[RETARDS] Cagar en la calle ¿Puede convertirse en un vicio o mal hábito?

Eso de cagar y mear en la calle está muy feo. Las personas con clase y sentido del civismo lo hacemos en parques, ocultos tras arbustos después de comprobar que nadie nos ha visto meternos ahí. Así también ayudamos a mantener esa tierra bien abonada.
 
Los relatos están bien, un recurrente recurso poético del PL
Empero se echan en falta documentos gráficos que sustenten las narraciones.

Por lo que a mí respecta, un servidor , que es un afamado caganet PL, estoy en horas bajas, Después del acaso veraniego de tener que generar un Vinicio en Terelandia un día que salí con la bici, pues nada, todo en WCs normales, muy normie todo.

K#rma y cacas de hoy
 
Los relatos están bien, un recurrente recurso poético del PL
Empero se echan en falta documentos gráficos que sustenten las narraciones.

Por lo que a mí respecta, un servidor , que es un afamado caganet PL, estoy en horas bajas, Después del acaso veraniego de tener que generar un Vinicio en Terelandia un día que salí con la bici, pues nada, todo en WCs normales, muy normie todo.

K#rma y cacas de hoy
Pues tengo muy buen material en lo tocante a ñordis. De hecho estoy fraguando el hilo del Coproarte, una multidisciplina que engloba desde consejos nutricionales hasta psicología, interpretación de heces, arte holístico... Ahora que tengo mi inodoro con bandeja de inspección fecal, no tengo excusa, la verdad. Saber que es usthez un buen aficionado me incentiva, es un acicate para montar el hilo del Coproarte, no voy a negarlo
 
Pues tengo muy buen material en lo tocante a ñordis. De hecho estoy fraguando el hilo del Coproarte, una multidisciplina que engloba desde consejos nutricionales hasta psicología, interpretación de heces, arte holístico... Ahora que tengo mi inodoro con bandeja de inspección fecal, no tengo excusa, la verdad. Saber que es usthez un buen aficionado me incentiva, es un acicate para montar el hilo del Coproarte, no voy a negarlo
Pues nada, ponte a la tarea.
Recuerdo un giligif que hice hace lustros de una soberbia cagada del pana @El Cabezas sobre ladrillo. Una obra de harte PL

Kkarma
 
Esto me hace recordar un video que vi una vez. Fue en la tv, pero no recuerdo canal ni programa. Era un video totalmente amateur, grabado con el movis. Resulta que una chica entraba en un super, creo que no había nadie más adentro, lo cual hace suponer que de alguna manera se coló, estando el establecimiento cerrado, ni idea de cómo. La chica iba acompañada por algún amiguete, o amiguita, que se dedicaba a grabar, y tal vez alguno más.

El caso es que la chica corre buscando un rincón en el establecimiento donde poder aliviarse. Teniendo en cuenta la temática del hilo, se puede intuir cual será el final, pero en aquel momento, lo que yo y todos esperábamos es que la chica meara. Pero cual fue mi sorpresa cuando veo que en vez de mear, la tipa expulsa todo el paladín a la taza, diarrea total. La verdad es que lo que hubiera podido ser algo morboso, se convirtió más bien en algo asqueroso. Quizás no para todo el mundo, ya que hay gustos para todo, incluyendo amantes de lo escatológico.
 
¿Qué tal, amigos? Andaba yo esta mañana andurreando por la sierra con el perrete, aprovechando las fiestas en honor al generalísimo, en esas que en una subida noté que la barriga empezaba a rugir. No soy de cagar fuera de casa, intenté tranquilizarme y lanzar consignas relajantes a mis intestinos para que como, otras tantas veces, hiciesen un buen trabajo en equipo aguantando el zurrón lleno de chocolate.

