Por motivos de alta hostiabilidad dignos de capítulo monográfico de una emisión de IMPACTO TOTAL de AntenaGñe allá en los '90, hará un tiempo me vi en el triste y penoso trance de tener que acudir a sesiones de rehabilitación del hombro y articulaciones aledañas (cuando lo evidentemente urgente eran otro tipo de rehabilitaciones que no vienen aquí a capítulo) a una puta mutua laboral, convirtiéndose de facto en la experiencia más parecida en toda mi vida a ir a ver pollas (yo para eso ya tengo el foro) a un ginlasiun.
El caso es que la cosa se alargó bastante en el tiempo, alguna operación quirúrgica más que cayó tras la primera (no aprovecharon para ponerme tetas, y mira que me arrepiento) y entre tanto a perder el tiempo DIARIAMENTE de lunes a viernes a la puta mutua de los cojones.
Allí descubrí, para sorpresa de nadie, que absolutamente todas las personas que allí "trabajaban" eran la verdadera definición de HIJOSDELAGRANDISIMAPUTA.
Y hete ahí que una de aquellas tardes (sí, estratégicamente te joden la siesta, crimen de lesa humanidad y eso que yo soy incapaz de echarla) se me inflaron casi tanto los cojones como los putos intestinos.
Venía yo de calzarme unos buenos platos de alubia de Tolosa con bien de berza con su refritazo de ajo y guindillas, acompañado como es OBLIGATORIO de sus sacramentos en forma de chorizo de Arbizu, morcilla de cebolla y puerro de Beasain, mondeju de Zaldibia y un pequeño extra de postre de costillaca de ternera a la parrilla. Todo ello con la bota Las Tres ZZZ de Pamplona bien barrigona al sentarme a la mesa y que adelgazó hasta enmagrecerse al levantarme, tirar la servilleta bien guarra a la mesa y tirarme la primera flatulencia de las muchas y bienvenidas que se iban arrumbando camino a Xanadú.
Y fue esa misma tarde, decía, cuando vi claro que aquella condena de tener que acudir a aquel infierno en la Tierra podía ser también una oportunidad de despertar en mí unos aires de libertad inusitados en alguien tan despreocupado y carente de conciencia crítica en ese tipo de cuestiones políticas como yo lo habia sido hasta entonces (a ver, digo aires como licencia poética, realmente son gases y no muy nobles, puedo asegurarlo).
Cercenar libertades y sustraer un derecho universal como es la sobremesa pa dormir o para hacer lo que a uno salga de los huevos, no les iba a salir gratis a esa banda de sinvergüenzas a sueldo de la CEOE (Algún otro día si me animo hablaré también de los sindicatos, bueno de uno: LAB).
Así que me dirigí por vez primera tras muchas tardes de omisión hacia el WC del centro en cuestión. Detallar que en el mismo conjunto estaban todas las dependencias, tanto de gimnasio de rehab, consultas médicas, enfermería y por supuesto de administración, donde entre una cosa y otra se juntarían unas 15 personas (más la carne de cañón que íbamos a galeras), peeeeeerooooo yo me dirigí silencioso como hurón de Conan hacia el WC de uso exclusivo de los allí empleades.
Con una malicia nonata en un alma pura y cándida como la mía, pero sobrevenida por el devenir de los acontecimientos, procedi sin pensarlo dos veces en acceder al baño, que a pesar de soportar un casi constante ir y venir de ambos sexos de los torturadores empleados de la mutua, llevaba un rótulo de CABALLEROS (qué insulto llamarlo así en un antro como aquel) y transmutado súbitamente en Ninja de la mierda, en Monje Shaolin del salpicón calentorro, desfogué sin contemplaciones toda la furia e ira del chup-chup (gracias, pakilla) de las horas de remojo y cocción de la santa legumbre tolosana, auténtica Perla Negra y que tan feliz me hace con su ingesta. Hay que hacer referencia que toda legumbre lleva doble cocción, la de la olla primeramente, y la de las tripas, donde rugen por dos veces: de apetito al verlas llegar al plato y de ansias cuando salen gritando su libertad.
La madre de todos los potajes salió disparada por mi culo, a saber la cuenta: núcleo, melenas y gotelé, y no daré más detalles porque fue tal el nivel de experiencia religiosa que sería tan absurdo como intentar teologizar con alguna eminencia de lo sagrado como el pana Trujanán siendo interpelado por un Edelgais de la vida que no pasa de sisar del cepillo en misa siendo monaguillo vitalicio.
Pero bueno, que os hacéis a la idea, tampoco hace falta oler a Santidad para alcanzar ese entendimiento.
El caso es que diréis "y qué coño quiere contarnos de especial este subnormal, va un día y caga en el wc, dónde está el puto secreto, GILIPOLLAS?"
Y diriais bien si no fuese porque acompaño modelo de croquis de cómo se sucedió eñ hecho que os he relatado (en rojo la zona donde se depósito el fruto de mi vientre, en verde la zona donde no se hizo nada de nada).
Ver el archivos adjunto 217460