido un discman, una bicicleta, la muñeca clásica de recuerdo y una gargantilla de plata. Ayer mismo 'cayeron' el libro blanco de la primera comunión, la 'Gameboy', un reloj, ropa y dinero, así como unos cubiertos de plata con su nombre grabado.
Rocío tomó la comunión vestida de rosa. Tras la ceremonia, se puso el vestido de primera comunión blanco clásico, que acabó la jornada manchado de helado. Estaba agotada, y tan feliz que era incapaz de decir qué era lo que más le había gustado del día. «Todo», comentaba sin poder elegir. Sí señalaba lo que no le había gustado nada, nada: «el vino de la misa, que sabía fatal».
https://www.eldiariomontanes.es/pg050523/prensa/noticias/Cantabria/200505/23/DMO-CAN-000.html
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Cada día estoy mas desencantado con la sociedad, me da autentico asco!
yo el dia de la comunion ,si me descuido, ni me levantan de la cama!
que pena :(
Cientos de niños cumplen en mayo y junio con un rito religioso, transformado en acto social que supone un importante gasto para las familias
Recién cumplidos los nueve años, Rocío tomó ayer su primera comunión. Fue un día de tiempo gris que nada tenía que ver con el que seguramente había soñado toda su familia en los últimos tres años. Los mismos que la niña se había preparado, domingo tras domingo, en una catequesis en la que se la instruyó en el 'abc' de la fé cristiana. Pero la celebración se ha ido convirtiendo en un acto tan social como una boda, aunque de protagonista único. Por eso ayer, antes de iniciarse el rito, José Antonio, el párroco de la iglesia del Alto de Maliaño recordó a las decenas de personas que abarrotaban el templo: «estamos en un acto religioso».
Como todos los años en la fecha señalada, los niños que van a comulgar se colocan en el altar. Nerviosos, porque van a leer en público y aquello está hasta la bandera. Nada que ver con el día que se confesaron hace una semana, en un acto sencillo, al que sólo asistieron los más allegados y que concluyó con una merienda. Los bancos, ocupados por tíos, primos, abuelos y demás familia, con las mejores galas, o casi. Un fotógrafo y un cámara contratados especialmente para la ocasión registrarán todos los movimientos. Un coro recuerda que es una misa especial. Los vecinos se han acercado a ver el ambiente y, también, a tomar nota de cómo van unos y otros.
Pese a que todos están de acuerdo en que se ha convertido en un desatino, celebrar este día conlleva un gasto para la familia en absoluto despreciable. Algo que saben de sobra en las entidades de crédito, acostumbradas a que suban, por estas fechas, las peticiones de créditos personales. Con ellos se hace frente al esfuerzo económico que supone el festejo.
Un evento que tiene mucho de convencional. Al párroco del Alto de Maliaño la experiencia le dice que, el año próximo, serán pocos los niños que sigan al pie del cañón. La catequesis se prolonga un curso más, aunque una vez cumplido el gran objetivo de la primera comunión, sólo la mitad de los 14 niños que ayer comulgaron continuarán asistiendo semanalmente a la iglesia. Está asumido y descontado que muchos se desinflarán.
En los tres años que ha durado la catequesis, el sacerdote ha tratado de ir concienciando a los padres de que no debe acabarse la formación religiosa en este día. Con mucha mano izquierda, les ha ido haciendo ver las incoherencias que se cometen. Les ha pedido sencillez en los detalles e, incluso, recomendado que los niños fueran vestido de calle «y no disfrazados». Y, para evitar que la iglesia se convirtiera en una romería de fotógrafos, puso de acuerdo a las familias para que se contratara un único profesional, una práctica habitual en muchos templos.
Tipos de familias
Los catequistas comentan que ellos suelen ver tres tipos de familias. Las primeras viven el cristianismo sinceramente y la primera comunión es un hito natural en el proceso de educación en la fé del hijo, que no empieza con este día y tampoco termina en él.
Un segundo gran grupo sería el formado por las familias que «han dimitido» de lo religioso, «pero que te ponen al niño en la parroquia para que se le eduques, porque están preocupados por los valores en que debe crecer el pequeño».
Finalmente estarían «los que han renunciado a cualquier tipo de creencia religiosa e, incluso, están en contra de la Iglesia, a la que critican abiertamente. Estos te mandan a los hijos por la presión social, porque la comunión es algo que hay que hacer». Y para poder organizar un sarao.
«Seguir la tradición»
Pedro Manuel Zurera y Michelle Marín se inscribirían en el segundo grupo: son cristianos, «no somos muy practicantes. Pero la niña quiere hacer la primera comunión y a nosotros nos parece bien seguir la tradición». Zurera cree que su hija iba ayer a la iglesia muy ilusionada, «sabiendo el significado del paso» que daba, aunque «un poco saturada de tanta catequesis. Yo creo que el proceso, al final, se hace un poco largo. No me extraña que los críos se nieguen a ir al año siguiente, porque acaban algo cansados».
Con infinitas variaciones, la historia de Rocío es la de cientos de niños y niñas que estas semanas de mayo y junio están comulgando por vez primera. En su caso, el desembolso ha pasado, de largo, de los 3.000 euros. En primera fila, los suyos no ocultaban la emoción. Su madre, Michelle, llevaba hecha un flan al menos 15 días. «Le voy a dar una tortilla de valiums», bromeaba unas fechas antes su marido. PEDAZO DE IMBECIL EL MARIDO
A ambos, el acontecimiento les hacía mucha ilusión por que les suponía retroceder tres décadas en el calendario, hasta su propia fiesta. Lo que ya no le hace tanta gracia al padre de Rocío es «la locura» en que se ha convertido esta celebración. Zurera reservó el restaurante con un año de antelación, «o sea, como si fuera una boda». Tras la Navidad, por un problema de entendimiento con el primer sitio elegido, se trasladó el banquete a la Hostería de Boo, donde ayer hubo otras dos comuniones más. La de Rocío era la que más abultaba, con 40 invitados adultos y ocho niños.
Hace ya días que empezó el goteo de regalos, otro capítulo a tener en cuenta. Sus padres le regalaron el ordenador y, de antemano, la niña había recibido un discman, una bicicleta, la muñeca clásica de recuerdo y una gargantilla de plata. Ayer mismo 'cayeron' el libro blanco de la primera comunión, la 'Gameboy', un reloj, ropa y dinero, así como unos cubiertos de plata con su nombre grabado.
Rocío tomó la comunión vestida de rosa. Tras la ceremonia, se puso el vestido de primera comunión blanco clásico, que acabó la jornada manchado de helado. Estaba agotada, y tan feliz que era incapaz de decir qué era lo que más le había gustado del día. «Todo», comentaba sin poder elegir. Sí señalaba lo que no le había gustado nada, nada: «el vino de la misa, que sabía fatal».
https://www.eldiariomontanes.es/pg050523/prensa/noticias/Cantabria/200505/23/DMO-CAN-000.html
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Cada día estoy mas desencantado con la sociedad, me da autentico asco!
yo el dia de la comunion ,si me descuido, ni me levantan de la cama!
que pena :(