No hay pruebas contra Marta pero sí ensañamiento
Marta Domínguez fue absuelta ayer del último cargo que se le imputaba. La juez concluyó que tampoco hay delito fiscal en las actividades económicas de la atleta palentina. Los 11 meses que ha vivido bajo sospecha han terminado en las instancias jurídicas pero es irreparable el daño moral sufrido y el escarnio al que se ha visto sometida durante todo este tiempo. Primero fue encausada por suministrar y administrar sustancias dopantes y, posteriormente, por fraude fiscal.
En el primer caso, las pruebas e imputaciones se desmoronaron como un castillo de naipes y dejaron a Marta libre de toda sospecha en julio. Su grave delito fue facilitar un medicamento a uno de sus compañeros de entrenamiento para que se tratase una lesión. Ni siquiera estaba en la lista de sustancias prohibidas.
Sólo unos meses después, no se ha podido probar tampoco irregularidad alguna en su actividad económica. Las cantidades supuestamente evadidas eran premios cobrados en el extranjero por la participación en diversas pruebas atléticas.
Lo que cabe deducir de los 6.000 folios del sumario es que Marta Domínguez ha sido sometida a un auténtico ensañamiento, a una auténtica persecución. El valor de las acusaciones era tan pobre, la solidez de los argumentos era tan liviana, que nunca debieron formar parte de los cargos que se le imputaban. En alguna de las instancias judiciales tuvo que pararse una bola que cada vez se iba haciendo más grande pese a que, con las pruebas en la mano, ya podía deducirse que la acusación no iría a ninguna parte. A Marta se le podía -y se le debía- haber ahorrado el encono con el que fue juzgada.Al menos, la atleta podrá mantener su mente despejada para preparar los Juegos Olímpicos de Londres. La absolución judicial y su enorme carisma deberían ser suficiente argumento para que la afición española la ayude a pasar la página más amarga de su vida.