Este es el Mundial de Florentino. Sin duda. Acertó en todo. Sus grandes fichajes, Cristiano y Kaká, tuvieron un papel cutre. El primero, hiperactivo como siempre, para poco. Y desaparecido, en el ocaso de su carrera, el segundo. Menos mal que Cristiano en el Madrid sí rinde, porque a Kaká pronto lo encontraremos entre los saldos del fútbol. Pero, con su ojo de ser superior, Florentino también se coronó con los dos descartes que le había impuesto a Pellegrini. Robben y Sneijder salieron por la puerta de atrás, a pesar de que el entrenador le había advertido de su calidad. Ambos se carcajearon del presidente del Madrid en sus narices enfrentándose en el Bernabéu por la Champions, tras una campaña excelente. Y, en Sudáfrica, fueron de los mejores. El presidente blanco seguro que disfrutó con la exhibición de la pandilla de la Masía. Tras lo visto, o Mourinho consigue echar a Valdano y a Florentino del club o tiene mala pinta. El Barça, con Villa, y a lo mejor, Cesc, hace los deberes. Hasta ocho jugadores campeones del mundo tendrá sobre el tapete (nueve, con Valdés). Flo ficha a Di María, que pasó como turista por Sudáfrica. Encima, el gol de Puyol a Alemania fue una jugada ensayada en el derbi del 2-6. Menos mal que Casillas lo bordó. Claro que Florentino es conocido por haberse quejado de su portero: «Es que no para una». Y por despedir al entrenador campeón del mundo, Del Bosque, con absoluto desprecio.
Cesar Casal