Tengo colegas latinoamericanas y todas coinciden en que prefieren, generalizando, a un español que a un compatriota. Me cuentan que allí, en su cultura, lo normal es ir muy poco a poco con las chicas, que si un baile, una cena, unas copas, pero todo ésto repartido en meses, para finalmente pedirle salir y besarla y frotamientos lúdicos y demás. Luego cuando ya es una relaciçon afianzada, todas coinciden en que el tío empieza a pasar de la chica, le prohíbe salir, él hace lo que le da la gana y ellas recordando los primeros meses aguantan en plan sumisas y tontas.
Me comentaban que los españoles son más fríos pero más sinceros, ¿que un polvo de una noche? Guay, porque al parecer allí un polvo de una noche está muy mal visto y que hay que currárselo bastante por ambas partes y que es una pesadez tremenda.
Todo ésto es de oídas, no sé qué opinarán los latinos que ronden por aquí, pero de lo que sí que estoy segura es que el acento argentino me produce arcadas, como cuando utilizas un bote medio lleno de cocacola de cenicero y le das un trago pensando que has echado las colillas al cenicero.