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Necrominia
Guest
Es Bonito recordar, aquellas costumbres de los pueblos de nuestra Piel de Toro.
Esos recuerdos de la niñez cuando caminaba junto a mi idolatrado abuelo y nos reiamos como monos en celo, por que nuestras botitas se escurrian por la sangre que corria como rios de sed por las orillas de los caminos que conducian a mi pueblo.
Esa sangre, es la que daba sentido a toda la fiesta de la matanza del cerdo.
Los niños pagabamos 10 reales por beber un par de coagulos con los que luego haciamos, como risueñas y graciosas canicas que nos hacian pasar las tardes felices y contentos.
Esos dias de fiesta eran, como una bendicion que año tras año se repetia, recuerdo que un dia antes, el 25 de Enero, se juntaban los tullidos e invalidos de la guerra y se realizaba un sorteo, en el que el ganador era sacrificado a pedradas por los mas mayores, que brindaban con jubilo si el ganador era algun rojete de esos que mataban curas y violaban monjas durante la guerra.
A los niños nos dejaban ir al rio a matar peces; cuando estos se escondian en las pozas, debajo de las rocas, les tirabamos piedras encima para que se quedaran aturdidos, luego haciamos fogatas y nos los comiamos todavia vivos por que era tradicion de la gente mayor hacerlo y asi junto a nuestros primeros pitillos, nos ibamos haciendo mayores.
La noche despues de la matanza, todo el pueblo era fiesta y sangre
Se supone que esa sangre es la que daria fertilidad al campo y a las mujeres.
Los gritos de los cerdos empalados deberian de sonar durante 3 dias y 3 noches para, como mandaba la tradicion, que los niños no nacidos tuvieran una buena llegada al cielo.
El dia despues de terminar la fiesta de la matanza era costumbre que los mozalbetes de 18 años, subieran a un monte cercano al molino con las chicas a lamerse los genitales durante horas, comer un poco de queso y beber un poco de buen vino.
Estas costumbres, van desapareciendo de nuestros pueblos, y cuando uno vuelve al pueblo se da cuenta de que ya nada es lo que era y solo le recuerda un poco su niñez ver a algun ahorcado a la ribera del rio.
Esos recuerdos de la niñez cuando caminaba junto a mi idolatrado abuelo y nos reiamos como monos en celo, por que nuestras botitas se escurrian por la sangre que corria como rios de sed por las orillas de los caminos que conducian a mi pueblo.
Esa sangre, es la que daba sentido a toda la fiesta de la matanza del cerdo.
Los niños pagabamos 10 reales por beber un par de coagulos con los que luego haciamos, como risueñas y graciosas canicas que nos hacian pasar las tardes felices y contentos.
Esos dias de fiesta eran, como una bendicion que año tras año se repetia, recuerdo que un dia antes, el 25 de Enero, se juntaban los tullidos e invalidos de la guerra y se realizaba un sorteo, en el que el ganador era sacrificado a pedradas por los mas mayores, que brindaban con jubilo si el ganador era algun rojete de esos que mataban curas y violaban monjas durante la guerra.
A los niños nos dejaban ir al rio a matar peces; cuando estos se escondian en las pozas, debajo de las rocas, les tirabamos piedras encima para que se quedaran aturdidos, luego haciamos fogatas y nos los comiamos todavia vivos por que era tradicion de la gente mayor hacerlo y asi junto a nuestros primeros pitillos, nos ibamos haciendo mayores.
La noche despues de la matanza, todo el pueblo era fiesta y sangre
Se supone que esa sangre es la que daria fertilidad al campo y a las mujeres.
Los gritos de los cerdos empalados deberian de sonar durante 3 dias y 3 noches para, como mandaba la tradicion, que los niños no nacidos tuvieran una buena llegada al cielo.
El dia despues de terminar la fiesta de la matanza era costumbre que los mozalbetes de 18 años, subieran a un monte cercano al molino con las chicas a lamerse los genitales durante horas, comer un poco de queso y beber un poco de buen vino.
Estas costumbres, van desapareciendo de nuestros pueblos, y cuando uno vuelve al pueblo se da cuenta de que ya nada es lo que era y solo le recuerda un poco su niñez ver a algun ahorcado a la ribera del rio.