Creep
Clásico
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- 26 Ago 2004
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Pasó algún tiempo y volví a las andadas.
Esta vez era de Barcelona, una supuesta mujer después de charlar un rato me hizo una proposición un tanto extraña:
Me gustaría que vinieses a tal habitación de tal hotel, entrases, te desnudases, te masturbases, te corrieses en mi cara, te vistieses y te fueras sin hacer ninguna pregunta.
Sonaba demasiado raro, con los cual no me podía negar, de nuevo la intriga era más fuerte que el miedo a encontrarme a 4 negros con ganas de dejarme el culo como un bebedero de patos.
Dejé el encargo a un amigo que le haría una llamada perdida cada media hora. Si fallaba en alguna llamada vendría a buscarme. Aparte de un triste en esa época era un poco lerdo.
Aparqué el coche en el parking del Corte Inglés de Plaza Cataluña, me tomé una cerveza con el amigo en un bar cercano al hotel y subí a la habitación.
La puerta estaba abierta, previa llamada por teléfono a la rarita, me hinqué de rodillas en la cama frente a ella, estaba desnuda y sí, era una mujer, del montón, ni guapa ni fea, de unos 30 años, no estoy muy seguro.
Me desnudé, ya estaba con la polla hasta los dientes, me la pelé y al ver que iba a correrme, me doblé para que no se escapase nada, lefé su cara, entreabrió los labios para que algo cayese dentro.
Lo saboreó, se tocó la cara con los dedos y jugueteó con el veneno.
Me limpié en la colcha, me vestí y no le dije nada.
Había tardado menos de media hora, así que bajé a avisar a mi amigo en persona. Tomamos otra cerveza, se descojonó y nos fuimos.
Esta vez era de Barcelona, una supuesta mujer después de charlar un rato me hizo una proposición un tanto extraña:
Me gustaría que vinieses a tal habitación de tal hotel, entrases, te desnudases, te masturbases, te corrieses en mi cara, te vistieses y te fueras sin hacer ninguna pregunta.
Sonaba demasiado raro, con los cual no me podía negar, de nuevo la intriga era más fuerte que el miedo a encontrarme a 4 negros con ganas de dejarme el culo como un bebedero de patos.
Dejé el encargo a un amigo que le haría una llamada perdida cada media hora. Si fallaba en alguna llamada vendría a buscarme. Aparte de un triste en esa época era un poco lerdo.
Aparqué el coche en el parking del Corte Inglés de Plaza Cataluña, me tomé una cerveza con el amigo en un bar cercano al hotel y subí a la habitación.
La puerta estaba abierta, previa llamada por teléfono a la rarita, me hinqué de rodillas en la cama frente a ella, estaba desnuda y sí, era una mujer, del montón, ni guapa ni fea, de unos 30 años, no estoy muy seguro.
Me desnudé, ya estaba con la polla hasta los dientes, me la pelé y al ver que iba a correrme, me doblé para que no se escapase nada, lefé su cara, entreabrió los labios para que algo cayese dentro.
Lo saboreó, se tocó la cara con los dedos y jugueteó con el veneno.
Me limpié en la colcha, me vestí y no le dije nada.
Había tardado menos de media hora, así que bajé a avisar a mi amigo en persona. Tomamos otra cerveza, se descojonó y nos fuimos.