Esta mañana me he sentido impactado y casi sobrecogido al ver a un dauni atollinando a un niño que pasaba por delante suyo y al que probablemente no conocía. Pero un dauni fornido, corpulento, en chándal y con ese peinado moderno con la mofeta acostada en el melón. Luego llevaba una camiseta donde ponía "your mon is my cardio", y estaba a las puertas de un gimnasio moviéndose mucho, como nervioso. Le ha metido un buen coscorrón a un niño que pasaba por allí, que se ha alejado quejumbroso, medio llorando, de unos 10-12 años. Y encima el dauni se ha colocado allí, como un torero, con los brazos abiertos, y le ha dicho al inocente mochacho que si quería más, y le ha mandado callar.
La presencia de tan grotesco personaje me ha hecho pensar de inmediato en la forisma, en los que aquí nos congregamos y que, en teoría, tenemos los cromosomas justos, los que nos corresponden por naturaleza, y es posible que alguno más, pero pese a todo nuestros padres creyeron que éramos personas funcionales y sanas en el momento del alumbramiento. De todos modos, y aun padeciendo discapacidad cognitiva se puede llegar a repartir tollinas, a poner la polla encima de la mesa y ser una especie de sucedáneo de alfa, aunque se tengan partes escacharradas o que funcionen regular por cosa del baile de cromosomas o las patologías mentales adquiridas tras años de abusos y acosos escolares y en el seno de la familia. Como siempre digo, todavía hay esperanza, y es posible tener fe en algo. Ser forero no es el fin, no es como el que pide eutanasia porque es un estorbo, un desecho social al que sale más caro mantenerlo con vida, y dándole una paguita que amoñecarlo y usarlo como abono de macetas. Ni tan mal, oigan.