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FUENTE: LA VANGUARDIA
Condenado un británico por incumplir un 'contrato' para cometer un asesinato
RAFAEL RAMOS - 18/01/2006
LONDRES
Un inglés ha sido castigado a quince meses de carcel y dos mil libras de multa (unos tres mil euros) por incumplimiento de contrato. Pero la pena habría sido mucho mas elevada en caso de haberlo cumplido, ya que se trataba nada mas y nada menos que de matar a una mujer que adquirió sus servicios para acabar con su vida.
Parece cosa de locos, y no está muy lejos de serlo. Christine Ryder, una señora de 53 años, ingresó en el hospital psiquiátrico de Gillingham (Kent) tras un intento frustrado de suicidio, y allí entabló amistad con Kevin Reeves, un paciente de 40 años a quien explicó su deseo de morir y le pidió ayuda al respecto.
Reeves, ni corto ni perezoso, le dijo que tenía contactos con la mafia del East End de Londres, y que un amigo podía encargarse de matarla de manera limpia y sin dolor alguno por cinco mil libras esterlinas (unos ocho mil euros). Christine aceptó, y ambos se pusieron de acuerdo en una fecha para la ejecución del contrato, en cuanto ambos salieran de la institución.
Pero llego el día en cuestión y nadie mató a Christine, a pesar de que Kevin había cobrado escrupulosamente el cheque por su mediación. Al cabo de un tiempo llamó a su amiga por teléfono y le contó una historia estrambótica: había tenido que matar al supuesto asesino en un ajuste de cuentas y entregado las cinco mil libras a su pobre viuda. Pero no todo estaba perdido y él mismo podía encaregarse de matarla, aunque con una tarifa más alta: diez mil libras (unos quince mil euros).
Tan ardiente era el deseo de Christine de morir que aceptó la oferta del marrullero Kevin, que una vez más se embolsó el cheque sin cumplir su parte del trato. Cuando su amiga reclamó furiosa, le explicó que atravesaba poroblemas económicos tan graves que había sido declarado en quiebra y los acreedores se habían quedado el dinero. Pero esta vez la mataría de verdad, a cambio de otras diez mil libras que se quedaron en cinco mil tras un regateo de mercadillo. Incluso se fijó la fecha (el 11 de noviembre y el método para el crimen (un disparo de pistola desde un coche cuando la victima saliera de su casa).
Pero Kevin Reeves tampoco cumplió el trato, sino que dijo a su mujer que le había tocado un pellizo en la lotería y cobrado una poliza de seguro, y con el dinero se la llevó de vacaciones a Tenerife. Esta vez Christine desistió de pedirle explicaciones o rogarle un nuevo intento de poner fin a su vida: acudió a los tribunales para denunciar el incumplimiento de contrato.
"Es uno de los casos mas surrealistas con que me he tropezado en toda mi carrera", señaló la juez Veronica Hammerton a la hora de dictar sentencia, después de que el jurado encontrase culpable a Kevin Reeves. El acusado es culpable de un engaño a todas luces premeditado, y en vista de ello debe pagar una multa y cumplir una pena de perdida de libertad. Un contrato es un contrato, aunque sea para matar.
Es una historia rocambolesca de la que resulta difícil sacar una moraleja, excepto que las obligaciones contractuales están para cumplirse por absurdas y criminals que sean, al menos en Inglaterra. Christine esta viva porque Kevin se aprovechó de ella, pero no se siente especialmente agradecida. Y Kevin tiene quince meses para meditar entre rejas sobre los negocios que hace, y darse con un canto en los dientes por no haber atendido a las demandas de su amiga. Aparte de eso, tal vez sería buena idea que ambos regresaran a la mayor brevedad possible al centro psiquiátrico de Gillingham del que, en vista de las circunstancias, nunca debieron salir.
Condenado un británico por incumplir un 'contrato' para cometer un asesinato
RAFAEL RAMOS - 18/01/2006
LONDRES
Un inglés ha sido castigado a quince meses de carcel y dos mil libras de multa (unos tres mil euros) por incumplimiento de contrato. Pero la pena habría sido mucho mas elevada en caso de haberlo cumplido, ya que se trataba nada mas y nada menos que de matar a una mujer que adquirió sus servicios para acabar con su vida.
Parece cosa de locos, y no está muy lejos de serlo. Christine Ryder, una señora de 53 años, ingresó en el hospital psiquiátrico de Gillingham (Kent) tras un intento frustrado de suicidio, y allí entabló amistad con Kevin Reeves, un paciente de 40 años a quien explicó su deseo de morir y le pidió ayuda al respecto.
Reeves, ni corto ni perezoso, le dijo que tenía contactos con la mafia del East End de Londres, y que un amigo podía encargarse de matarla de manera limpia y sin dolor alguno por cinco mil libras esterlinas (unos ocho mil euros). Christine aceptó, y ambos se pusieron de acuerdo en una fecha para la ejecución del contrato, en cuanto ambos salieran de la institución.
Pero llego el día en cuestión y nadie mató a Christine, a pesar de que Kevin había cobrado escrupulosamente el cheque por su mediación. Al cabo de un tiempo llamó a su amiga por teléfono y le contó una historia estrambótica: había tenido que matar al supuesto asesino en un ajuste de cuentas y entregado las cinco mil libras a su pobre viuda. Pero no todo estaba perdido y él mismo podía encaregarse de matarla, aunque con una tarifa más alta: diez mil libras (unos quince mil euros).
Tan ardiente era el deseo de Christine de morir que aceptó la oferta del marrullero Kevin, que una vez más se embolsó el cheque sin cumplir su parte del trato. Cuando su amiga reclamó furiosa, le explicó que atravesaba poroblemas económicos tan graves que había sido declarado en quiebra y los acreedores se habían quedado el dinero. Pero esta vez la mataría de verdad, a cambio de otras diez mil libras que se quedaron en cinco mil tras un regateo de mercadillo. Incluso se fijó la fecha (el 11 de noviembre y el método para el crimen (un disparo de pistola desde un coche cuando la victima saliera de su casa).
Pero Kevin Reeves tampoco cumplió el trato, sino que dijo a su mujer que le había tocado un pellizo en la lotería y cobrado una poliza de seguro, y con el dinero se la llevó de vacaciones a Tenerife. Esta vez Christine desistió de pedirle explicaciones o rogarle un nuevo intento de poner fin a su vida: acudió a los tribunales para denunciar el incumplimiento de contrato.
"Es uno de los casos mas surrealistas con que me he tropezado en toda mi carrera", señaló la juez Veronica Hammerton a la hora de dictar sentencia, después de que el jurado encontrase culpable a Kevin Reeves. El acusado es culpable de un engaño a todas luces premeditado, y en vista de ello debe pagar una multa y cumplir una pena de perdida de libertad. Un contrato es un contrato, aunque sea para matar.
Es una historia rocambolesca de la que resulta difícil sacar una moraleja, excepto que las obligaciones contractuales están para cumplirse por absurdas y criminals que sean, al menos en Inglaterra. Christine esta viva porque Kevin se aprovechó de ella, pero no se siente especialmente agradecida. Y Kevin tiene quince meses para meditar entre rejas sobre los negocios que hace, y darse con un canto en los dientes por no haber atendido a las demandas de su amiga. Aparte de eso, tal vez sería buena idea que ambos regresaran a la mayor brevedad possible al centro psiquiátrico de Gillingham del que, en vista de las circunstancias, nunca debieron salir.