Bien, todo parecía indicar que en esta ocasión el resultado no sería distinto, entonces empecé a disfrutar de las hierbecillas que van saliendo, encontré algunos espárragos salientes ante el rocío y los livianos rayos del sol. En esas que me agacho tras haber apartado hacia un lateral una esparraguera con mi bota y tremendo retortijón, bufff, de esos que, al igual que el relámpago previo a la sucesión de un trueno rápido que avisa que la tormenta está encima, sabes que hay que vaciar ya irremediablemente. Oteé el horizonte buscando un cómplice en forma de hoja suave y de cierta proporción, era una cuestión rápida, no podía esperar mucho, solo vi varios acebuches, no daban el tamaño obviamente y una higuera, no estaba dispuesto a irritarme la mucosa anal. Velozmente me quité la mochila de la espalda y eché un rastreo a mis pertenencias, ningún pañuelo o servilleta, menos un rollo de papel, joder nada. Abrí un bolsillo pequeño y tachán, había un papelito bien doblado, lo abrí rápidamente y comprobé que era el recibo de hace unos días del pago de mi gimlasio. A todo esto me percaté de que los ojos de mi cánido se posaron en mi, se percató de mi nerviosismo y me contemplaba bien alerta, solté la mochila unos metros atrás y me dirigí cerca de la higuera, entre ella y un acebuche vi el sitio ideal para esos segundos satisfactorios y de tranquilidad, pero no iba a ser así. Mi fiel perrete me siguió alarmado, trataba de espantarlo vociferando y con aspavientos mientras estaba en posición de hacer de vientre, temi perder el equilibrio, reaccionó reculando, conseguí relajarme brevemente mientras noté como empezaba a salir el churro, lo bueno que tiene cagar en el campo es que ante la falta de contaminación ambiental puedes escuchar profundamente esos pequeños graznidos que sueltan los esfínteres al relajarse, después de soltarla la meadita de rigor y joder, hamijos, que puta sensación de paz, la gente se siente mal por no follar pero cagar con ganas y más mientras profanas un territorio ajeno al de casa es un orgasmo, una victoria moral. Agarré el papelito y me limpié el ojal como buenamente pude y lo dejé cerca de mi creación.

Al principio no le eché foto, a la vuelta me acordé de esta mierda de hilo y creí que era bueno documentarlo, por el foro. No es que sea un señor mierdón, he parido mierdas que no desmerecen a algunas plastas de confitería, pero no todos los días se caga una mierda con aspecto arcilloso y sobre todo dada la factura en el lugar del crimen, con nombre y apellidos, amigos.

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Editado cobardemente:
¿Qué tal, amigos? Andaba yo esta mañana andurreando por la sierra con el perrete, aprovechando las fiestas en honor al generalísimo, en esas que en una subida noté que la barriga empezaba a rugir. No soy de cagar fuera de casa, intenté tranquilizarme y lanzar consignas relajantes a mis intestinos para que como, otras tantas veces, hiciesen un buen trabajo en equipo aguantando el zurrón lleno de chocolate.

Bien, todo parecía indicar que en esta ocasión el resultado no sería distinto, entonces empecé a disfrutar de las hierbecillas que van saliendo, encontré algunos espárragos salientes ante el rocío y los livianos rayos del sol. En esas que me agacho tras haber apartado hacia un lateral una esparraguera con mi bota y tremendo retortijón, bufff, de esos que, al igual que el relámpago previo a la sucesión de un trueno rápido que avisa que la tormenta está encima, sabes que hay que vaciar ya irremediablemente. Oteé el horizonte buscando un cómplice en forma de hoja suave y de cierta proporción, era una cuestión rápida, no podía esperar mucho, solo vi varios acebuches, no daban el tamaño obviamente y una higuera, no estaba dispuesto a irritarme la mucosa anal. Velozmente me quité la mochila de la espalda y eché un rastreo a mis pertenencias, ningún pañuelo o servilleta, menos un rollo de papel, joder nada. Abrí un bolsillo pequeño y tachán, había un papelito bien doblado, lo abrí rápidamente y comprobé que era el recibo de hace unos días del pago de mi gimlasio. A todo esto me percaté de que los ojos de mi cánido se posaron en mi, se percató de mi nerviosismo y me contemplaba bien alerta, solté la mochila unos metros atrás y me dirigí cerca de la higuera, entre ella y un acebuche vi el sitio ideal para esos segundos satisfactorios y de tranquilidad, pero no iba a ser así. Mi fiel perrete me siguió alarmado, trataba de espantarlo vociferando y con aspavientos mientras estaba en posición de hacer de vientre, temi perder el equilibrio, reaccionó reculando, conseguí relajarme brevemente mientras noté como empezaba a salir el churro, lo bueno que tiene cagar en el campo es que ante la falta de contaminación ambiental puedes escuchar profundamente esos pequeños graznidos que sueltan los esfínteres al relajarse, después de soltarla la meadita de rigor y joder, hamijos, que puta sensación de paz, la gente se siente mal por no follar pero cagar con ganas y más mientras profanas un territorio ajeno al de casa es un orgasmo, una victoria moral. Agarré el papelito y me limpié el ojal como buenamente pude y lo dejé cerca de mi creación.

