Bob_Esponja
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- 16 Feb 2006
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Buenas tardes, hamijos.
Acabo de llegar del cementerio. Como todos sabéis se acerca el día de los difuntos, que es mañana 1 de noviembre. Yo, como una tercera parte de los habitantes de mi pueblo, acudo al cementerio la víspera del día señalado a rendir homenaje a mis seres queridos, evitando así la masificación del día siguiente. Si los muertos levantaran la cabeza...
Dejando de lado que esta tradición va camino de convertirse en otra fiesta puramente comercial, si no lo es ya, os voy a comentar cómo ha ido la tarde, y lo que he visto.
Lo más chocante han sido, por supuesto, los gitanos. Hoy había tres, parecían un padre y sus dos hijos El padre y el hijo mayor, apostados en dos sillas de playa, contemplaban impávidos el nicho de su familiar. Mientras el hijo pequeño se mostraba indiferente, mirando hacia todos los lados sin parar de mover los pies. Cuando ya me iba, he oído al padre hablar por el móvil y comentaba que estaba allí con el Moreno y el Johnny. Por cierto, muy respetuosos con la demás gente, levantándose y apartando sus sillitas cuando así lo requería la ocasión. Me gustaría volver mañana sólo para ver a toda la familia en manada.
Después, he visto a una señora anciana que iba pasando por todos y cada uno de los nichos, comentando la vida y milagros de todo aquel que reposaba en ellos. Acto seguido, los tocaba y se santiguaba. No la he dejado tocar el mío, todo hay que decirlo. Que lo haga cuando yo no esté, vieja loca.
Al lado de la familia de gitanos, había dos mujeres mayores poniendo a parir a la gente que pone ramos en los nichos y sobrepasan los límites de éstos, llegando a ocultar la fotografía o parte de las inscripciones en los nichos contiguos. Lo cual les parecía una total falta de respeto.
Son curiosas las maneras que tenemos cada uno de velar a nuestros difuntos. La nuestra no va más allá de cambiar el ramo de flores, adecentar un poco la lápida y barrer un poco las hojas y flores muertas, tras lo cual uno se despide de la gente que allí está con un "qué vamos a hacer...".
Sirva esto como homenaje a todos los difuntos. A vosotros ya os tocará, hijos de perra.
Mientras tanto, observad los estragos del tiempo, muahahahaha.
Sentíos libres, hamijos míos, de compartir vuestras experiencias y anécdotas acaecidas en el camposanto.
Acabo de llegar del cementerio. Como todos sabéis se acerca el día de los difuntos, que es mañana 1 de noviembre. Yo, como una tercera parte de los habitantes de mi pueblo, acudo al cementerio la víspera del día señalado a rendir homenaje a mis seres queridos, evitando así la masificación del día siguiente. Si los muertos levantaran la cabeza...
Dejando de lado que esta tradición va camino de convertirse en otra fiesta puramente comercial, si no lo es ya, os voy a comentar cómo ha ido la tarde, y lo que he visto.
Lo más chocante han sido, por supuesto, los gitanos. Hoy había tres, parecían un padre y sus dos hijos El padre y el hijo mayor, apostados en dos sillas de playa, contemplaban impávidos el nicho de su familiar. Mientras el hijo pequeño se mostraba indiferente, mirando hacia todos los lados sin parar de mover los pies. Cuando ya me iba, he oído al padre hablar por el móvil y comentaba que estaba allí con el Moreno y el Johnny. Por cierto, muy respetuosos con la demás gente, levantándose y apartando sus sillitas cuando así lo requería la ocasión. Me gustaría volver mañana sólo para ver a toda la familia en manada.
Después, he visto a una señora anciana que iba pasando por todos y cada uno de los nichos, comentando la vida y milagros de todo aquel que reposaba en ellos. Acto seguido, los tocaba y se santiguaba. No la he dejado tocar el mío, todo hay que decirlo. Que lo haga cuando yo no esté, vieja loca.
Al lado de la familia de gitanos, había dos mujeres mayores poniendo a parir a la gente que pone ramos en los nichos y sobrepasan los límites de éstos, llegando a ocultar la fotografía o parte de las inscripciones en los nichos contiguos. Lo cual les parecía una total falta de respeto.
Son curiosas las maneras que tenemos cada uno de velar a nuestros difuntos. La nuestra no va más allá de cambiar el ramo de flores, adecentar un poco la lápida y barrer un poco las hojas y flores muertas, tras lo cual uno se despide de la gente que allí está con un "qué vamos a hacer...".
Sirva esto como homenaje a todos los difuntos. A vosotros ya os tocará, hijos de perra.
Mientras tanto, observad los estragos del tiempo, muahahahaha.
Sentíos libres, hamijos míos, de compartir vuestras experiencias y anécdotas acaecidas en el camposanto.