Sobre amores de juventud, ya defequé aquí mi tristehistoria de Elenita:
A mí me pasó algo parecido con Elenita. Elenita era la niña guapa y rubia de mi clase de EGB. Si os imagináis a una niña rubia de pelo liso y guapa en los 90, ella perfectamente podría haber sido la foto que acompaña a dicha definición en el diccionario. Fue mi amor platónico desde los ¿9 ? hasta los 14, y jamás tuve nada con ella salvo el contacto diario en clase.
Uno de los recuerdos que tengo más vivos fue la celebración de mi cumpleaños, al que invité a toda la clase y ella vino con su prima (amén del resto de amigotes de clase). Y lo recuerdo porque, dentro de las posibilidades, nos...
El amor de juventud que más me ha marcado fue una americana de enormes senos, con la que coincidí en una estancia de investigación en mi trabajo, en una actividad de intercambio de estudiantes. Americana del sur, pero de padres noruegos, antigua competidora de natación y enamorada del buceo en apnea. Ni hecho aposta, vaya.
Durante 15 días de septiembre pasamos de conversaciones banales en mi proto-inglés, a flirteos más o menos intensos a pie de costa. Compartimos trabajo, compartimos buceos en reservas marinas, comidas, cenas y copas a sabiendas que había una fecha límite para aquello que empezaba a crearse entre nosotros.
La última noche, hubo una fiesta con cena al aire libre al lado del mar, borrachera y juegos de beber de españoles contra americanos (dejamos bien alto el pabellón). Semicubierto de canela, acabamos compartiendo un amanecer con una botella de cava, unas miradas intensísimas perdiéndome en sus ojos azul claro, y unos besos furtivos ocultos de las miradas del resto de compañeros. Conversaciones con cierta barrera idiomática, promesas de irla a ver allí (pese a que estaba
engaged), y una despedida que en su momento me pareció romántica.
— That is probably our last kiss.
— Is it? — me dijo con una mirada intensísima que guardo entre terciopelos.
— I’ll cherish it until we meet again*
El resto es absolutamente previsible: intercambio de correos con algunas fotos, en uno de ellos me manda foto con su novio (quaterback de 1'90 rubio clásico americano), la cosa se apaga, correos cada vez más patéticos que ella no responde, y un comentario en su facebook de boda de "
Congratulations: Mike is a very lucky man "
Durante muchos años, todos los septiembres me entristecía mirar la cala de delante de mi trabajo, revisaba las escasas fotos juntos, e incluso soñaba con ella. Pero el tiempo ha ido desgastando su recuerdo (no así las fotos que atesoro todavía); ya no pongo la frase de los planetas "No te echaré de menos en septiembre" en los estados de mis redes sociales, y hace lustros que dejé de buscarla por internet.
El otro día en una radio de éxitos sonó esta canción:
CLICK , artífice de mi frase de despedida* y banda sonora de "lo nuestro" de aquel septiembre. Y me di cuenta, con pena, que hace ya varios años que Rachel no pasa por mi mente, que los septiembres dejaron hace tiempo de ser tristes (o cuanto menos igual de tristes que otros meses), y que aquella alma gemela no es más que otra muesca en mi cinturón. Y me sentí vacío.
Acabo de revisar las fotos que hace ¿décadas? que no miraba, y observo ya con cierta indiferencia uno de los escasos momentos en los que fue total y absolutamente feliz.