Al principio no le eché foto, a la vuelta me acordé de esta mierda de hilo y creí que era bueno documentarlo, por el foro. No es que sea un señor mierdón, he parido mierdas que no desmerecen a algunas plastas de confitería, pero no todos los días se caga una mierda con aspecto arcilloso y sobre todo dada la factura en el lugar del crimen, con nombre y apellidos, amigos.

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Después de leer esto, el que no esté deseando ir al monte a cagar es que no es persona. Este relato invita a ello
 
¿Qué tal, amigos? Andaba yo esta mañana andurreando por la sierra con el perrete, aprovechando las fiestas en honor al generalísimo, en esas que en una subida noté que la barriga empezaba a rugir. No soy de cagar fuera de casa, intenté tranquilizarme y lanzar consignas relajantes a mis intestinos para que como, otras tantas veces, hiciesen un buen trabajo en equipo aguantando el zurrón lleno de chocolate.

Bien, todo parecía indicar que en esta ocasión el resultado no sería distinto, entonces empecé a disfrutar de las hierbecillas que van saliendo, encontré algunos espárragos salientes ante el rocío y los livianos rayos del sol. En esas que me agacho tras haber apartado hacia un lateral una esparraguera con mi bota y tremendo retortijón, bufff, de esos que, al igual que el relámpago previo a la sucesión de un trueno rápido que avisa que la tormenta está encima, sabes que hay que vaciar ya irremediablemente. Oteé el horizonte buscando un cómplice en forma de hoja suave y de cierta proporción, era una cuestión rápida, no podía esperar mucho, solo vi varios acebuches, no daban el tamaño obviamente y una higuera, no estaba dispuesto a irritarme la mucosa anal. Velozmente me quité la mochila de la espalda y eché un rastreo a mis pertenencias, ningún pañuelo o servilleta, menos un rollo de papel, joder nada. Abrí un bolsillo pequeño y tachán, había un papelito bien doblado, lo abrí rápidamente y comprobé que era el recibo de hace unos días del pago de mi gimlasio. A todo esto me percaté de que los ojos de mi cánido se posaron en mi, se percató de mi nerviosismo y me contemplaba bien alerta, solté la mochila unos metros atrás y me dirigí cerca de la higuera, entre ella y un acebuche vi el sitio ideal para esos segundos satisfactorios y de tranquilidad, pero no iba a ser así. Mi fiel perrete me siguió alarmado, trataba de espantarlo vociferando y con aspavientos mientras estaba en posición de hacer de vientre, temi perder el equilibrio, reaccionó reculando, conseguí relajarme brevemente mientras noté como empezaba a salir el churro, lo bueno que tiene cagar en el campo es que ante la falta de contaminación ambiental puedes escuchar profundamente esos pequeños graznidos que sueltan los esfínteres al relajarse, después de soltarla la meadita de rigor y joder, hamijos, que puta sensación de paz, la gente se siente mal por no follar pero cagar con ganas y más mientras profanas un territorio ajeno al de casa es un orgasmo, una victoria moral. Agarré el papelito y me limpié el ojal como buenamente pude y lo dejé cerca de mi creación.

