b. gillespie
Asiduo
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- 25 Nov 2004
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Era una noche de verano, con el cielo plagado de estrellas de luz ténue, y una luna casi imperceptible. De fondo se oía el vago silbar del viento, escaso y caliente, y el ruido provocado por los insectos que reptaban por el maltrecho cesped del jardín. Estaba yo sentado en un sillón situado en la parte alta del porche, con los ojos cerrados y escuchando la música que salía de un viejo aparato de música, sonaban los New Orleans Rhythn Kings, Glen Miller y como no, el gran Amstrong.
Hacía algunos meses, que ya no podía dormir, situación a la que ya me había acostumbrado. Vivir sin pena ni gloria, sin esperanza, anestesiado de forma natural, y artificial. La química se movía dentro de mí surcando mis venas como un surfista. Se podía ver desde el porche, algunos árboles secos debido al calor, un naranjero y pequeños olivares. En ese momento pude ver como los árboles se movían torpemente, envueltos en una gran bola de luz. Sobresaltado me levante, bajé los dos escalones para llegar a la altura del cesped, caminé hacia aquellos árboles que caminaban alejándose de mí. Caí, y de repente pude escuchar como una voz fría y entrecortada me ordenaba a volver a mi sillón del porche, a alejarme de aquellos arbustos con capacidad de movimiento. En un gran esfuerzo, ya que quedé mudo al caer, esbocé torpemente "pero, alejarme de qué?". La voz me contestó que sólo me alejara de aquella luz cegadora, que la luz no era para mí.
Tengo que intentar conseguir dormir, para así no estar en penumbras. Para así dejarme atrapar por completo por la oscuridad, ya que la luz no es para mí.
Hacía algunos meses, que ya no podía dormir, situación a la que ya me había acostumbrado. Vivir sin pena ni gloria, sin esperanza, anestesiado de forma natural, y artificial. La química se movía dentro de mí surcando mis venas como un surfista. Se podía ver desde el porche, algunos árboles secos debido al calor, un naranjero y pequeños olivares. En ese momento pude ver como los árboles se movían torpemente, envueltos en una gran bola de luz. Sobresaltado me levante, bajé los dos escalones para llegar a la altura del cesped, caminé hacia aquellos árboles que caminaban alejándose de mí. Caí, y de repente pude escuchar como una voz fría y entrecortada me ordenaba a volver a mi sillón del porche, a alejarme de aquellos arbustos con capacidad de movimiento. En un gran esfuerzo, ya que quedé mudo al caer, esbocé torpemente "pero, alejarme de qué?". La voz me contestó que sólo me alejara de aquella luz cegadora, que la luz no era para mí.
Tengo que intentar conseguir dormir, para así no estar en penumbras. Para así dejarme atrapar por completo por la oscuridad, ya que la luz no es para mí.
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