En casa Yoko, antiguo putipiso cerrado hace poco más de un año en Bilbao, era habitual que la presentación fuera con dos o tres mozas para que te hicieran un traje de saliva habiéndote dejado previamente en pelotas. De arriba a abajo, por la retaguardia y por la vanguardia. No había intersticio corporal que no fuera escrutado por las beneméritas meretrices. A veces el encuentro eran de unos poco minutos y otras hasta que a la jefa le saliera de su
vucetinha operada de periclitar tan apreciada puesta en escena.
Había otra maniobra de similares prestaciones, que recibía el paradigmático nombre de " el séptimo de caballería". Se suponía que el cliente iba flojo de metralla y necesitaba viagra de brasuca y estando en plena coyunda, allá que te podía aparecer todo el plantel del piso para el cliente. Joder, me acuerdo de una vez que me sacaron al pasillo del piso y conté cinco garotas, en las que yo era el relleno de aquella tortilla de hembras y en mitad del fornicio, clientes que pasaban a mi alrededor viendo la escena. Se suponía que yo debía de tener un máscara para que no te reconocieran, pues esa era la costumbre cuando te estabulaban en el pasillo, pero con tanto culo pa'arriba, una pata pallá y el despiporre de cuerpos que había, tenía yo la puta máscara mirando para Astrabudua... En fin, perdón por el offtopic, pero yo, y tantos foreros ( hay hilo en el foro) , si que podemos decir QUE BIEN NOS LO PASEMOS. Para que luego digan que tiempos pasados no fueron mejores, que el otro día me pidieron cincuenta euros extras por comerle la epligotis a una "nome", ya saben, no me toques así, no me mires así, no me mees así.. porca miseria.