Al principio no le eché foto, a la vuelta me acordé de esta mierda de hilo y creí que era bueno documentarlo, por el foro. No es que sea un señor mierdón, he parido mierdas que no desmerecen a algunas plastas de confitería, pero no todos los días se caga una mierda con aspecto arcilloso y sobre todo dada la factura en el lugar del crimen, con nombre y apellidos, amigos.

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Bien, todo parecía indicar que en esta ocasión el resultado no sería distinto, entonces empecé a disfrutar de las hierbecillas que van saliendo, encontré algunos espárragos salientes ante el rocío y los livianos rayos del sol. En esas que me agacho tras haber apartado hacia un lateral una esparraguera con mi bota y tremendo retortijón, bufff, de esos que, al igual que el relámpago previo a la sucesión de un trueno rápido que avisa que la tormenta está encima, sabes que hay que vaciar ya irremediablemente. Oteé el horizonte buscando un cómplice en forma de hoja suave y de cierta proporción, era una cuestión rápida, no podía esperar mucho, solo vi varios acebuches, no daban el tamaño obviamente y una higuera, no estaba dispuesto a irritarme la mucosa anal. Velozmente me quité la mochila de la espalda y eché un rastreo a mis pertenencias, ningún pañuelo o servilleta, menos un rollo de papel, joder nada. Abrí un bolsillo pequeño y tachán, había un papelito bien doblado, lo abrí rápidamente y comprobé que era el recibo de hace unos días del pago de mi gimlasio. A todo esto me percaté de que los ojos de mi cánido se posaron en mi, se percató de mi nerviosismo y me contemplaba bien alerta, solté la mochila unos metros atrás y me dirigí cerca de la higuera, entre ella y un acebuche vi el sitio ideal para esos segundos satisfactorios y de tranquilidad, pero no iba a ser así. Mi fiel perrete me siguió alarmado, trataba de espantarlo vociferando y con aspavientos mientras estaba en posición de hacer de vientre, temi perder el equilibrio, reaccionó reculando, conseguí relajarme brevemente mientras noté como empezaba a salir el churro, lo bueno que tiene cagar en el campo es que ante la falta de contaminación ambiental puedes escuchar profundamente esos pequeños graznidos que sueltan los esfínteres al relajarse, después de soltarla la meadita de rigor y joder, hamijos, que puta sensación de paz, la gente se siente mal por no follar pero cagar con ganas y más mientras profanas un territorio ajeno al de casa es un orgasmo, una victoria moral. Agarré el papelito y me limpié el ojal como buenamente pude y lo dejé cerca de mi creación.

Al principio no le eché foto, a la vuelta me acordé de esta mierda de hilo y creí que era bueno documentarlo, por el foro. No es que sea un señor mierdón, he parido mierdas que no desmerecen a algunas plastas de confitería, pero no todos los días se caga una mierda con aspecto arcilloso y sobre todo dada la factura en el lugar del crimen, con nombre y apellidos, amigos.

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Cagar en el campo es lo mejor. Yo últimamente lo hago siempre que salgo.

Por cierto, es de primero de campología llevar pañuelos o papel del water para tal menester, al igual que navaja y otros aperos, así que ya sabes.
 
@Sonic88 eso de llevar mochila sin pañuelos...

Ya dije que no soy de cagar fuera, siempre suelo salir con el canasto vacío, pero está vez se presentó así la ocasión. Ya tengo algún que otro vicio siniestro, no quiero que la filia a soltar el muñeco de barro fuera se una.
 
Por motivos de alta hostiabilidad dignos de capítulo monográfico de una emisión de IMPACTO TOTAL de AntenaGñe allá en los '90, hará un tiempo me vi en el triste y penoso trance de tener que acudir a sesiones de rehabilitación del hombro y articulaciones aledañas (cuando lo evidentemente urgente eran otro tipo de rehabilitaciones que no vienen aquí a capítulo) a una puta mutua laboral, convirtiéndose de facto en la experiencia más parecida en toda mi vida a ir a ver pollas (yo para eso ya tengo el foro) a un ginlasiun.

