Aunque nadie me lo haya preguntado yo también detesto discotecas, salas de fiesta y demás masificación festiva ya en fechas normales contra ni más en Nochevieja, así que siguiendo una tradición de 3 años me iré a una pequeña aldea cuencana, sin cobertura, comercios, ni apenas habitantes con un selecto grupo de colegos y colegas y carta blanca para acabar en cualquier cama, abrevadero, pilón o banco de la plaza con el estómago del revés y jurando en hebreo tras una comida quizás frugal pero de excelente ambiente y preparada en total comunión a la vera de la chimenea.
La auténtica Navidad.