Es de noche, fría noche de invierno. Te despiertas sin causa aparente y te encuentras cansado después de un día duro, pero no puedes dormir, la cena ha sido demasiado copiosa.
Miras al techo, no hay mucho que ver, y la oscuridad no ayuda a clarificar tu visión somnolienta.
No se escucha ni la respiración de las almas, parece que todo está en calma. Y de fondo, de repente te percatas, reparas en un bum-bum, bum-bum, es tu corazón, estás vivo.
Das una vuelta, dos, pero no puedes dormir, te quedas boca arriba y piensas. Te acuerdas de una conversación que tuviste con un compañero del colegio, eráis buenos amigos, tanto, que nunca llegaste a comprender que no terminase aquel curso de E.G.B. No compredes porqué su vida llegó a su fin tan pronto.
Respiras hondo e intentas cambiar tu pensamiento, siguiendo del tam-tam biológico que continúa sonando en tu interior llegas a otro recuerdo, este es de aquel día que estabas en esa fiesta, con todos tus amigos, reíais, bebíais y os sentíais eufóricos. Estabas empezando a descubrir el mundo de la noche y el mundo era todo para ti.
Han pasado muchas como esa, y el mundo sigue girando, pero ya no lo miras con el hambre de antaño.
Te da un pinchazo leve en el muslo, y reparas en ese familiar que se encuentra en el hospital con problemas de salud, te preocupa. No has tenido mucho trato con el, pero parece que cuando alguien anuncia que se marcha, te entran las ganas de contarle todas las cosas que no le dijiste mientras se encontraba a tu lado.
Parece que la cena ya no pesa y mientras pasa, te viene a la mente la ilusión que daba ver los regalos la mañana de reyes, o las ganas que tenías el día de tu cumpleaños de que llegaran tus invitados, regalandote lo mejor que se le puede dar a un niño, ilusión, alegría y felicidad.
Esas cosas, tan díficiles de conseguir ahora, cuando lo único que logra algo de deseo por tu parte es la llegada de un puente o la devolución de hacienda.
Ha debido de pasar un buen rato, y el bum-bum ya no capta tu atención, de hecho ya no tenías los ojos abiertos, ya no piensas, no recuerdas, ya no haces tiempo para nada, tan sólo duermes.
Miras al techo, no hay mucho que ver, y la oscuridad no ayuda a clarificar tu visión somnolienta.
No se escucha ni la respiración de las almas, parece que todo está en calma. Y de fondo, de repente te percatas, reparas en un bum-bum, bum-bum, es tu corazón, estás vivo.
Das una vuelta, dos, pero no puedes dormir, te quedas boca arriba y piensas. Te acuerdas de una conversación que tuviste con un compañero del colegio, eráis buenos amigos, tanto, que nunca llegaste a comprender que no terminase aquel curso de E.G.B. No compredes porqué su vida llegó a su fin tan pronto.
Respiras hondo e intentas cambiar tu pensamiento, siguiendo del tam-tam biológico que continúa sonando en tu interior llegas a otro recuerdo, este es de aquel día que estabas en esa fiesta, con todos tus amigos, reíais, bebíais y os sentíais eufóricos. Estabas empezando a descubrir el mundo de la noche y el mundo era todo para ti.
Han pasado muchas como esa, y el mundo sigue girando, pero ya no lo miras con el hambre de antaño.
Te da un pinchazo leve en el muslo, y reparas en ese familiar que se encuentra en el hospital con problemas de salud, te preocupa. No has tenido mucho trato con el, pero parece que cuando alguien anuncia que se marcha, te entran las ganas de contarle todas las cosas que no le dijiste mientras se encontraba a tu lado.
Parece que la cena ya no pesa y mientras pasa, te viene a la mente la ilusión que daba ver los regalos la mañana de reyes, o las ganas que tenías el día de tu cumpleaños de que llegaran tus invitados, regalandote lo mejor que se le puede dar a un niño, ilusión, alegría y felicidad.
Esas cosas, tan díficiles de conseguir ahora, cuando lo único que logra algo de deseo por tu parte es la llegada de un puente o la devolución de hacienda.
Ha debido de pasar un buen rato, y el bum-bum ya no capta tu atención, de hecho ya no tenías los ojos abiertos, ya no piensas, no recuerdas, ya no haces tiempo para nada, tan sólo duermes.