El caso es que la cosa se alargó bastante en el tiempo, alguna operación quirúrgica más que cayó tras la primera (no aprovecharon para ponerme tetas, y mira que me arrepiento) y entre tanto a perder el tiempo DIARIAMENTE de lunes a viernes a la puta mutua de los cojones.

Allí descubrí, para sorpresa de nadie, que absolutamente todas las personas que allí "trabajaban" eran la verdadera definición de HIJOSDELAGRANDISIMAPUTA.

Y hete ahí que una de aquellas tardes (sí, estratégicamente te joden la siesta, crimen de lesa humanidad y eso que yo soy incapaz de echarla) se me inflaron casi tanto los cojones como los putos intestinos.
Venía yo de calzarme unos buenos platos de alubia de Tolosa con bien de berza con su refritazo de ajo y guindillas, acompañado como es OBLIGATORIO de sus sacramentos en forma de chorizo de Arbizu, morcilla de cebolla y puerro de Beasain, mondeju de Zaldibia y un pequeño extra de postre de costillaca de ternera a la parrilla. Todo ello con la bota Las Tres ZZZ de Pamplona bien barrigona al sentarme a la mesa y que adelgazó hasta enmagrecerse al levantarme, tirar la servilleta bien guarra a la mesa y tirarme la primera flatulencia de las muchas y bienvenidas que se iban arrumbando camino a Xanadú.

Y fue esa misma tarde, decía, cuando vi claro que aquella condena de tener que acudir a aquel infierno en la Tierra podía ser también una oportunidad de despertar en mí unos aires de libertad inusitados en alguien tan despreocupado y carente de conciencia crítica en ese tipo de cuestiones políticas como yo lo habia sido hasta entonces (a ver, digo aires como licencia poética, realmente son gases y no muy nobles, puedo asegurarlo).
Cercenar libertades y sustraer un derecho universal como es la sobremesa pa dormir o para hacer lo que a uno salga de los huevos, no les iba a salir gratis a esa banda de sinvergüenzas a sueldo de la CEOE (Algún otro día si me animo hablaré también de los sindicatos, bueno de uno: LAB).

Así que me dirigí por vez primera tras muchas tardes de omisión hacia el WC del centro en cuestión. Detallar que en el mismo conjunto estaban todas las dependencias, tanto de gimnasio de rehab, consultas médicas, enfermería y por supuesto de administración, donde entre una cosa y otra se juntarían unas 15 personas (más la carne de cañón que íbamos a galeras), peeeeeerooooo yo me dirigí silencioso como hurón de Conan hacia el WC de uso exclusivo de los allí empleades.

Con una malicia nonata en un alma pura y cándida como la mía, pero sobrevenida por el devenir de los acontecimientos, procedi sin pensarlo dos veces en acceder al baño, que a pesar de soportar un casi constante ir y venir de ambos sexos de los torturadores empleados de la mutua, llevaba un rótulo de CABALLEROS (qué insulto llamarlo así en un antro como aquel) y transmutado súbitamente en Ninja de la mierda, en Monje Shaolin del salpicón calentorro, desfogué sin contemplaciones toda la furia e ira del chup-chup (gracias, pakilla) de las horas de remojo y cocción de la santa legumbre tolosana, auténtica Perla Negra y que tan feliz me hace con su ingesta. Hay que hacer referencia que toda legumbre lleva doble cocción, la de la olla primeramente, y la de las tripas, donde rugen por dos veces: de apetito al verlas llegar al plato y de ansias cuando salen gritando su libertad.

