En mi trabajo a veces alguno paga por toda la rabia contenida, por el odio hacia la humanidad que voy atesorando día a día, a veces alguno lo paga y es destruido - algunos de ellos para siempre.
Entonces me siento mejor, me siento poderoso, porque la crueldad es el arma de los poderosos.
Pero eso sólo sucede a veces, el resto del tiempo intento dibujar una sonrisa de indiferencia en la cara, pero sólo me queda un rictus sardónico, mientras tanto negocio vidas que me son tan ajenas como la de un paramecio.