La madre de todos los potajes salió disparada por mi culo, a saber la cuenta: núcleo, melenas y gotelé, y no daré más detalles porque fue tal el nivel de experiencia religiosa que sería tan absurdo como intentar teologizar con alguna eminencia de lo sagrado como el pana Trujanán siendo interpelado por un Edelgais de la vida que no pasa de sisar del cepillo en misa siendo monaguillo vitalicio.
Pero bueno, que os hacéis a la idea, tampoco hace falta oler a Santidad para alcanzar ese entendimiento.

El caso es que diréis "y qué coño quiere contarnos de especial este subnormal, va un día y caga en el wc, dónde está el puto secreto, GILIPOLLAS?"
Y diriais bien si no fuese porque acompaño modelo de croquis de cómo se sucedió eñ hecho que os he relatado (en rojo la zona donde se depósito el fruto de mi vientre, en verde la zona donde no se hizo nada de nada).


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Editado cobardemente:
Por motivos de alta hostiabilidad dignos de capítulo monográfico de una emisión de IMPACTO TOTAL de AntenaGñe allá en los '90, hará un tiempo me vi en el triste y penoso trance de tener que acudir a sesiones de rehabilitación del hombro y articulaciones aledañas (cuando lo evidentemente urgente eran otro tipo de rehabilitaciones que no vienen aquí a capítulo) a una puta mutua laboral, convirtiéndose de facto en la experiencia más parecida en toda mi vida a ir a ver pollas (yo para eso ya tengo el foro) a un ginlasiun.

El caso es que la cosa se alargó bastante en el tiempo, alguna operación quirúrgica más que cayó tras la primera (no aprovecharon para ponerme tetas, y mira que me arrepiento) y entre tanto a perder el tiempo DIARIAMENTE de lunes a viernes a la puta mutua de los cojones.

Allí descubrí, para sorpresa de nadie, que absolutamente todas las personas que allí "trabajaban" eran la verdadera definición de HIJOSDELAGRANDISIMAPUTA.

Y hete ahí que una de aquellas tardes (sí, estratégicamente te joden la siesta, crimen de lesa humanidad y eso que yo soy incapaz de echarla) se me inflaron casi tanto los cojones como los putos intestinos.
Venía yo de calzarme unos buenos platos de alubia de Tolosa con bien de berza con su refritazo de ajo y guindillas, acompañado como es OBLIGATORIO de sus sacramentos en forma de chorizo de Arbizu, morcilla de cebolla y puerro de Beasain, mondeju de Zaldibia y un pequeño extra de postre de costillaca de ternera a la parrilla. Todo ello con la bota Las Tres ZZZ de Pamplona bien barrigona al sentarme a la mesa y que adelgazó hasta enmagrecerse al levantarme, tirar la servilleta bien guarra a la mesa y tirarme la primera flatulencia de las muchas y bienvenidas que se iban arrumbando camino a Xanadú.

Y fue esa misma tarde, decía, cuando vi claro que aquella condena de tener que acudir a aquel infierno en la Tierra podía ser también una oportunidad de despertar en mí unos aires de libertad inusitados en alguien tan despreocupado y carente de conciencia crítica en ese tipo de cuestiones políticas como yo lo habia sido hasta entonces (a ver, digo aires como licencia poética, realmente son gases y no muy nobles, puedo asegurarlo).
Cercenar libertades y sustraer un derecho universal como es la sobremesa pa dormir o para hacer lo que a uno salga de los huevos, no les iba a salir gratis a esa banda de sinvergüenzas a sueldo de la CEOE (Algún otro día si me animo hablaré también de los sindicatos, bueno de uno: LAB).

Así que me dirigí por vez primera tras muchas tardes de omisión hacia el WC del centro en cuestión. Detallar que en el mismo conjunto estaban todas las dependencias, tanto de gimnasio de rehab, consultas médicas, enfermería y por supuesto de administración, donde entre una cosa y otra se juntarían unas 15 personas (más la carne de cañón que íbamos a galeras), peeeeeerooooo yo me dirigí silencioso como hurón de Conan hacia el WC de uso exclusivo de los allí empleades.

Con una malicia nonata en un alma pura y cándida como la mía, pero sobrevenida por el devenir de los acontecimientos, procedi sin pensarlo dos veces en acceder al baño, que a pesar de soportar un casi constante ir y venir de ambos sexos de los torturadores empleados de la mutua, llevaba un rótulo de CABALLEROS (qué insulto llamarlo así en un antro como aquel) y transmutado súbitamente en Ninja de la mierda, en Monje Shaolin del salpicón calentorro, desfogué sin contemplaciones toda la furia e ira del chup-chup (gracias, pakilla) de las horas de remojo y cocción de la santa legumbre tolosana, auténtica Perla Negra y que tan feliz me hace con su ingesta. Hay que hacer referencia que toda legumbre lleva doble cocción, la de la olla primeramente, y la de las tripas, donde rugen por dos veces: de apetito al verlas llegar al plato y de ansias cuando salen gritando su libertad.

La madre de todos los potajes salió disparada por mi culo, a saber la cuenta: núcleo, melenas y gotelé, y no daré más detalles porque fue tal el nivel de experiencia religiosa que sería tan absurdo como intentar teologizar con alguna eminencia de lo sagrado como el pana Trujanán siendo interpelado por un Edelgais de la vida que no pasa de sisar del cepillo en misa siendo monaguillo vitalicio.
Pero bueno, que os hacéis a la idea, tampoco hace falta oler a Santidad para alcanzar ese entendimiento.

El caso es que diréis "y qué coño quiere contarnos de especial este subnormal, va un día y caga en el wc, dónde está el puto secreto, GILIPOLLAS?"
Y diriais bien si no fuese porque acompaño modelo de croquis de cómo se sucedió eñ hecho que os he relatado (en rojo la zona donde se depósito el fruto de mi vientre, en verde la zona donde no se hizo nada de nada).


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En el título del hilo pone bien claro "en la calle"...
 
En el título del hilo pone bien claro "en la calle"...
Bueno, desde donde yo voy, al ir a esos sitios le decimos "bajarse a la calle" ( traducción literal desde la lingua navarrorum). Algunos aún estamos algo asilvestraus.
Y ojo, que también te digo que el wc aquel tenía un ventanuco, y que dada la presión expeletora, no descartaría que algún tropezón besara asfalto y adoquín, en cuyo caso, técnicamente correspondería.

A los que no son de entorno rural, se les denomina "kaletarrak" ("los de la calle").
 
Editado cobardemente:
Lo típico: Me desayuno unos churros con café y luego cago al lado de la parada del bus.
 
Lo típico: Me desayuno unos churros con café y luego cago al lado de la parada del bus.
Pero sentado mientras esperas bajo la marquesina o te bajas los pantalones ahí al lado? Ojo, que si en ese momento llega el bus y te pilla en cuclillas y descamisao lo mismo lo mejor es llevártelo puesto, que además por el olor tampoco te pueden cobrar suplemento por equipaje. No vayas a perderlo y llegar tarde.
 
Editado cobardemente:
Pero sentado mientras esperas bajo la marquesina o te bajas los pantalones ahí al lado? Ojo, que si en ese momento llega el bus y te pilla en cuclillas y descamisao lo mismo lo mejor es llevártelo puesto, que además por el olor tampoco te pueden cobrar suplemento por equipaje. No vayas a perderlo y llegar tarde.
Le cago en la boca a una vieja. Más sencillo, menos complicaciones.
 
Lo mejor de.cagar en la calle, y me refiero en un lugar que en otro momento será transitado, es la huella que dejas, cagas por la noche y ves con una sonrisa al día siguiente como algo que ha salido de ti toma protagonismo, provoca reacciones e irremediablemente la gente tiene que olerlo, que en cierta forma es como acariciarles con el aroma.

La gente torna su gesto y lanza improperios, mientras el hacedor observa todo ello. Debe ser algo parecido, pero en un nivel superior, a aquellas obras de arte que dejan en el gugengain que nadie entiende, pero provocan una reacción
 
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